"Comprendo a los hinchas argentinos que, entre estupefactos y airados, gritaban ante las cámaras de la tele que España les había robado el partido. A mí, ya lo he denunciado en otras ocasiones, vienen robándome el Nobel de Física desde hace años. En cuanto al de Literatura, me lo quitaron de manera simbólica al negárselo a Virginia Woolf, Borges, Kafka, Tólstoi, Joyce, Proust, etcétera. Es una basura, no lo quiero. Aspiro además a obtener premios que no merezca porque los que merezco son todos una mierda. En Amadeus, la película de Milos Forman, me identifiqué con el reflexivo y sensato Salieri, a quien Dios, inexplicablemente, negó el talento musical que regaló al idiota de Mozart. A dónde vamos a parar.
Al ganar ese Mundial, que España estaba destinada a perder, se le hizo un feo insoportable a Leo Messi, pobre, que se jubilaba ese día aciago. Hasta el inmortal Maradona, que consiguió en vida una bula para meter goles con la mano, debió de revolverse en su tumba al ver esa jugada tan sucia del destino encarnada en las malas artes españolas. No me interesa el fútbol, pero me preocupan los delirios nacionalistas y los desórdenes geoestratégicos que puede suscitar. Ustedes, Pedro Sánchez y Felipe VI, sigan provocando al eje Milei-Trump (al que, por cierto, le birlaron también el Nobel de la Paz), y en una de esas toman el palacio de la Zarzuela y secuestran al Rey como secuestraron a Maduro. Mejor pidan disculpas.
Me llamó la atención, por cierto, la habilidad diabólica del árbitro para fingir que iba con Argentina cuando no dejó de favorecer a España. ¡Qué prodigio de maldad, de disimulo, de perfidia! Imposible sospechar de un sujeto con esas artes, a menos que seas un perspicaz hincha argentino. Ahora solo cabe esperar que Trump ordene a Infantino, que cambie el resultado, como le ordenó destruir aquella tarjeta roja, y se haga al fin justicia. Así descansaremos aquí también, porque tanta celebración agota."
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