Y ahora somos ese futuro
del que tanto hablábamos
cuando éramos jóvenes
cuando pensábamos que la vejez
pertenecía a otros
a otros mundos
a otros tiempos
y otras dimensiones.
En el fondo éramos cobardes
huíamos de todo lo viejo
de su olor a casa cerrada y mal ventilada
de su sabor rancio
de su color cétreo
de su piel de pergamino
de sus sabios consejos
de su risa sin dentadura
de lo asustados que están sus ojos
de su mirada que lo ha visto todo
de hijo mío
no te creas todo lo que te dicen
y a mí me queda muy poco
pero no te creas que a tí te queda tanto.

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