Y ahora y analizándome a corto plazo, primero me pueden acusar de cortoplacismo o de ser un corto de miras y al mismo tiempo yo me digo y a mí que carallo me importa y si ahora me duele algo cercano en el tiempo, pues me duele y eso no tiene que molestar a nadie que a mi realmente me importe. Claro que estos días que se movieron alrededor de la navidad y que más o menos coincidieron con un reencuentro con un amigo que llevaba mucho tiempo suspirando por él y que una vez que he restablecido ese contacto, tengo que decir que he puesto los pies en el suelo y lo que era tanto para mí, ha dejado de serlo tanto y ha bajado de escalón. No ha dejado de serlo del todo y porque en todo esto hay una base muy elaborada, trabajada a conciencia y con toda la ilusión del mundo mundial. La verdad es que le he puesto muchas ganas a la cosa y después la cosa se hizo menos celestial y se acabó transformandado en más humana. Sabéis cuando pasa eso que los sentimientos te elevan de tal manera que no eres capaz de poner los pies en el suelo, pues eso es lo que me ha pasado y ahora mismo, no sé como expresar todo esto que yo siento y sin hacer daño a nadie y sin herir los sentimientos de la otra persona o lo que queda de ellos. Y claro que le sorprende que yo manifieste y de esa manera tan clara y tan evidente, que mis sentimientos hacia él eran y son enormes y por eso no me corto.
Yo, siempre presumí de ser claro e iba a decir, sincero. Pero sincero no siempre lo he sido y lo digo porque he tenido mis tapujos y mis triquiñuelas que más o menos se desarrollaron en el submundo de mis drogadicciones y ese siempre fue un mundo aparte y donde no todo dios tenía cabida. Hasta yo mismo llegué a pensar que no tenía cabida dentro de ese inframundo de mierda y por eso de vez en cuando me revolvía contra su poder de serpiente venenosa y por eso mismo entraba y salía y pasado un tiempo y volvía a pasar exactamente lo mismo y volvía a entrar y salir y en ese sube y baja se desenvolvió una buena parte de mi vida. Cuando me encontraba mejor conmigo mismo, salía a flote pero siempre estuve o casi siempre, con el agua al cuello y con ese lastre muy cerca de mis labios. Por eso mismo, me siento muy orgulloso de salvarme de la quema y de seguir aquí y de cuerpo presente y no tan libre como quisiera yo. Aunque a las drogas nunca las perdí de vista y aún ahora no me siento capacitado del todo para decir... ¡que nunca más!. El adicto es adicto y nunca dejará de serlo y si eso a éstas alturas uno no lo tiene meridianamente claro, cuando vuelva a recaer y porque tarde o temprano lo hará o lo haré, lo hará para siempre y hasta que la muerte se lo lleve de una puta vez por todas.
Yo, esto lo sé y a nadie se lo puedo negar y porque en la negación más absoluta no es la solución de las cosas que se mueven alrededor de este tema. Claro, que yo no busco terapias de grupo y por la simple razón de que no soporto las terapias de grupo y me llamo Ramón y llevo 60 días sin probar ni gota de lo que sea. Porque vamos a ver, para decirme eso ¿no es mucho mejor que me lo diga a mi mismo? y frente a un hermoso espejo que tengo en mi casa o mismo que me lo diga sin un espejo delante de mis narices. A mi la terapia de que somos muchos los que padecemos de esa adicción en concreto, no me vale para nada. No me consuela ni un ápice el mal vivir y el sufrimiento de otros seres que no se parecen a mí en nada y aunque estemos colgados de lo mismo y porque en el fondo, cada uno tiene sus propias razones que le han llevado hasta ello. Yo no puedo simpatizar con nadie que no puede empatizar con los demás y porque mi razón personal hacia las drogas, es una razón totalmente distinta a eso y por esa misma razón siempre me drogué por querer saber lo que hay y si es que realmente hay algo, detrás de los más hermosos sentimientos y como decía el poeta cantante que se murió hace dos semanas (Robe, el cantante de Extremoduro): "ama, ama y ensancha el alma". Dicho está y tan dicho que no tengo más que decir y por tanto, antes debo reconocer, que no hay nada más detrás de ellas. La conclusión sería y entonces yo me preguntaría... ¿para que coño yo tengo la necesidad de drogarme? y la respuesta es evidente y no se necesitan tener que dar más explicaciones.
Y ahora y analizándome a corto plazo, primero me pueden acusar de cortoplacismoy yo me digo y a mí que carallo me importa y si ahora me duele algo cercano en el tiempo, pues me duele y eso no tiene que molestar a nadie que a mi me importe. Claro que estos días que se movieron alrededor de la navidad y que más o menos coincidieron con un reencuentro con un amigo que llevaba mucho tiempo suspirando por él y que una vez que he restablecido ese contacto, tengo que decir que he puesto los pies en el suelo y que era tanto para mí ha dejado de serlo tanto. No ha dejado de serlo del todo y porque en todo esto hay una base muy elaborada, trabajada a conciencia y con toda la ilusión del mundo. La verdad es que le he puesto muchas ganas a la cosa y después la cosa se hizo menos celestial y más humana. Sabéis cuando pasa eso que los sentimientos te elevan de tal manera que no eres capaz de poner los pies en el suelo, pues eso es lo que me ha pasado y ahora mismo, no sé como expresar todo esto que yo siento y sin hacer daño a nadie y sin herir los sentimientos de la otra persona o lo que queda de ellos. Y claro que le sorprende que yo manifieste y de esa manera tan clara y tan evidente, que mis sentimientos hacia esa persona eran y son enormes y por eso no me corto.
Yo, siempre presumí de ser claro e iba a decir, sincero. Pero sincero no siempre lo he sido y lo digo porque he tenido mis tapujos y mis triquiñuelas que más o menos se desarrollaron en el submundo de mis drogadicciones y ese siempre fue un mundo aparte y donde no todo dios tenía cabida. Hasta yo mismo llegué a pensar que no tenía cabida dentro de él y por eso de vez en cuando me revolvía contra su poder de serpiente venenosa y por eso mismo entraba y salía y pasado un tiempo volvía a entrar y salir y en ese sube y baja se desenvolvió una buena parte de mi vida. me encontraba mejor conmigo mismo, salía a flote pero siempre estuve o casi siempre, con el agua al cuello y muy cerca de mis labios. Por eso mismo, me siento muy orgulloso de salvarme de la quema y de seguir aquí y de cuerpo presente. Aunque a las drogas nunca las perdí de vista y aún ahora no me siento capacitado del todo para decir... ¡que nunca más!. El adicto es adicto y nunca dejará de serlo y si eso a éstas alturas uno no lo tiene meridianamente claro, cuando vuelva a recaer y porque tarde o temprano lo hará, lo hará para siempre y hasta que la muerte se lo lleve de una puta vez por todas.
Yo, esto lo sé y a nadie se lo puedo negar. Claro, que yo no busco terapias de grupo y por la simple razón de que no soporto las terapias de grupo y me llamo Ramón y llevo 60 días sin probar ni gota de lo que sea. porque vamos a ver, para deciurme eso ¿no es mucho mejor que me lo diga a mi mismo? y frente a un hermoso espejo que tengo en mi casa o mismo que me lo diga sin un espejo delante de mis narices. A mi la terapia de que somos muchos los que padecemos de esa adicción en concreto, no me vale para nada. No me consuela ni un ápice el mal vivir y el sufrimiento de otros seres que no se parecen a mí en nada y aunque estemos colgados de lo mismo y porque en el fondo, cada uno tiene sus propias razones que le han llevado a ello. Yo no puedo simpatizar con nadie que no puede empatizar con los demás y porwque mi razón personal hacia las drogas, es una razón totalmente distinta a eso y por eso siempre me drogué por querer saber lo que hay y si es que realmente hay algo, detrás de los más hermosos sentimientos. Dicho está y tan dicho como tengo que decir y por tanto reconocer, que no hay nada detrás de ellos.





