Y si tú ahora me dijeras
¡que eres feliz!
pues lo primero que haría
sería felicitarte y porque algo o mucho ha cambiado en tu vida
y ese sería un motivo más que suficiente para felicitarte
y además, declararse feliz no es cualquier cosa,
es cosa grande, inmensa y tan bonita como antigüamente se
decía
¡que verde está mi valle!
y el tío que lo decía se quedaba tan contento y tan feliz de la vida
y nada más decirlo se iba adentrando en su valle
y hasta que acababa desapareciendo tras su cortina verde
de plantas trepadoras.
De primera intención haría eso.
Y pasado un cierto tiempo y ya estaríamos hablando de
segunda intención
me empezaría a preguntar
¿que es la felicidad?
¿y es tu felicidad igual que la mía?
¿y como se puede medir?
y porque todos conocemos casos
en que una persona se declara como feliz
y cuando en realidad le faltan tres cuartos de cerebro
pero tú no quieres ser el aguafiestas que se lo va a decir
y además, porque si así es feliz
que coño nos cuesta dejar que siga con esa idea.
Por otro lado estamos los que lo complicamos todo
y vemos a la felicidad como si estuviera en una nube de verano
está allí en lo alto rodeada de azul cielo
vaporosa de tacto
húmeda de consistencia
blanca por fuera
y por dentro puede pasar del blanco al negro en un minuto
y con el negro se pondrá a llover
y hasta que de una vez por todas
se la acabará llevando el viento.
La felicidad es una cosa más divina que humana,
no tiene raíces en la tierra
no trepa por los sentimientos
pero se muda de piel muy fácilmente
y por eso un día te dice, que entres
y al día siguiente te dice, vete
es un poco veleta
y por eso depende y mucho
de donde sople el viento.
Y yo soy viento del norte
y a la felicidad me la llevaré conmigo
y además aclaro
que no la compartiré con nadie.
Y si tú ahora me dijeras
¡que eres feliz!
pues lo primero que haría
sería felicitarte y porque algo o mucho ha cambiado en tu vida
y ese sería un motivo más suficiente para felicitarte
y además, declararse feliz no es cualquier cosa,
es cosa grande, inmensa y tan bonita como antigüamente se
decía
¡que verde está mi valle!
y el tío que decía se quedaba tan contento y feliz de la vida
y nada más decirlo se iba adentrando en su valle
y hasta que acababa desapareciendo tras su cortina verde.
De primera intención haría eso.
Y pasado un cierto tiempo y ya estaríamos hablando de
segunda intención
me empezaría a preguntar
¿que es la felicidad?
¿y es tu felicidad igual que la mía?
¿y como se puede medir?
y porque todos conocemos casos
en que una persona se declara como feliz
y cuando en realidad le faltan tres cuartos de cerebro
pero tú no quieres ser el aguafiestas que se lo va a decir
y además, porque si así es feliz
que coño nos cuesta dejar que siga con esa idea.
Por otro lado estamos los que lo complicamos todo
y vemos a la felicidad como si estuviera en una nube de verano
está allí en lo alto rodeada de azul cielo
vaporosa de tacto
húmeda de consistencia
blanca por fuera
y por dentro puede pasar del blanco al negro en un minuto
y con el negro se pondrá a llover
y hasta que de una vez por todas
se la acabará llevando el viento.
La felicidad es una cosa más divina que humana,
no tiene raíces en la tierra
no trepa por los sentimientos
pero
se muda de piel muy fácilmente
y por eso un día te dice, que entres
y al día siguiente te dice, que te vayas
es un poco veleta
y por eso depende y mucho
de donde sople el viento.
Y yo soy viento del norte
y a la felicidad me la llevaré conmigo.

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