MEMORIA

¿Es memoria lo que me falta?.
Porque de algunas cosas sí que me acuerdo y de otras, pues no. Le llaman memoria selectiva. ¿Pero como funciona?, porque hay cosas de las que quiero acordarme y sólo me llegan pequeños detalles o flashes que de inmediato se borran y en cambio otras veces me inundo de aquel marrón o de aquella inmensa desilusión, que por cierto, hasta pagaría por borrarla de mi disco duro.
Y por eso concluyo, que la memoria va a su propio aire y que por tanto, es incontrolable y que se mueve por unos hilos invisibles que son imposibles de ser controlados.






























UN MONSTRUO

Mi peor enemigo soy yo mismo,
es mi propio yo endogámico,
endémico
y egocéntrico,
es mi quinta esencia criada con rabia
y con mucho resentimiento,
ha crecido poco a poco en las laderas de la venganza,
maniatada de manos,
atada de pies,
inmóvil pero siempre pulsátil y en crecimiento.
He creado un monstruo...
y ahora no sé que hacer con él.
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"YO SOY UN CAZADOR DE SUEÑOS"

Por tanto, yo mismo concluyo que soy un exprimidor de vida. Y como hacen los yanquis en sus películas, yo me acojo a la segunda enmienda (o era, la séptima), que no sé cual es, pero suena que te cagas y porque al acogerse a esa enmienda, no contestaba a las preguntas de los pasmas. Como decía uno, "yo soy un cazador de sueños" y sueño que atrapo...me quedo con él o con su esencia o sustancia y ahí no tengo reparos, como vea un buen sueño y por muy ajeno que sea, me lanzo en plan descarado y no lo hago mío del todo, pero sí me quedo con algún trozo que realmente me importe. Porque yo no voy de santo, ni de buena persona toda bobalicona, pero eso sí, si robo algo lo digo y lo reconozco y si hace falta, pediré disculpas, pero se las pediré sin renunciar a mi robo. Y por eso yo no sirvo para político, ni para venderos la moto. Porque reconociendo todos mis pecados, que son muchos y muy intensos, no me votarían ni las cucarachas.
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HOY ES MARTES...


Que hoy es martes, creo que está unificado y por tanto hoy es martes en todo el mundo. Además con ser día 17 de septiembre pasa lo mismo. Ahora bien, tampoco lo aseguro y porque a lo mejor los indios americanos del más profundo oeste tienen su propio calendario, que seguro que sí, que lo tenían pero llegó la caballería yanqui y les jodió su calendario. O los esquimales. O los mongoles...Desde luego variedad de seres humanos hay de sobra... y entender eso y asumirlo y respetarlo, a algunos humanos (que no son seres humanos y no lo son porque su disfraz es de aspecto humano, pero por dentro son hienas que solo les gusta comer carroña) precisamente por eso por ser aves carroñeras, aún no lo han comprendido. Por ellos serían solo ellos y porque se creen dotados de un gen que les hace ser superiores a los demás.
Conclusión: que es muy fácil creerse un ser superior y lo será mucho más fácil, si tienes los medios adecuados para poder desarrollar tus ideas invasoras y destructoras.

Bueno, pero hecha ésta reflexión de mierda, tengo que volver atrás y decir que hoy es martes y día 17 de septiembre y así, vuelvo a empezar de nuevo. Reseteemos...pues. Septiembre ¡que velocidad tiene el mes de septiembre! y a este paso nos incrustamos en pleno octubre y mientras estoy escribiendo esto, creo que hemos pasado el mes de septiembre. Desde el mes de julio, me he pasado el verano deseando que pasaran de una vez por todas el mes de julio y de agosto y para joderme bien, pues de eso se trata, se hicieron más lentos y más insufribles que nunca y lo peor de todo, es que me he dado cuenta que si mi muerte va a ser natural como la vida misma, será en uno de estos dos meses y me supongo que debida a un puto golpe de calor y de sudor agreste y agresivo. Estaba en su casa y boqueando como un pez fuera del agua (ya se le veía muy mal últimamente), pero como no fue dos veces seguidas a desayunar al bar donde va todos los días, puso en alarma a su entorno y se acercó alguien a su casa y el pobre estaba más tieso que una mojama. Pobre Bruno...era buena persona. Los buenos siempre mueren antes, los malos en cambio aguantan más y mueren siempre (eso sí, morir morirán igualmente) después de los buenos y eso que los malos suelen nacer prematuros, pues su maldad resentida les estimula a salir antes por el canal del parto y suelen ser sietemesinos.
Y por cierto una última pregunta, ¿en Marte o en Júpiter que día será?. ¿Será también martes y día 17 de septiembre o a lo mejor será fin de año?. ¿Quién sabe?.
























JULIO CORTÁZAR


Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.


















Hasta siempre


Hasta siempre

mi querido amigo.

Mi querido amigo...que es verdad...

que en tiempos lo fuíste.

pero ahora se te ha caído el "mi querido"

y entonces

lo de mi amigo se ha quedado sin sentido.

Hasta nunca diría yo y para ser del todo sincero

o hasta que nos crucemos por la calle

o paseando por el puerto en un día de lluvia y viento

y entonces,

nos miraremos en silencio

mientras los dos pensaremos

que fuímos amigos en su momento

y que por culpa de la carcoma que anidó en nuestro corazón

se nos jodió todo el invento.



















 

HAY...


Hay máquinas del tiempo
que miden el destiempo
y también miden,
las ganas de querer...
Hay horizontes lejanos
y miedos demasiado cercanos
que asomaron cabeza en mi niñez,
Hay miedos que se disfrazan de héroes
y hay valientes que perdieron el norte antes de perder
y aún hoy en día...
están buscando su razón de ser.
Hay días que nacen muertos
y morirán podridos y sin saber porqué.
Hay personas que se consideran vivas
aunque nacieron mal queridas.
Y hoy tengo ganas de coger el día
y que de nuevo, vuelva a nacer...





















RECUERDOS


De todo lo que vivimos...
apenas nos queda nada,
nos queda un residuo gris ceniza
en el centro de nuestro cerebro,
y allí queda un rostro difuminado
o una vieja foto descolorida
o unas risas que resuenan dentro del cajón de la mesilla.
A veces,
soy capaz de ver tu cuerpo dibujado,
lo percibo más que lo siento,
ha perdido carne y hueso
y ha ganado en aire y viento,
y al abrir la ventana
sale despavorido por cualquier resquicio del olvido.
De todas formas,
los recuerdos permanecen en el polvo suspendido
que se deposita en las teclas del portátil
y al final serán ellas mismas
los que escriben el guión que nunca antes habías escrito.

















Los secretos de Karmelo C. Iribarren ( Daniel Ramírez)


Estábamos sentados en un bar. Era la muerte de agosto y las nubes iban engullendo San Sebastián. A bocados. Como casi todos los días, imagino. Karmelo, entre el primer y el segundo café, miraba. Él hacía como que miraba, pero yo sabía que estaba escribiendo. Me puse nervioso. Miré yo también. Quise descubrir dónde estaba el poema, pero no lo logré. Unos cuantos segundos después, regresamos los dos a la conversación. Yo con las manos vacías; él, con unos cuantos versos. Creo que, por eso, no me dejó pagar la cuenta.
Llevo mucho tiempo leyendo a Karmelo C. Iribarren. Como tú, imagino. Y aunque no te pueda contar su gran secreto -el de esos poemas que encierran las pequeñas grandes cosas-, sí te puedo desvelar su cartografía emocional, los lugares donde escribe, la conexión entre sus textos y esas vivencias que los construyen.
Porque a posteriori todo resulta sencillo: los poemas de Karmelo parecen estar escritos para cada uno de nosotros. Es el llamado “efecto espejo”. Un disparo de pistola, un bumerán: “¡Pero si esto es justo lo que me pasa a mí!”. Pero, ay, amigo, lo difícil es verlo, como él en aquel café.
No tengo ni idea de si la fecha es casualidad o no, pero lo nuevo de Karmelo, “El escenario” (Visor, 2021) ha llegado con el otoño. Como sus letras, que viven todo el año en ese camino que va del otoño al invierno.
Decía que, aquella tarde, estábamos en un bar. En la plaza del Buen Pastor, en la terraza. “El escenario”, podría decirse también. Los bares -él hizo toda una vida, y sus primeros poemas, detrás de la barra de uno- siguen intactos en este libro: “Para celebrar la vida, o para olvidarte de ella si te enseña los colmillos, no hay nada mejor que un bar”. ¡Hay tantas cosas que no serían lo mismo sin los bares! “El amor, la amistad, el olvido”.
A Karmelo le gustan el Café Viena, las mesas del Hotel Londres, aquel lugar, a orillas de la catedral, donde estábamos sentados… Cuando íbamos a marcharnos, sin negociarlo demasiado, nos lanzamos a pasear. Yo ya estaba entonces -¡creo que no se dio cuenta! O se hizo el loco...- imaginando un artículo como éste. Iba a desentrañar los secretos de “El escenario” antes de su publicación. Pero había que hacerlo así, como se escriben los poemas, sin planearlo. Eso de “un día con” hace tiempo que se ha convertido en un género dedicado a los políticos.
Antes de citarse conmigo, averiguo ahora que leo el libro, se había acercado a ver el mar a primera hora de la mañana: “Como suelo hacer casi todos los días”. Se había topado “con unas nubes negras que se abalanzaban sobre Igueldo como búfalos en estampida”. La banda sonora, “la infantería de las olas”.
No sé pasear despacio. Y quizá sea eso, y no tanto leer, lo que tenga que hacer para escribir una poesía mejor. Karmelo, a cada rato, se paraba y me contaba una anécdota. Llevaba las manos a la espalda, entrelazadas, como si estuviera preso de la historia que iba a relatar.
Pero le hemos pillado, miren el poema: “Cada vez es más difícil/ver gente paseando por las calles/con las manos a la espalda/Es un gesto que ha caído en desuso/Hoy día/a juzgar por algunas miradas/los que nos mantenemos/fieles a él/componemos una imagen sospechosa/La realidad, sin embargo, es muy distinta/Gracias a nuestra parsimonia/la velocidad hacia el desastre/parece un poco menor”.
¡Tardamos casi un cuarto de hora en ir a la librería Lagun y a Fnac a ver las últimas novedades de poesía! Hablamos de Miguel d’Ors, de algunos poemas que nos gustan. También me recomendó poetas que hoy parecen prohibidos, como Leopoldo Panero padre. Luego me contó de su hijo, el otro Leopoldo, que solían pasear, como nosotros aquella tarde, y que recién salido del manicomio el poeta escribía poemas en las servilletas de los bares. ¿Y qué hacía con ellos? “Los rompía en mil pedazos y los tiraba al suelo. Aunque alguno debió de recoger porque los vi después en sus libros”.
Nos acercamos al mar, aunque no alcanzamos el Puente de la Zurriola, donde “el río llega a la ciudad revuelto y turbio”, donde “el aire huele a espuma fresca”. Es curioso ese poema. Ocurre como con la poesía de Karmelo: baja el agua oscura, “turbia”, pero la sensación final es esa “algarabía feliz de las gaviotas”.
Intentamos sentarnos en otro bar, pero estaba desbordado. Toda la calle desbordada. Miramos, siempre mirando, y nos fuimos. Creo que Karmelo, con esa mirada, también escucha. Su voz viene siendo la de una ciudad. Está generoso en su último libro porque él mismo explica el secreto de sus palabras: “Ni proponen enigmas ni resuelven misterios, son solo esas palabras que utiliza la gente para hablar de los asuntos de la vida cuando se encuentra por la calle. Palabras viejas, gastadas por el uso, que rara vez alzan el vuelo, palabras de los días laborables, de conversación de bar. Con suerte, un día consiguen atrapar un gesto, esa luz de la tarde, esa mirada que ya nunca será igual”.
Pasamos por un jardín donde él jugaba de niño. Cuando tenía suerte, le dejaban alquilar una bicicleta. Hoy, ese jardín de cuyo nombre no puedo acordarme, parece sacado de Budapest. Está envuelto en la decadencia. “Entiendo que los modernistas se quedasen prendados de los jardines melancólicos. A mí, que no llego ni a moderno, me sucede lo mismo”.
Pasamos por la puerta de un colegio. Hablamos de las universidades. En “El escenario”, se refiere con ironía a la llamada “gran poesía”, que no tiene por qué corresponderse con la mejor. Hace ya muchos años, estuvo tentado de abrir esa puerta: “Allí dentro no había nada para mí. No me ha ido mal sin reincidir”.
Dice Karmelo de Luis Alberto de Cuenca que lleva americana y vaqueros porque lo mismo te habla de la poesía del instante que de los clásicos griegos. Lo mismo podría escribirse sobre él: porque Karmelo, casi sin darse cuenta, lo mismo opina sobre la alineación de la Real que de los endecasílabos de tal poeta clásico. No sé dónde ni cuándo, pero él tío se lo ha leído todo.
Ay, ¡la Real! Ahí flaquean el descreimiento y la melancolía que nutren tantos poemas de Karmelo. No puede resistirse. Sueña cada fin de semana con una victoria. “Poesía realista”, se reía el tío cuando pasábamos, de vuelta a casa, por las faldas de Anoeta.
“Estos tiempos eufóricos de proclamas y consignas acabarán también formando parte, junto a los viejos amores, las guerras y demás causas perdidas, de cualquier conversación de bar. El trayecto, breve, suele ser siempre el mismo: de la esperanza a la melancolía”. Con ese poema, aunque yo no lo había leído todavía, volvimos a un agosto que se moría nublado; volvimos a ser soldados felices en la derrota.
Se despidió junto a un edificio que le gusta porque parece estar sacado de Chicago. Creo que dijo algo de su hija. Un rayo de sol hirió las nubes en ese instante. ¡Qué lista es la casualidad! Ay, la alegría… “A mí donde más me gusta verla es en los ojos de mi hija”.



















ESTA ES MI LUNA


 Esta es mi luna,

lleva mi nombre escrito en su lado oscuro,

lleva mis señas, contraseñas y mi dirección de correo,

y mi alma cuelga entre sus dientes plateados.

A mí luna, yo la quiero,

la amo, la adoro, la venero

y en las noches de plenilunio,

los dos nos disfrazamos,

ella, se viste detrás de un faro

y yo, simplemente me disfrazo de ser humano.

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Es entereza

 No es fuerza bruta lo que necesito.

Es entereza,

es mantener el rumbo firme,

es desafiar los imponderables que vayan surgiendo

sin que me tiemblen los dedos ni las ideas,

es esperar a que pase la tormenta

y que todo se calme y hasta que la luna cambie.






















 No es fuerza bruta lo que necesito.

Es entereza,

es mantener el rumbo firme,

es desafiar los imponderables que vayan surgiendo

sin que me tiemblen los dedos,

es esperar a que pase la tormenta

y que todo se calme y que la luna cambie sin avisarme.


MANÍAS Y GAFAS

Yo tengo una manía por encima pero muy por encima de las demás manías y esa es que nadie puede tocarme las gafas. Y el que me haga la puta b...