DESPEDIDAS DE JUBILACIÓN


 Y hoy leyendo esas cosas entre otras muchas otras que se leen por la simple razón de ponerse al día, me encontré con unas fotos de una celebración por la jubilación de una compañera de trabajo o sea de una médica del servicio de emergencias del 061 de Baleares y que yo no conozco personalmente y porque trabaja en otra isla distinta a la mía, aunque oí hablar muy bien de ella a algún compañero del trabajo de esos que te fías hasta los topes y que por él, pondrías la mano en el fuego y  porque es fiable al cien por cien como profesional y como persona y por tanto y sin conocerla personalmente, de manera indirecta también yo me fío de ella. Y como yo me jubilé hace exactamente 9 meses y como si fuera un embarazo y como celebré mi despedida de trabajo hará unos 5 meses, se me cruzaron datos entre mi despedida y la de ella. Y no para comparar en nada y porque yo sintiera envidia hacia ella o que fuera al revés. No puedo sentir envidia de algo que por mi parte nunca tuve ganas de celebrar. Y es que no sé si me explico muy bien, pero voy a intentarlo. Yo me jubilé oficialmente a los 69 años y medio, pero creo que yo me sentía jubilado desde 5 años antes y justo a la edad que tocaba, a los 65 años y tal y como viene reflejado en la ley. Pero por otras necesidades que al 99% eran económicas y a consecuencia de haber tomado unas malas decisiones en ese campo, tuve que seguir trabajando y lo hice lo mejor que pude, pero es que al final, no podía más y me tuve que jubilar así o sí. Porque mi cuerpo ya no estaba para grandes fiestas, ni para tumbarse en el suelo de un coche o de una carretera regada por aceite y gasolina y para atender a un herido o a varios, ni para apoyar en el asfalto una de tus rodillas más de dos minutos, ni para que te llamaran varias veces por la noche y hasta sentirte peor que el paciente al que ibas a atender. A veces iba tan echo polvo que ante ese típico aviso que era más bien una paparrucha descafeinada y porque el pobre viejo o vieja, se sentía más desamparado que otra cosa y sobre todo debido a su inmensa soledad y hasta me entraban ganas de decirle, pues hágame un sitio en su cama y usted cura su soledad durante unas horas y yo curo mi falta de sueño. Pero al final siempre tenía que usar el principal argumento del porqué tenía que seguir trabajando, la pasta. La puta pasta de los cojones. Y mira que si no me cagué miles de veces, fue porque fueron millones de veces las que me cagué en mí y en todos mis antepasados y por haber pedido un crédito hipotecario demasiado tardío y que podía pagar bien con mi nómina de médico en activo, pero no con mi sueldo de jubilado.

Y a los dos años o sea, a los 67 años se empezaron a reproducir mis achaques viejunos y baja laboral por Bursitis o por Lumbociática o porque se me hinchaban los huevos y porque no era edad para seguir trabajando en éste tipo de trabajo. Y porque éste trabajo requiere tener un cierto tono físico, además del mental, claro. De mi tono mental, no me quejaba, pero el plano físico me pesaba como una losa de granito sobre mis espaldas. Y eso que me obligaba a ir al gimnasio y jugar al pádel, que para mí era mucho más agradecido jugar al pádel que ir al gimnasio y varias veces a la semana y para mantener un buen tono muslcular. Y estoy convencido que gracias al pádel y a la gimnasia pude aguantar hasta que me jubilé. Cuando por fin me jubilé, ya llevaba cuatro meses de baja por una ciática incurable y que a lo mejor hubiera prorrogado la baja laboral si me hubieran aplicado el mismo tratamiento que usa el Julito Iglesias y porque estoy seguro que a base de besos "negros" en el ano, se me hubiera curado la ciática y de paso muchas cosas más.

Pero volviendo al principio del tema por el que había empezado éste escrito. Y entonces ví las fotos de la despedida de jubilación de mi compañera y me fijé en dos cosas. Una, había menos de 20 personas en esa fiesta y eso me pareció demasiado pobre y quizás algo triste y después de más de 30 años de trabajo en ésta empresa pública, me reafirmo en esa sensación de una despedida que me resultó ser demasiado pobre. Y segunda cosa, la cara de ella era demasiado neutra, poco expresiva, demasiado calmada, poco emotiva y un tanto inexpresiva y creo que por dentro y tal y como me pasó a mí, deseando que se acabara esa fiesta que en principio estaba dedicada a tí. Al fin y al cabo, la mayoría de los asistentes que allí estaban, al día siguiente volverían a su trabajo y bueno sí, el primer día te echarían de menos, pero a la semana siguiente, casi nadie te echaría de menos. Y así es la vida de dura y porque socialmente si ya no eres activo laboralmente, dicen que te vas volviendo transparente. Y es verdad, que eso pasa y poco a poco nos vamos convirtiendo en seres invisibles y nadie nos ve, ni nadie nos mira y si uno de ellos tropieza con un viejo jubilado, va y te dice ¡Joder viejo! pónte en un lugar donde no molestes a los que estamos currando. 











 

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