Yo sé que algún día de estos
yo mismo
repasaré y pediré cuentas
me haré justicia a mi mismo
y sé que por fin seré condenado.
A éstas alturas de mi vida
nada me asusta
salvo la muerte, claro
y el posible sufrimiento que me lleve hasta ella,
pero salvo esas dos cosas
no le temo a nada ni a nadie.
Y no es porque me sienta un valiente
porque no lo soy
y segundo, no soy un hombre de palabra
ni una persona de principios.
Antes lo era
pero ahora, no lo soy.
Creo que en una mañana de sol otoñal
y dando un paseo por el pueblo
alguien se me acercó y me dijo
¿necesitas dinero?
y yo le dije, pues claro que lo necesito
y él me respondió
¿tienes algo de valor?
¡hombre!... le dije
tengo una casa en la que vivo pero está hipotecada
tengo el 75% pagado a un puto banco de mierda
y un coche que empieza su decadencia
¡ah! y todo lo que he escrito
que tiene más valor moral que valor económico
y después están mis principios que siguen en pie
aunque por el camino he vendido algunos
pero más tarde acabé recuperándolos
y ahora viven en mi casa conmigo y con mis fantasmas.
Pues te los compro y a un muy buen precio
o por lo menos véndeme una parte de ellos
y por el 50% de tus principios
te doy todo éste montón de pasta
y hasta que te mueras podrás vivir holgadamente
y en ese momento se hizo el silencio
y después de un rato, le dije
para lo que me queda en el convento me cago dentro
y entonces, voy aceptar su oferta.
Claro que nada de esto, es cierto
mi palabra es sagrada
a pesar que alguna veces ha sido mentirosa
y sin principios no soy nadie
y sin ideales tampoco
y sé que moriré mirando a los ojos
de los que me rodean
en el lecho de mi muerte
y sólo con mirarles a los ojos
no hará falta decir nada.
Yo lo único que pido y que deseo
que no le falte de nada a mi hijo pequeño
( es Sindrome de Down)
que sus hermanos lo quieran y lo protejan
y por supuesto,
que lo cuiden con mucho cariño.
¡Ah! y aparte
quiero que me entierren
en un cementerio con vistas al mar
y donde yo pueda ver y escuchar el mar.
Claro que eso lo digo ahora
porque una vez que esté muerto
me dará igual que me incineren
o que me entierren bajo dos metros de tierra
y lo de las vistas al mar
ya me encargaré yo de hacerlo
en mi próxima vida.
Y esto hay que tenerlo muy claro
y uno se muere
y siempre le quedará algo pendiente.

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