EN REALIDAD Y POCO A POCO...


 En realidad y poco a poco 

voy perdiendo la sensibilidad más fina

y no sé muy bien

si son tus dedos los que me acarician

y si son tus besos los que recorren mi cuello

que tampoco digo, que no lo sean

y esa es mi primera duda

sin son tuyos o no lo son

o yo me hago creer que lo son

y porque me gusta ponerle cara a la otra persona

y porque en mi concepto de amor

entra su cara, entra su cuerpo

entra sus bellas palabras

entran sus pensamientos

y en fin, entra su cuerpo y su alma entera.

Y me encanta sentir su cuerpo pegado a mi espalda

y escuchar el murmullo de sus respiraciones

y el susurro que producen sus sentimientos

y como me abraza y como me acaricia el alma

y como me deja sobrecogido.

Para enamorarme de alguien

me tiene que gustar todo de la otra persona

desde sus movimientos y aspavientos

desde sus gestos y miedos

desde sus sonrisas y risas

desde como se expresa y habla

desde como ella te mira y siente la vida

desde el olor que emana su cuerpo

desde sus respiraciones y hasta de como mastica y bebe

desde su delicadeza hasta como siente la tristeza

o como manifiesta su alegría.

Pero si algo me ha demostrado la vida

es que nada de esto, es cierto

y uno se enamora porque sí 

y de alguien

que no entra en ese esquema

y porque cuando te enamoras

no hay esquema que valga.















YOLANDA CASTAÑO. "Iceberg"

 

Cómo mirar de nuevo
si aun cuando me froto los ojos
me salen a veces los tuyos.

La mandíbula del horizonte se llena como un vaso.

Crecer fue ir por ti
y volver más tarde por mí misma.

Un pez oscuro visitaba nuestra casa,
nosotros nunca llegamos a verlo.
Tú lo cocías y comías por las noches
y al día siguiente solo quedaban raspas.
Arpas de madreperla de las que arrancábamos notas.

Me aprendiste de memoria
y si me expulso de mí tu casa siempre está abierta.

Tus labios no se me ven porque los llevo maquillados.
A veces me los perfilo con colores infrecuentes
para que no se les puedan escuchar las mismas cosas.
Siete octavos, permafrost.
Me eres en el silencio compacto del subsuelo.

Una linterna alumbrando
de mí hacia mí todas las idas y venidas.

Y por eso, cómo apoyar los pies
si se fundiese lo invisible.
Cómo del hilo que arranco
tejer un nuevo relato.

Siete octavos, permafrost, mamá.

Mi aliento tiene que ver contigo
como esta voz y el lenguaje.




















ISABEL ALLENDE


 

PRINCIPIOS Y FINALES


 Yo sé que algún día de estos

yo mismo

repasaré y pediré cuentas

me haré justicia a mi mismo

y sé que por fin seré condenado.

A éstas alturas de mi vida

nada me asusta

salvo la muerte, claro

y el posible sufrimiento que me lleve hasta ella,

pero salvo esas dos cosas

no le temo a nada ni a nadie.

Y no es porque me sienta un valiente

porque no lo soy

y segundo, no soy un hombre de palabra

ni una persona de principios. 

Antes lo era

pero ahora, no lo soy. 

Creo que en una mañana de sol otoñal

y dando un paseo por el pueblo

alguien se me acercó y me dijo

¿necesitas dinero?

y yo le dije, pues claro que lo necesito

y él me respondió

¿tienes algo de valor?

¡hombre!... le dije

tengo una casa en la que vivo pero está hipotecada

tengo el 75% pagado a un puto banco de mierda

y un coche que empieza su decadencia

¡ah! y todo lo que he escrito

que tiene más valor moral que valor económico

y después están mis principios que siguen en pie

aunque por el camino he vendido algunos

pero más tarde acabé recuperándolos

y ahora viven en mi casa conmigo y con mis fantasmas.

Pues te los compro y a un muy buen precio

o por lo menos véndeme una parte de ellos

y por el 50% de tus principios

te doy todo éste montón de pasta

y hasta que te mueras podrás vivir holgadamente

y en ese momento se hizo el silencio

y después de un rato, le dije

para lo que me queda en el convento me cago dentro

y entonces, voy aceptar su oferta.

Claro que nada de esto, es cierto

mi palabra es sagrada

a pesar que alguna veces ha sido mentirosa

y sin principios no soy nadie

y sin ideales tampoco

y sé que moriré mirando a los ojos 

de los que me rodean

en el lecho de mi muerte

y sólo con mirarles a los ojos

no hará falta decir nada.

Yo lo único que pido y que deseo

que no le falte de nada a mi hijo pequeño

( es Sindrome de Down)

que sus hermanos lo quieran y lo protejan

y por supuesto, 

que lo cuiden con mucho cariño.

¡Ah! y aparte

quiero que me entierren 

en un cementerio con vistas al mar

y donde yo pueda ver y escuchar el mar.

Claro que eso lo digo ahora

porque una vez que esté muerto

me dará igual que me incineren

o que me entierren bajo dos metros de tierra

y lo de las vistas al mar

ya me encargaré yo de hacerlo

en mi próxima vida.

Y esto hay que tenerlo muy claro

y uno se muere

y siempre le quedará algo pendiente.














"SOY POSITIVO PORQUE SINO NO SOBREVIVO EN ÉSTE MUNDO DE MIERDA"

He nacido en tantos sitios que hasta hay veces en que me olvido de algunos. En cada sitio en donde he vivido he nacido de nuevo. O esa era m...