Al principio de tu vida
lo quieres todo,
todo para ti
y porque así te lo habían dicho
y porque así te habían educado
y para que algún día lo tuvieras todo.
Y si ahora mismo no puedes con todo,
te decían
no te preocupes por eso
tienes todo el tiempo del mundo
y toda la vida por delante.
Más adelante
vas aprendiendo que no lo puedes tener todo
y entonces bajas un escalón en tus pretensiones
y si no puedo tener todo
pues podré conseguir una buena parte del todo
y esa es la primera rebaja de tu vida
y entonces, te conformas con una buena parte.
Años después
te das cuenta que ese todo no es el tuyo
y que has heredado el de tus padres o educadores
y entonces, tienes que fabricar de nuevo ese todo
y que no esté contaminado por los adultos
que solo decían imbecilidades
y por eso acabas cogiendo distancia con ellos.
Al fin, construyes tu nuevo todo
le insuflas ideales y les soplas en las alas y los pones a volar
mientras el amor florece por las verdes praderas
y añades al maravilloso al amor entre tus ideales.
Más tarde
te vas a estudiar a la Universidad
y entonces te haces un hombre libre
y además te enamoras del mundo
y eso renueva más tu energía vital
y luchas como un jabato
y te exiges que los demás te entiendan,
pero pocos te entenderán
y además no están dispuestos a dejarse el alma por ese algo
que ya no tienes tan claro, que coño es
y ya no te siguen como antes
y empiezan sus dudas
y un poco más tarde
empezarán las tuyas
y porque los ideales de ahora
no son los mismos que los de antes
ahora están mucho más sucios,
más desgastados y mucho menos iluminados.
Al poco, te has bajado de la burra
y vendrían tiempos confusos
no sabes lo que quieres hacer
y a tu alrededor va pasando lo mismo
de alguna manera,
todos habíamos acabado descabezados
y a falta de una solución colectiva
cada uno se iría buscando la vida como mejor podía.
En mi caso me metí en la noche, drogas, sexo y rock can roll
y acumulando desilusiones y malos rollos a la velocidad del
sonido de la música de la noche.
Y pasada ésta época siniestra
me centré en mi trabajo y trabajé como un endemoniado.
Después me casé felizmente y tuvimos tres hijos
tres retoños preciosos
y ahí si que aprendí a valorar el tiempo
o a valorarlo de otra forma
y porque tres hijos seguidos te dejan exhausto y medio muerto
(desde luego más a su madre, que a mí)
y al día siguiente había que volver al tajo
y eso un día tras otro y mes a mes y año tras año.
Pero digámoslo muy claro
fue una de las etapas más felices de mi vida
la número uno...
y con sinceridad nunca a lo largo de mi vida
había pensado que ser padre fuera el culmen de mi existencia.
Después, mi hijos fueron creciendo
y a mí me quedaba menos tiempo
para convertirme en un viejo decrépito
y ahora mismo, ya lo soy
y lo soy totalmente
pero de momento mis facultades mentales
siguen intactas
y en el esplendor de su funcionamiento.

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