LA MONTAÑA

El día de hoy se presentó frío y lluvioso, viento frío del Norte y lluvia casi congelada, pero ha merecido la pena salir a la calle y porque estaba como loco por sentir esa sensación de frío, de lluvia, de estar mojado y de saltar, como un niño, los charcos. Tenía ganas de Invierno, de crudo y puro Invierno. Bueno, otros adoran el sol y se dedican a quemarse con sus rayos. Otros la Primavera y por su gama de colores y porque el sol se vuelve tibio y hace florecer a todos los capullos, que abundan mucho y que llegada la Primavera, ya se ponen en plan invasivo y expansivo. En cambio en Otoño y en Invierno los capullos se hibernan, se mueren transitoriamente y se encogen dentro de su caparazón de babosa.

Pero algunos sobreviven a las inclemencias del tiempo otoñal o invernal y les da por irse a jugar al golf o se van a esquiar a las mejores pistas de nieve. Por cierto, lo de esquiar yo no lo tengo muy claro y porque por un lado me gusta ver esquiar a la gente y ya mejor no hablamos del entorno que les rodea, que es una verdadera preciosidad, pero por otro lado, a mi no me gusta esquiar. Pero supongo que debe ser normal, pues yo empecé a esquiar a 53 años y ahí me quedé, en que empecé a esquiar. Pánico me entraba al sentir que los esquís eran para patinar a gran velocidad sobre la nieve y cuando me había dejado llevar dos metros, ya me tiraba al puto suelo.

Supongo que no es nada aconsejable empezar a esquiar a los 53 años y porque a esas edades lo que más te importa y por encima de todo, es tu integridad física. Por tanto, ahí se quedó mi intento y al que le puse fe y ganas, pero que la puta realidad, siempre me depositó en el suelo y desde esas, me tomo mi cafelito bien calentito en el bar de la pista más cercana. Pero tío, ¡es montaña! y montaña nevada llena de abetos y eso es un paisaje que yo no veo todos los días y sólo por eso, merece la pena. Bueno y sus chimeneas y sus baños en agua caliente y sus cielos limpios como una patena y su caricia fría, pero no húmeda y pegajosa. Y cualquier día de estos, me vuelvo a la montaña.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Lorena Larrañaga. "Lo que sostiene el aire"

Hay una hora en que la casa se llena de caballos que nadie ha llamado. Sus crines recorren los pasillos como agua peinada por una madre muer...