Me encanta esta foto. Un tiovivo en medio del granito de la "Praza da Quintana" (Santiago de Compostela). En ésta ciudad estudié y pasé de 9 a 10 años y desxpués estuve un millón de veces en esta preciosa plaza compostelana. Creo recordar que dada vez que fuí a Santiago nunca falle a la cita con mi querida praza. Si agudizáis mucho la vista, me veréis sentado al fondo a la derecha sobre un escalón de piedra (es broma, pero podía ser cierto y porque en esa zona me senté tantas veces que en mi honor podían poner una estatua, por supuesto de piedra de granito). Y eso que le tengo tírria a las estatuas y por eso no las soporto. A la izquierda está la Catedral de Santiago, siempre hermosa, bella y alucinante. En los buenos días de sol otoñal y primaveral, las escaleras que véis al fondo se llenaban de estudiantes bulliciosos (entre ellos, yo), nos poníamos a charlar como lagartos al sol que más calienta (que en Santiago no calentaba todos los días), mientras iba transcurriendo la tarde o la mañana a ritmo suave y lento y sin que importara mucho que pasara el tiempo y porque si estabas y te encontrabas bien y a gusto, lo que importa es que el tiempo no pase.
La acústica de ésta plaza era cuando menos que acojonante y un buen concierto en directo en ella, resonaba a música divina y celestial. Cuantas conversaciones, risas, abrazos, besos, retendrán éstas ancestrales piedras de abigarrado granito. Y vuelvo a mirar ésta foto y no me pongo a llorar de nostalgia y a la vez de alegría....porque después me tendría que secar las lágrimas con los dedos. Y eso no me apetece. Prefiero sorber los mocos...y alucinar con la foto.

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