EDUARDO GALEANO


 De los topos, aprendimos a hacer túneles.
De los castores, aprendimos a hacer diques.
De los pájaros, aprendimos a hacer casas.
De las arañas, aprendimos a tejer.
Del tronco que rodaba cuesta abajo, aprendimos la rueda.
Del tronco que flotaba a la deriva,
aprendimos la nave.
Del viento, aprendimos la vela.
¿Quién nos habrá enseñado las malas mañas?
¿De quién aprendimos a atormentar al prójimo y a humillar al mundo?.

DIGO YO...

En el recuerdo
nos quedarán las tardes del mes de abril
tardes largas confinadas entre los muros de mi casa
que por muros no será,
tienen 120 años y están más derechos que yo,
claro que su grosor es de muralla medieval fortificada,
y cuántas veces me habré preguntado,
¿cuánto sabrán éstas paredes?
han pasado familias y de distinta estirpe y condición,
han pasado sus dueños originales
han pasado guiris queriendo hacer
un hotelillo de poca monta,
un guesthouse
(un hotelillo familiar entre lo cutre y lo siguiente)
y ahora, su único habitante soy yo,
y por éste confinamiento que estamos sufriendo,
tengo a dos de mis hijos conmigo
e igualmente la casa sigue siendo grande e inmensa,
parezco un conde decadente y solitario en medio de su castillo,
pero bueno y como dice el otro,
así me entretengo
y tengo para subir y bajar escaleras muchas veces
y cambiar de decorado otro montón de veces,
nunca sobra nada cuando todo te gusta,
"mi casa" como decía ET mientras señalaba el cielo,
y yo digo "mi casa" sin señalar a nadie,
porque estoy en ella
y en tal caso señalo igualmente al cielo,
pero porque me gusta su vestido azul de hoy
y después me encantó su traje de noche,
con sus estrellas brillantes y rutilantes
con su Luna alucinante.
Y entre millones de individuos
que pululan por el universo
aquí estoy yo y metido en mi casa,
enterrado vivo bajo estos poderosos muros,
y hoy está tan hermoso el día,
que me estremezco con su luz nítida e intensa,
sol limpio y casi sin partículas de polen en el ambiente
claridad bestial y de que casi hace daño,
luminosidad en su grado máximo,
colores más vivos que nunca,
la calle tranquila y sosegada,
el gato del vecino maúlla en el silencio de la tarde,
las voces se hacen mudas,
no hay coches,
no hay motos,
no hay ruído de máquinas infernales,
y sino fuera por tantos muertos que ha habido,
yo me preguntaría
si esto no está en el paraíso
digo yo... que está muy cerca.

EDUARDO GALEANO

  De los topos, aprendimos a hacer túneles. De los castores, aprendimos a hacer diques. De los pájaros, aprendimos a hacer casas. De las ara...