Anais Nin


 "Si no hubiera creado mi propio mundo, hubiera muerto en el otro".

JOSÉ SARAMAGO


 

AL CABO...


 Al cabo y si no pasa nada raro

todo se reduce a las manos

al poder de mis manos

a mis manos que a veces se fugaron

y moldearon cuerpos y caras

y escribieron y pasaron página

y todo para buscar el sentido tiene todo esto

y volvieron vacías 

y porque esto que vivimos no tiene mucho sentido

y lo puedo decir yo

que llevo viviendo 70 años

que he visto de todo

que he pasado por tantos decorados

y tan distintos y tan complejos

que debía sentirme un hombre sabio

y porque nada me sorprende

ni me coge desprevenido.

Tengo mis manos que valen para todo

y muevo mis dedos

y sé que mis manos

algo me estarán diciendo.











MI FUTURO ES EL DÍA A DÍA


 Llevas tantos años imaginándome

que ahora me ves

y no serías capaz de ver como soy ahora

y me verás de nuevo como tú te habías imaginado

no seré más viejo que antes

bueno sí, un poco 

y porque es imposible ocultar el paso de los años

pero tu hermosa visión de mí

me quitaría arrugas y me pondría pelo

y haría que mis ojos sean tan verdes como antes lo eran

y mi risa volvería a ser la de un tío iluminado

y que irradiaba vida a cada paso que daba.

Ahora irradio menos que antes

no deslumbro tanto

no me subo a la parra a la primera de cambio

voy más lento y más despacio

mido y cuento los pasos

pero lo hago de día en día

y porque 

¿coño sé que me pasará la siguiente semana?.

Y ese es mi futuro, 

el día a día

y veremos si llego a la noche.

Más allá no veo nada

ni la próxima semana 

ni el mes siguiente

ni el año que viene.













 Llevas tantos años imaginándome

que ahora me ves

y no serás capaz de ver como soy ahora

y me verás de nuevo como tú te habías imaginado

no seré más viejo que antes

bueno sí, un poco 

y porque es imposible ocultar el paso de los años

pero tu hermosa visión de mí

me quitará arrugas y me pondrá pelo

y hará que mis ojos sean tan verdes como lo eran antes

y mi risa volverá a ser la de un tío iluminado

y que irradia vida a cada paso.

Ahora irradio menos que antes

no deslumbro tanto

no me subo a la parra a la primera de cambio

voy más lento y más despacio

mido y cuento los pasos

pero lo hago de día en día

y porque 

¿coño sé que me pasará la siguiente semana?.

Y ese es mi futuro, 

el día a día

y veremos si llego a la noche.

Más allá no veo nada

ni la próxima semana 

ni el mes siguiente

ni el año que viene.

NO TE OLVIDES DE MÍ


 No te olvides de mí.

Yo sigo aquí.

Y no estoy a la espera de nada ni de nadie

tenía que decirlo

y porque si no me ahogo en el mar de mis palabras.

No te olvides de mí

y porque no todo tiene que tener un sentido

y una causa o un porqué.

A veces no pensar, ayuda.

Otras veces,

cabrearte sacude tu forma de querer

y acabas descubriendo

que efectivamente

hay mil formas de querer

y todas son igual de válidas.

O así debía de ser.

Mis miedos no son los tuyos

 

Mis miedos no son los tuyos

los míos son inabarcables

y porque los guardo bajo siete llaves.

En cambio los tuyos los expones a diario

nunca los ocultaste

nunca dijiste no quiero contarlos

y esa es tu gran ventaja

abrirte en canal

mostrar tu alma tal como es

enseñar tus órganos huecos

y chillar dentro de ellos.












CANDELA (Irene X)


Hoy me abro esta herida
donde la sangre arde
para que te calientes las manos.











MI PADRE

 

Mi padre
apenas me decía nada.
Era de arena y desierto.
Cuatro palabras bastaban
y cinco, eran demasiadas.
Mi padre murió un día
y no sé si murió de pena
o porque le reventaron las venas
por tantas palabras acumuladas.
Mi padre un día murió en el baño,
dijeron que fulminado por un infarto.
Mi padre llevaba años buscando la muerte
y un día y como si fuera otro día cualquiera,
la muerte le visitó
y le partió el corazón
en mil pedazos.











SAL VIVA


Ahora todo me huele a sal,
a sal viva,
a sal gruesa y a sal fina,
a sal entre el mar y la luna,
entre lo tuyo y lo mío,
lo tuyo es más oscuro que lo mío
pero es más suave y tierno
y lo mío,
es entrañable y porque ese es mi deseo,
y juntos haremos escamas de sal
y al bajar la marea
quedará sobre la arena una alfombra de cristales de sal,
y seremos duros y tercos como yo lo he sido,
y seremos lúcidos como tus ideas que son tan brillantes
como diamantes,
seremos un tercio tuyo y un tercio mío
y el tercio restante
será todo lo que nos hemos perdido.













ERNEST HEMINGWAY


“El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos”.

Irene Vallejo


El cuerpo es un símil de la realidad donde habita. Cuando a lo largo y ancho del mundo el confinamiento cerró las calles, empezamos a sufrir contracturas físicas y mentales. Somatizamos los duelos como dolores, y la ansiedad es una secuela cada vez más palpable de este paréntesis angosto e interminable. El miedo, las tensiones, el peso del trabajo y el poso de las soledades se traducen a un lenguaje de carne en nuestras piernas, estómagos, corazones y cabezas. Este malestar encajonado tiene raíces antiguas; “angustia” significaba en latín “desfiladero, lugar estrecho, abismo”. Lo mismo ocurre con la tensión que nos oprime: “estrés” procede de strictus, en el sentido de “estricto, apretado, estreñido”. La tristeza estrangula el aire, enmudece la voz. Hasta que, de pronto, como en un hechizo, ciertas palabras nos permiten abandonar el pasadizo helado y encontrar alivio.
Cuántas veces, tratando de levantar nuestro ánimo, hablamos con nosotros mismos para conjurar el miedo, igual que susurramos al niño temeroso de la oscuridad. Nos decimos que es preciso confiar, ser fuertes, no desistir. Esta capacidad para desdoblarnos en un yo sereno que trata de apaciguar al otro yo es una proeza sorprendente y antigua. Ya Homero contaba en la Odisea que, a veces, el llanto sacudía a Ulises, y entonces escondía la cara tras el manto, humedeciendo la tela en silencio. Al regresar a Ítaca, el navegante encontró su palacio ocupado por extraños y tuvo que mendigar en su propia ciudad. Derrotado, se dijo: “Corazón, sé paciente, en otras ocasiones sufriste reveses más duros, pero aguantaste”. Por primera vez en nuestra cultura, un humano habla no con sus semejantes o con los dioses, sino consigo mismo. El diálogo íntimo nació así, con una llamada a la calma y al sosiego.
Durante estos tiempos tormentosos, los duelos amputados han agudizado nuestro malestar. C. S. Lewis intuyó que el dolor por la muerte de un ser querido se expresa a menudo en el idioma de la angustia. Con más de 50 años, el devoto profesor de Oxford aceptó casarse con la poeta norteamericana Helen Joy Davidman —católica, divorciada y comunista—, que le pidió ayuda para evitar la expulsión del país cuando le denegaron el permiso de residencia. Por sorpresa, ese matrimonio de conveniencia en la madurez desembocó en un inesperado y hondo enamoramiento, que poco después truncaría el cáncer. Cuando ella murió, Lewis escribió en Una pena en observación: “Nadie me había dicho que la pena se viviese como miedo. La misma agitación en el estómago, la misma inquietud. No estoy asustado, pero la sensación es idéntica. Aguanto y trago saliva. Antes tantos caminos y ahora tantos callejones sin salida”. Lo conmovedor es que esas reflexiones anotadas en cuadernos, sus apuntes sobre la tristeza, se convirtieron en un libro que le ayudaría —como a tantas personas, todavía hoy— a escapar de la calle angosta, de la trinchera circular.
La ansiedad es una habitación estrecha. Luis Buñuel lo explicó en su película El ángel exterminador, donde unos amigos se reúnen a cenar en un lujoso salón y después, por una razón inexplicable, no consiguen atravesar el umbral para salir. Según el cineasta, habrían sido atacados por una plaga misteriosa e innombrable. Entre esas cuatro paredes se suceden la desesperación y el humor surrealista: una comedia trágica sobre la asfixia y el desasosiego. Cuando el túnel nos aprisiona, la risa ensancha los pulmones con aire fresco. Conversando con exiliados españoles en México, el director señaló la clave: “Los hombres cada vez se ponen menos de acuerdo y por eso se combaten entre ellos. Pero ¿por qué no se entienden? En la película es lo mismo, ¿por qué no llegan juntos a una solución?”. Según Buñuel, debería asombrarnos no que los personajes sean incapaces de salir, sino que no intenten colaborar. Hoy, más que nunca, hay que observar las penas, hablar con el corazón, reír en el desfiladero y atreverse a buscar ayuda. Hace falta coraje para dar rienda suelta a las palabras enjauladas. No siempre comprendemos cuánta fortaleza se necesita para vivir en la fragilidad.

TUTE


 

LA SECTA DEL ARREPENTIMIENTO

 En realidad los sentimientos hacia alguien se tienen o no se tienen y si no se tienen es imposible querer forzarlos no se puede querer por ...