Vamos a ver. Yo a lo largo de mi vida he tenido mis manías y también mis paranoias. Estaría bueno que no las hubiera tenido. No soy ningún santurrón que haya bajado del cielo, ni un angelito dotado de dos hermosas alas blancas. Por ejemplo, nunca he soportado al cutre, al tacaño, al que decía que no tenía pasta para pagar una ronda de lo que fuera y cuando el resto ya lo había hecho. Y digo cuando el resto ya lo había hecho y porque antes de decir ellos que no tenían pasta (que la tenían), intentaban ponerse de perfil y como si allí no estuvieran y eso lo hacían por si colaba la cosa y para que no sé descubriera que eran unos putos tacaños de mierda. Que al final, tanto paripé y tanto disimulo, realmente no les servía de nada y porque sino se les descubría al primer día, como mucho sería al segundo. Y porque uno es tonto pero no lo es tanto. Después de descubrirlos ya quedaban señalados para siempre y entonces se le hacía pagar en las primeras rondas. Pero eso sí, siempre y siempre lo intentaban y si el grupo de personas era más numeroso que de costumbre, intentaban camuflarse de invisibles entre el gentío. Éste mismo tipo de personas, era con las que ibas a desayunar a una cafetería y como de aquellas éramos estudiantes que andábamos por la vida a dos velas, pues nuestro desayuno consistía en tomarse un café con leche y ya se acabó el desayuno. Pero yo hablo cuando ibamos 3 o 4 a lo sumo y de repente se levantaban ellos primero y se ponían en fila india y para que cada uno se pagara su respectivo café con leche. Y yo era de los que pensaba, que como iríamos muchas veces más a desayunar y por tanto, que cada uno fuera pagando una ronda de 3 o 4 cafés. Pero para ellos o sea para esos profesionales del no pagar nada, observaban que los demás iban pagando rondas y cuando les iba a tocar a ellos, de repente se ponían enfermos y para ver si así podían colar. Y aquí hay una cosa muy clara, si tú escaqueas todo lo que puedes y más, al final tendrás más pasta que los demás. Pero claro, ellos nunca la llevaban encima y porque se habían cambiado de pantalones o porque se dejaron la cartera sobre la mesilla de noche o en la encimera de la cocina. Seguro que la cartera llevaría allí meses y meses y hasta puede que años. Menuda miseria tenían encima. Y yo me preguntaba ¿y como se puede vivir así? y con toda esa angustia vital y sin poder relajarte nunca y siempre pensando en como escaquearte de ésta y de la siguiente y al mismo tiempo, como quedar bien con los demás y ¿como se puede tener el 90% del cerebro ocupado con esas mierdas?. Y eso debía agotar mucho. Aunque yo me supongo que su principal aliciente en ésta vida de perros que era para ellos, sería por ejemplo, tomarse una ronda de 10 vinos sin haber pagado ni uno y que lo primero que harían al llegar a su casa, sería contar el dinero que se habían ahorrado y de nuevo, se pondrían a contar toda la pasta que de ésta manera se habían robado. Eran y son alimañas de la pasta gansa y nunca darían la vida por sus hijos, pero por la pasta sí la darían.
Pero claro, esto no sólo me ocurrió en mis épocas de estudiante y cuando no teníamos ni un penique en el bolsillo ni en ningún sitio. También me pasó y varias veces, en distintos lugares donde trabajé. Dicen que vayas por donde vayas, siempre habrá una oveja negra que te pondrá de los nervios. Pues sí, me pasó con gente de mi curre, también con otra gente con mucha más pasta y que además iban de sobrados y con un buga que te cagas y con un pedazo chalet que era para cagarte dos veces más o embuchados en un traje de Armani y porque ellos iban sobrados de pasta, pero a la hora de pagar una ronda de birras y justo en ese momento, se tenían que ir al baño. Y una vez puede pasar, pero 3 o 4 veces más, ya sería declarado como pájaro que precisamente no está declarado como si estuviera en período de extinción. Hay muchos más de lo que nos pensamos. Y ahora me estaba acordando de uno, de un médico que trabajó conmigo y que se ha muerto hace poco (pero que se haya muerto hace poco, no quita peso a que fuera un verdadero cutre y aváro de mierda), y era un auténtico especialista en dejarse el dinero en casa y claro las primera veces caías en su puta trampa y porque aún no lo conocías del todo, pero a la tercera vez que me lo hizo, el tema se resolvió fácilmente y dejé de ir a desayunar con él y santas pascuas. Pues el menda era uno de esos médicos que le salía la pasta por las orejas y porque de los 30 días que tiene un mes, trabajaba los 30 días y con sus 30 noches. Y una nómina de él, era como la mía, pero multiplicada por 5 y además, era de esos tipos al que le encantaba pasar su puta nómina por delante de mis narices y para que me pudriera de envidia. O sea que el tener más pasta o no, no cura a éste tipo de gente. Y claro que hay millones de cosas que tienen cura, pero ésta os puedo jurar, que no la tiene. Y es más, hasta puedo asegurar que han nacido cutres y se morirán más cutres.

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