¿FELIZ?

Bueno, pues otro día precioso en la viña del señor y ya van bastantes y no sé muy bien si antes también los había tan frecuentes o pasa que ahora me fijo más en ello. Hombre desde que escribo soy más observador, me fijo más en las cosas, les doy mil vueltas y el final, me quedo con las mejores conclusiones y como en cada día hay una nueva película disfruto con cada una que me ponen. Desde luego lo que tengo clarísimo, es que no me aburro nada y porque siempre tengo un millón de cosas por hacer.

Se podía decir que soy feliz como una perdiz, pero el concepto de felicidad no lo tengo muy claro y porque si digo que soy un tío feliz después que me queda, que soy un tío superfeliz o el más feliz de la Tierra y tampoco es eso, porque sería mentira y porque odio los términos superlativos y por exagerados. O sea mi definición en dos palabras: es que soy un tío tendente a ser feliz y que hay días en que estoy más feliz que en otros. Es curioso esto que digo, pues yo venía de una etapa en que me consideraba uno de los tíos más infelices de la Tierra.

Bueno pues pasada esa etapa, ahora estoy en otra y porque pasé por la primera, ahora sé en que etapa de mi vida estoy. Yo no tengo complejos al decir que soy un tío tendente a ser feliz y al que le joda, que se joda y al que no, que se suba a mi carro, pues seremos dos o tres o cincuenta. Y éste estado no lo he conseguido a base de meditaciones trascendentales con el gurú de turno, las he conseguido a pelo y yo solito y supongo que el haber pasado un mes enterito encerrado en un Loquero me ha influído en ello. Aunque hay que pensar una cosa, yo tuve muchos compañeros en el Loquero que han vuelto a recaer o sea, que éste es un motivo, pero nunca será un motivo definitivo.

UN GATO VIEJO

Yo hoy siento que debía portarme bien, vamos que debía ser bueno y no faltar a nadie y porque como me dicen algunos: tío te estás granjeando muchos enemigos, pero en el fondo no me importa, pues a me gusta la lucha a tumba abierta y que corra la sangre. Yo creo que no hubo un instante en mi vida, en que fuera un tío pacífico, porque incluso en mis momentos más lúgrubes me excitaba con ese tipo de pensamientos tirando a guerreros. Algunos sienten la llamada de la selva, pues yo siento la llamada de la lucha.

Y hoy debía ser bueno porque algún día hay que descansar y Dios escogió el Domingo para ello y yo he escogido el Sábado y es que además el Sabado es más gratificante, pues sabes que aún tienes el colchón del Domingo. Ahora que no se me cruce nadie con ganas de joderme porque enseguida cambio el guión del día. De pequeño me decían que era un chaval muy agresivo y que enseguida saltaba por nada y la verdad es que lo era, pero gracias a esa forma de ser me salvé de la venganza de muchos abusones que me llevaban dos cabezas.

Nunca me achanté ante nadie y por eso a veces recibí más ostias que pelos tengo en mi cabeza. De todas formas los grandes tampoco me daban miedo, pues yo iba a lo mío y lo mío era saber que no llegaba a su cara, pero que sí le llegaba a sus cojones que muchas veces estaban a mi altura y todo era cogérselos y no soltarlos por nada. Ahora eso ya no me pasa, pues ya las cosas las pienso dos veces y cuando tengo delante un gigante mi estrategia es la retirada y porque de pequeño era un gato salvaje y en cambio ahora soy un gato viejo, que no derrotado, soy un gato viejo y sabio.

VUELVE A INTENTARLO. Karmelo C. Iribarren

Esas mañanas de domingo, en invierno, a primera hora: las calles recién regadas, el aire fresco, limpio, el olor a cruasán de las cafeterías...