LA LUNA...

No existe nada ni nadie más allá del espacio tiempo,
no sé lo que tengo que hacer fuera de hora o fuera de sitio
y además, sin control ninguno,
no sé si ponerme a dar vueltas sobre mi propio eje
o a buscar las ondas vitales de mis Satélites planetarios
todos esos que gravitan a mi alrededor,
quiero conocer mi Luna,
mi Luna romántica,
mi valiente Luna que se atreve con todo,
esa que sube y baja mareas chascando los dedos,
esa que remata o revive vinos,
esa que convierte a los Lobos en hombre lobos,
que desquicia más si cabe, a los locos,
que aumenta el número de partos
y cuando a mi me alumbra me pregunto como...
como enciende sus luces blancas evanescentes,
como dibuja sus contornos de sombra de ojos,
como enternece desde al más iracundo
hasta la bestia más inmunda llena de rabia,
quiero saber su funcionamiento
y conocer en que se basa su extenso y potente poder,
yo a su lado, no soy nada ni nadie,
yo soy sólo su admirador apasionado
y si una noche y cuando todo se nuble bajo la espesa niebla,
espero que la Luna me deje un pequeño resquicio de
esperanza
yo haría lo que ella quisiera,
si hay que adorarla, yo la adoraría sin más y sin pensarlo,
si hay que venerarla, fundaría una secta satánica y lunática,
si hubiera que adormecerla, yo la mecería entre mis brazos,
yo amo a la Luna y por encima de todo
y que nadie ni nada ose tocarla,
ni la insulte, ni le falte al respecto,
la Luna y yo somos hermanos univitelinos,
nacidos el mismo día y a la misma hora,
pero ella se llevó la mejor parte
y escogió quedarse ahí arriba
y yo en cambio,
me tuve que conformar con éste trozo de cuerpo
que ahora sé,
que no va a ninguna parte.

OTRA DEL VIAJE A PORTUGAL

 

De mi viaje de hace más o menos un mes a Portugal, ya comenté alguna cosa y en resumen me sigue encantando Lisboa, aunque como le ha pasado a otras grandes ciudades, está vaciada de portugueses y que su centro histórico está plagado de viajeros turistas que van a durar unos días y para que a su vez, vengan otros que harán lo mismo que los anteriores y saturarán de forma total los puntos neurálgicos de esa hermosa ciudad. Y claro que nosotros éramos parte de esa manada invasiva, pero que  lo reconozca no significa y para nada, que no piense que no haya que hacer un cambio de arriba abajo (hacer un cambio estructural). Habrá que pensar algo que de una alternativa a los pisos turísticos y porque vaciar una ciudad de sus propios habitantes, no es la solución de nada, salvo claro está para los bolsillos de las multinacionales propietarias. Y a las que les importa una puta mierda en que están convirtiendo esa ciudad. El ciudadano de ahora, sólo va a estar unos días y no va a  participar en ningún cambio estructural de esa ciudad. Habrá algún alto directivo que diga...¿Lisboa?, ¿donde coño está?. Y a mí que me importa que sean de aquí o de allá y a mí lo único que me preocupa, es que den resultados económicos y lo demás, me importa una puta mierda.

También fuímos a Sintra que está muy cerca de Lisboa y aquello parecía una procesión de semana santa en pleno centro de Sevilla. Y eso que estábamos en Octubre y que al estar en pleno o a principos de otoño, suponíamos que los guiris estarían desaparecidos. Pero no señor, Sintra estaba hasta los topes y con las terrazas completamente desbordadas. Comimos lo mejor que pudimos allí y por la tarde quisimos visitar el "Palacio da pena", que personalmente y por esta vez, no pude visitar (ya lo había visto y visitado hacía mucho tiempo), pero es que ahora es mi propia circulación sanguínea la que manda sobre mí y llegué hasta el palacio, pero el dolor que tenían mis piernas y debido a mi claudicación intermitente, me estaba avisando que no podía proseguir. Simplemente esperé a que vinieran los demás a la entrada del palacio y nos fuímos en busca de una casa alquilada en Coimbra. 

Me gustó Coimbra y creo que me gustó de esa manera, por ser una ciudad universitaria y que ya no eran los guiris los que dominaban el ambiente ciudadano. Había guiris pero no tantos y además no era una ciudad llena de puntos neurálgicos para ellos. Me pareció una ciudad bastante anodina y que lo único que destacaba sobre lo demás, era su preciosa ciudad universitaria: su antigua biblioteca, sus capillas, sus maravillosas salas de reuniones de rectores, decanos y profesores, sus espacios para pasear, pensar, decidir y de aislarse de los ruídos exteriores. Aunque es verdad, que siempre me pareció un exceso de ostentación el vivir o trabajar en medio de tanto lujo, Pero me lo pareció en la universidad de Coimbra, como también me lo pareció cuando estudiaba en Santiago y por fotos y por lo me contaron, también pasaba que había ese nivel de lujo en otras universidades.

GAZA

 


LO BUENO DE LA VIDA

Lo bueno de la vida, es que...es que... es que ya no sé lo que decía o lo que pensaba hace un momento. Lo bueno de la vida es que es como un buen vino o sea que mejora con el paso de los años, salvo los que ya nacieron avinagrados y ni el vino, ni la vida les pueden sacar su desagradable amargor ácido. Lo bueno de la vida es que pudiste hacer lo que te dió la real gana y si hiciste cosas malas, nadie salvo tu conciencia te va a pasar las cuentas y si lo hiciste más o menos bien, la gente te aplaudirá por las calles (figuradamente) y tú irás más lleno que un pavo en Navidad y sin saber que serás el plato principal de esa Navidad. Lo bueno de la vida, es que depende de tu conciencia y la conciencia se educa como todo: si de pequeñito le enseñaste a que se quedara muda y callada, ahora no asomará su cabeza. La conciencia al fin y al cabo, es una serpiente venenosa, pero si le quitas los dientes, ya no importa su veneno, sólo asusta, pero no mata. Hay que vivir sin conciencia (relativamente hablando), al libre albedrío y sin remordimientos o como dicen otros, a la buena de Dios...o al abrigo del Demonio (si es que con él que te sientes mejor), pues para lo que nos queda en el convento, nos cagamos dentro y porque entre otras cosas, nos empieza a dar igual en lo que creamos o no creamos. A mí ahora lo que más me preocupa, es haber dejado a mis hijos ésta mierda de mundo en el que de alguna manera hemos participado. Y eso no me lo perdonaré jamás.

Monetizar el vacío. JUAN JOSÉ MILLÁS

Me viene a la memoria porque sí, porque la memoria hace conmigo lo que de da la gana, una figura clásica, el uróboros, que representa a una serpiente devorándose la cola al tiempo de formar un círculo perfecto. En otras palabras: un animal que se alimenta de sí mismo, aunque no sabemos por qué lo hace, quizá por cumplir un ritual o porque tiene hambre. El uróboros, en fin, constituye un misterio gastronómico y digestivo: cuanto más come, menos tiene para comer, de manera que su voracidad debería conducirlo a la desaparición. Por suerte para él, lleva miles de años en esa postura, sin acabar de engullirse. Enhorabuena.
Los Beatles, si ustedes se acuerdan, sacaron en la película Yellow Submarine un engendro con una boca aspiradora, el Vacuum Monster, que se tragaba cuanto hallaba a su paso. Aspiraba árboles, edificios, montañas, animales, personas, rascacielos quizá, no me acuerdo de todo. El caso es que se tragaba el paisaje y cuando ya no quedaba nada que llevarse a la boca, se aspiraba a sí mismo y desaparecía dejando tras de sí un agujero existencial acongojante.
He pensado en estos dos animales a propósito de la glotonería del capitalismo contemporáneo, que ha adquirido algunas de sus costumbres alimenticias. Comenzó devorando las materias primas, continuó con la fuerza del trabajo y luego fue a por nuestros deseos. Cuando los deseos escasearon, empezó a fabricarlos. Hoy produce necesidades a una velocidad superior a la que somos capaces de satisfacerlas, lo que constituye un hallazgo industrial extravagante. Antes se fabricaban objetos para cubrir carencias. Ahora se fabrican carencias para inventar objetos. Imagínense una panadería que, además de vender el pan, produjera el hambre. O una empresa farmacéutica que, después de concebir un medicamento, propagara la enfermedad correspondiente. El problema es que el capitalismo necesita consumidores a los que enseguida empobrece o consume para aumentar sus beneficios. Se ha empezado a comer a quienes le dan de comer, que es un modo de comerse a sí mismo. El capitalismo salvaje es un uróboros, un Vacuum Monster que cuando haya acabado de aspirar el planeta hallará el modo de sacarle también alguna sustancia al vacío

IVÁN REDONDO

La campaña ha terminado. No la oficial, que ni siquiera ha empezado, sino la que veníamos contando desde que se convocó el 29-N. Todo lo dicho hasta Urda, todo lo medido y todo lo proyectado ha quedado suspendido en el aire. Las encuestas que se publiquen a partir de hoy retratarán a un país en estado de shock, no a un país que vota. Mi consejo es sencillo: recomiendo no hacer caso a las cifras. Faltan 27 días para el 29-N. Y esta elección se decidirá en la última semana. Los últimos tres días.
Lo de Urda es inédito. Es la segunda tragedia de la alta velocidad en un año, y el AVE no es una infraestructura cualquiera: era el orgullo nacional. Cuando un símbolo se convierte en herida, cambian los sentimientos profundos de los españoles. Y eso no lo mide ningún tracking . El voto no se mueve ahora por ideología, sino por algo más hondo: el miedo. No hay ninguna revolución en el voto. Es tan falsa esta afirmación como que el PP era primera fuerza antes de Urda. Y a los numerólogos que lo insertan hay que recordarles una palabra maravillosa en español: son unos “ansias”. Pues todo comienza de cero. Para todos. A la oposición se le va a juzgar como gobierno, y al Gobierno, como Estado. Ese es el tono vital.
Aprobaría la nacionalización del ferrocarril en España al amparo del artículo 128 de la Constitución
El único espejo que tenemos es el 11-M. Conviene mirarlo despacio. Entonces el PP se equivocó: quiso gobernar el relato con una mentira, y los españoles, que entienden casi todo menos sentirse utilizados en el duelo, se lo cobraron en las urnas. El Gobierno ha acompañado en el dolor, ha sido transparente y debe dar una respuesta de Estado. He estado todos estos días en silencio en las redes, como tantos otros paisanos, por lealtad a mis compatriotas, que se merecen no solo guardarles silencio, sino también llevarles en cada viaje en tren siempre con nosotros. Las víctimas y los trabajadores son la medida a lo que nos debemos y las entrañas de nuestro país.
Por ese respeto, les explico lo que yo haría. Dos accidentes en 10 meses son “inasumibles”. Esa es la palabra exacta. Por eso, aprobaría la nacionalización del ferrocarril en España al amparo del artículo 128 de nuestra Constitución. La alta velocidad debe ser otra vez un servicio público esencial prestado por el Estado. La liberalización no ha funcionado en España. Y la respuesta debe ser la “nacionalización”. Pocos servicios son más esenciales que el tren en el que viajan cada día millones de españoles. Sería la primera ley que llevaría a las Cortes el nuevo gobierno. Así se lo comunicaría a la presidenta de la Comisión Europea, a la que pediría revisar el fallido modelo europeo con un argumento indiscutible: la seguridad de los viajeros está por encima de la competencia. Y abriría conversaciones con los gobiernos de Francia e Italia y los accionistas de Ouigo e Iryo para una salida ordenada, respetando a sus viajeros y trabajadores. Esto España lo resuelve en familia. Reordenando la situación.
Somos un Estado que actúa con rigor y seriedad. Y el Gobierno de España está en plenitud de funciones para presentar ya un gran plan con múltiples medidas que aseguren que antes de cada kilómetro nuevo, cada kilómetro construido es más que seguro. También para que la investigación que está realizando la Comisión de Accidentes Ferroviarios cuente con expertos de la Agencia Ferroviaria de la UE.
El 29-N es la hora del Estado. Esto no va de “gestión” como en cualquier campaña convencional, se trata de “recuperar el control” ante un fallo del sistema en el que el país mira al Estado. Este fallo del sistema es el mismo en vivienda, salarios, pensiones, inmigración y seguridad que he estado contando en innumerables entrevistas en todos los medios de comunicación estas tres semanas y media. El testimonio del viudo de una de las víctimas de Urda me representa: “Vivimos la peor época del capitalismo con prisas”. Gracias a su reflexión se entiende muy bien dónde estábamos cuando todo se detuvo. El dilema es histórico. Y Blocus también es producto de ello. Se trata del tipo de sociedad en la que vivimos. La participación del 29-N será de época porque estas elecciones generales son en legítima defensa. Unas elecciones de he entendido el mensaje.
España está golpeada, y los españoles van a decidir el 29-N quién la levanta. Quien aspira a gobernar tendrá que demostrar que sabe contenerse; quien gobierna, que sabe dar una respuesta de Estado a la altura de la fuerza de la gente. España está golpeada, no vencida.
Y la memoria siempre, siempre, es imprescindible para detectar donde esta la mentira, por mucho que la grite la oposición y sus redes. Siempre hay que ir a la hemeroteca para contrarrestar tanto bulo y tante campaña mentirosa.
Pp y Vox votaron en contra de un credito extraordinario de 600M€ a Adif para acelerarar inversiones; la CNMV defendió la baja de tasas ferroviarias que solicitaban Iryo y Ouigo perjudicando a Adif; el recorrido Madrid- Paris está bloqueado porque Francia ha vetado a Renfe como competidor… la liberalización es una falacia y una soga al cuello como lo es la externalización de servicios en la sanidad. Hablar de nacionalización implica sacar o restringir al máximo el mercado en operadores de infraestructuras.
(Fue el gobierno de Rajoy el que liberalizó el sector ferroviario, cinco años antes de que fuera obligatorio por la Comisión Europea).
Si esto no se hace ahora, no se hará nunca. Para ello se necesita un gobierno que quiera y pueda hacerlo.
Depende de nosotros

DE VUELTA EN CASA

De vuelta en casa. Día de navegación de alto estandin, bueno ya me entendéis...para mi lo de alto estandin es simplemente ir en barco y a toda vela...y lo de altos vuelos se lo añado yo, que es gratis y además por un puto día de mierda, me gusta sentirme el tío más importante del mundo. De vez en cuando viene muy bien meterse en vena una dosis de autoestima o eso dicen los manuales de superación que tanto se venden y en conclusión, tanto se compran. En realidad esos manuales dicen que uno tiene que hacerse un yonqui de la autoestima y ese es su gran problema, pues el día en que por la causa que sea, uno sufre una bajada en su nivel de autoestima...pues según los manuales uno se tendría que cortar las venas directamente. Dicen que el nivel de fracaso tiene mucho que ver, quiero decir que si uno es hipersensible al fracaso y ante el mínimo tropiezo se desquicia y se queda confundido y tocado...su rebote más visceral será buscar la dosis de autoestima diaria y como no la va a encontrar y porque está hecho polvo, entrará en el puto bucle de las ideas y paranoias suicidas. Por tanto...seamos y dejémonos de querer ser encantadores de serpientes, aunque por un día o por un mes, yo sería de los primeros de la fila. Yo me apunto a aquella vieja historia de "reina por un día".
Bueno, olvidémonos un poco de tanta filosofía barata o de tanta filosofía de mercadillo en una mañana de Domingo y vayamos al puto grano de la cuestión...Lo pasé de puta madre. Disfruté como un jabato que sale de su propio cuerpo y se convierte en un alien todo animal y todo extraterrestre. Sentí la caricia del viento marino en mi dura piel de terciopelo. Me quemé un poquito bastante y ahora estoy un poco achicharrado, pero sin llegar a tener el tufillo de carne asada a la parrilla. Tengo ese color que se mueve entre lo blanco y lo negro, pero que tampoco es gris y porque es un poco tirando a rojizo oscuro con ciertos tiznes negruzcos y como sino me hubiera lavado en 10 años. Mi amigo, lo disfrutó como yo o más y porque debe ser la ostia el sentirse el amo del aparato o barco con el que estás disfrutando y navegando (debe ser como sentir una prolongación de tu cuerpo...). Sentirse patrón de yate y además, ser el poseedor del yate (aunque en realidad, no fuera un yate) debe estar entre los 10 mejores placeres del mundo. Primero están las Pirámides, segundo o tercero están las cloacas de Roma y en el décimo puesto se encuentra el tener el título de patrón de yate y da igual que sea un yate que una palangana con remos.
Éstas tonterías las escribí ayer y porque hoy es Jueves y día 31 del mes de Octubre. Anuncian lluvia o lluvias. Hoy día nublado tirando a gris tostado y con alguna nube negra que para mi, ni siquiera amenaza con nada. Son nubes que se han quedado con la carcasa negra pero por dentro están vacías de contenido. Hoy leí un artículo que decía que en el mar mediterráneo la reducción de lluvias ha sido un 20% más que en el resto del planeta y que por eso nos van a arrasar los mosquitos tigre y con ellos vendrán ese tipo de enfermedades llamadas tropicales (que hasta ahora no se habían establecido por estos lares). Penoso, es penoso lo que hemos hecho los humanos con nuestra tierra y lo peor de todo es que no aprendemos e iremos a la puta Luna o a Marte y una vez instalados en uno de sus cráteres, de inmediato pondremos una fábrica contaminante para adornar convenientemente el nuevo paisaje lunático y para llenar nuestros pulmones de parecido aire contaminado que hasta hace poco respirábamos.. A éstas alturas de la película ya no sé si podremos vivir sin contaminarlo todo...Y como buen ejemplo de lo que digo, sólo hay que ver lo que coño han hecho con el Mar Menory una magnífica bahía la han convertido en un estercolero o en un cementerio de todo lo vivo..

LAURA WITTNER

El viento abrió las puertas delbalcón
y en un segundo hizo volar por el living
un río de escombros,
todo lo que está suelto
todo lo apoyado en superficies:
cartas de Cars, peladuras de lápiz
expensas, papel crepé en bollitos
dibujos con y sin dedicatoria
un estíquer, un clip desenrollado.
Rugía, ese viento,
traía lluvia frenética:
salimos a gritar por el balcón
mis dos hijos y yo
porque fue un año duro
y pensé que nos lo merecíamos.

Ana María Matute.


 “Y le amé como nunca había amado a nadie antes, ni después, ni nunca. Porque aquel deslumbramiento doloroso solo duró unos minutos y, desapareció. Como todo en mi vida, siempre a punto de atravesar el umbral de algún paraíso, donde nadie logró entrar, ni lo logrará jamás, el inhabitado paraíso de los deseos".

KARMELO C. IRIBARREN. "Motivos para la esperanza".

 


Ese inmenso dolor. Blog "The Oil Crash"

 God and Sorrow - Sunrise Chapel

Queridos lectores:

La opinión pública española está consternada. Un nuevo accidente ferroviario, en la línea de Alta Velocidad, vuelve a dejar decenas de muertos. Un suceso absurdo, en cuya génesis se encuentra el fallo de los sistemas de seguridad de la circulación ferroviaria (un fallo bastante frecuente, como se deduce de las palabras del ministro - 170 fallos en lo que va de año) combinado con el error de un controlador que probablemente sucumbió al estrés.

A diferencia de los accidentes de avión, los accidentes de tren tienen algo que nos iguala a todos: todos tenemos la experiencia de coger un tren. No podemos evitar sentirnos identificados con las víctimas. Cualquiera podría ser nuestra hermana, nuestro padre, o nosotros mismos. Yo mismo, que cojo mucho el tren, no puedo menos que sentirme muy identificado; de hecho, yo tenía que coger un tren de la misma línea que se ha accidentado el jueves de la semana que viene para ir a Málaga - obviamente, he cancelado ese evento, ya que la línea tardará muchas semanas en estar operativa. Empiezo a escribir este post desde otro tren, de la línea que va a Figueres. Cuánta gente no pensará estos días: ¿son los trenes seguros? ¿no vendrá la muerte a sorprenderme, a mi o a los míos, el día menos pensado?

Esa insoportable cercanía nos hace sentir, más que en otros casos, el dolor de las familias de las víctimas como un dolor propio. Y ese dolor inmenso, cegador, nos hace preguntarnos por qué, por qué estas muertes sin sentido, por qué este dolor innecesario.

Por qué. El marido de una de las víctimas hacía una reflexión impecable que han recogido algunos medios (después, según contó, de llorarla durante dos días, y seguramente los que aún le quedan). La culpa de estas muertes evitables, razonaba, es del capitalismo de la prisa, de esa incesante vorágine que agita cuerpos y cosas, ese ir y venir sin parar y sin sentido, con el solo objetivo, ridículo cuando uno lo reflexiona dos segundos, de incrementar los guarismos de una cantidad abstracta a la que llamamos capital. Los amos del capital, los amos del dinero, exigen más y además más deprisa, para al final romper las vidas de las personas, consumiéndolas lentamente en el sobreesfuerzo continuo que se nos exige y, ay, a veces de manera violenta, como ha sido este caso.

Nos dicen que esta tragedia ha sido el resultado de un fallo humano. Yo digo que no lo es. Es una pésima ingeniería aquella que depende de que nadie cometa un error; pero estoy seguro de que el diseño del sistema no tenía una ingeniería pésima, sino una completamente correcta. El problema no ha sido la ingeniería del sistema, sino cómo se ha usado. Y se ha usado de esa manera cutre y peligrosa simplemente porque el capital lo ha exigido, para maximizar beneficios, para recortar costes. Se han metido más trenes sin aumentar el mantenimiento en la suficiente medida, se ha "externalizado" la gestión de la infraestructura a empresas privadas que, a su vez, buscaban subcontratas más baratas, siempre con el objetivo de maximizar el beneficio y minimizar el gasto. Y, con el beneplácito de los sucesivos responsables políticos que han permitido este atropello, se ha cargado el peso del sistema sobre unos trabajadores con una plantilla menguada pero con una responsabilidad abrumadora. En suma, se ha sometido el sistema ferroviario a un proceso de cutrefacción, como siempre en aras del mayor beneficio del capital. Pero la cutrefacción mata, como hemos comprobado una vez más.

El caso es que vivimos en una sociedad cutrefacta, como corresponde al estadio de necrocapitalismo terminal en el que ya estamos. Y por eso muere de manera estúpida, innecesaria y cruel tanta gente.

Por ejemplo, este verano, se estima que han muerto en Europa más de 50.000 personas por culpa del calor, casi 5.000 de ellas en España. Esa gente ha muerto en última instancia por la cutrez de nuestro sistema de protección social, que no ha sabido preocuparse de buscar y proteger a la población en riesgo, pero en primera instancia por la cutrez de un sistema económico que tiene que crecer a toda costa aunque eso suponga quemar cantidades crecientes de combustibles fósiles. La depravación moral de nuestro cutre sistema económico, con tal de crecer, hace que sigamos emitiendo CO2 como si no hubiera mañana, y si seguimos así, efectivamente, no habrá mañana. Estamos degradando de manera irreversible nuestro hábitat, el único que tenemos, por pura cutrez intelectual y moral.

¿Cuánta gente muere y enferma por razón de unas condiciones laborales cada vez más degradadas? ¿Cuánta vida se pierde intentando sostener esta muerte, esta fuente inmensa de entropía?

Y ahora miremos más allá de nuestro ombligo. ¿Cuánta gente muere en otros países, sobre todo en el Sur Global, para mantener este glorioso sistema cutrefacto?
¿Cuánta gente muere en minas insalubres e inseguras? ¿Cuánta hay trabajando en fábricas durante jornadas inacabables, extenuantes, y sin protección, expuesta a sustancias tóxicas? ¿Cuánta gente es asesinada por defender los derechos de sus comunidades y que no les roben la tierra, el agua y el aire? ¿Cuántos son forzados a malvivir en barrios infectos de ciudades cutrefactas para ganarse un jornal de miseria? ¿A cuánta gente se mata así? Y de toda esa gente, ¿cuántos son niños y niñas? ¿A cuántas personas se les ha robada su infancia?

Con tan solo asomarse al abismo insondable de la miseria y cutrez de este sistema económico, con nuestro sentimiento de empatía humana activo, es imposible no sentir una oleada de dolor embriagadora, un dolor de proporciones universales, un dolor inmenso. Por qué este sufrimiento. Para qué este estúpido, maldito, malvado sufrimiento.

Por eso uno de los procedimientos de cutrefacción más importantes para el mantenimiento de esta sociedad es la anulación de la empatía. "Lo que pasa en otros países está demasiado lejos" (aunque sus materias primas y productos los consumimos aquí). "Pobre gente, cómo les cuesta salir de la pobreza" (en la que les hemos sumido). "El problema es que siempre tienen dictadores" (puestos por nuestros gobiernos y nuestras empresas). "Ya era mayor, es natural que se muriera" (decidiendo sobre la vida y muerte de otras personas). "La gente joven solo sabe quejarse, que trabajen" (en trabajos cada vez más precarizados). "La vivienda está cara porque hay mucha demanda" (y está controlada por grandes capitales que la acaparan para garantizar su retorno económico)...

Así conseguimos no sentir ese dolor. Ese dolor que es inmenso porque afecta a tantas personas, a la mayoría de la Humanidad.

Pero cuando pasa lo del tren, ahí sí que no se puede disimular. Ahí sí que es imposible no sentir el dolor, porque no hay excusa moral para no ponerse en el lugar de esa pobre gente que ha muerto por culpa de un sistema estúpido que todo lo devora para nada.

Ahora mismo en España estamos en pleno proceso electoral. Un proceso cutrefacto, como todo lo demás. Discusiones de mierda sobre asuntos de mierda, siempre intentando desviar la atención de lo importante. Si hablamos de vivienda, metemos cuestiones que no vienen a cuento. El Cambio Climático y el Niño que viene, ni mentarlos. La desigualdad social, la pérdida de oportunidades, la inflación, la precarización... No, de nada eso se hablará.


Mi tren llega a la estación, por fin a casa. Aún estoy vivo. Es como para dar gracias, en los tiempos fríos, oscuros y cutrefactos que corren.

Pero no puedo dejar de sentir ese dolor. Ese dolor inmenso...

Salu2.
AMT

HANNA ARENDT


 

Anne Carson, La belleza del marido

"Mi marido mentía acerca de todo.
Dinero, reuniones, amantes,
el lugar de nacimiento de sus padres,
la tienda donde compraba las camisas, la ortografía de su apellido.
Mentía cuando no era necesario.
Mentía cuando ni siquiera era conveniente.
Mentía cuando sabía que sabían que estaba mintiendo.
Mentía cuando mentir rompía sus corazones.
Mi corazón. El corazón de ella. A veces me pregunto qué pasó con ella".

IRENE VALLEJO


 

QUE SÍ...QUE COMEMOS MIERDA

Estoy yo como para que todo me produzca Cáncer y es que la OMS nos avisa y creo que a veces nos machaca demasiado (aunque ya sé que nunca es demasiado). De todas formas esto ya lo sabíamos, sabíamos que comíamos mierda prefabricada, que las lechugas son de plástico pintado de verde, que la carne es de rata o de megarata y procedente de laboratorios donde con ellas se ensaya y para que engorden como cochinos, que la fruta no es fruta, son frutas perfectamente contaminadas, pues de tanto herbicida y pesticida y de tanta mierda bendita que le dan para parecer fruta sana, ya ni sobreviven los gusanos que en otros tiempos, eran un dato demasiado importante y que nos demostraban que era buena fruta. Que hay yogures que puede durar meses sin tener que conservarlos en frío y porque ni llevan leche ni nada parecido. ¿Y los tomates, y los zumos naturales? y una larga lista sin fin.
Que comemos mierda ya lo sabíamos desde hace mucho tiempo y que tanto envasado y que tanta fruta fuera de época, tiene sus consecuencias y para eso, no hacía falta que nos lo dijera la OMS. Nosotros ya lo sabíamos, otra cosa es que nos hiciéramos los ciegos y tontos y porque si te pones demasiado pusilánime, te pondrías en ayuno total y absoluto y por la simple razón, que no podrías comer nada. Y que me perdonen los que comen a lo ecológico y que me perdonen pòrque lo que comen también está envenenado, sólo que lo menos menos o mejor disimulados. Esos productos también llevan al cáncer y a la muerte, pero más lentamente.
Además la solución no está en que haya remedios para las minorías, la solución está en la globalidad y para eso había que cerrar el chiringuito y empezar de nuevo pero con verdaderas costumbres sanas. Volver a los árboles frutales auténticos y reclamar sus gusanos, sus deformidades y reclamar su verdadera fealtad y que la lechuga vuelva a ser de fibra y no de corcho insaboro, que los zumos sean naturales y como la vida misma, que los yogures caduquen de verdad y porque llevan leche, que los tomates maduren en su mata y que la carne no esté hormonada e hinchada. ¿Es tanto pedir?. Pues me temo que sí, porque a muchas personas les gustan las hamburguesas (que vete tú a saber de que carne están hechas) y porque a otros les gustan comer las uvas en las Navidades (que es cierto que hay una cepa que da uvas sobre esa época, pero nunca la dan en esa cantidad) y además y si vas cansado, ahora te embotas de líquidos y vitaminas energéticas, que estoy seguro que también producen cáncer, un cáncer que será galopante y por tanta energía que llevan . galopante.

Elvira Sastre

 
"Espero que leas
lo que no te escribo."










José Saramago


 "El único milagro que podemos hacer es seguir viviendo, defender la fragilidad de la vida día a día".


José Micard Teixeira. " LA VIDA NO SUCEDE DENTRO DE LOS MÁRGENES"

Desconfío de las vidas excesivamente organizadas, de aquellas en las que cada decisión necesita una justificación, cada paso una garantía y cada deseo una autorización. No porque considere que la prudencia sea un defecto, sino porque existe una frontera muy tenue entre saber cuidar de la propia vida y pasar toda la vida protegiéndonos de vivir. En algún momento comprendemos que podemos hacer todo lo que aparentemente es correcto y, aun así, sentir que algo se nos ha escapado. Cumplimos expectativas, evitamos riesgos, elegimos caminos seguros, procuramos no decepcionar a nadie. Pero ¿de qué sirve construir una existencia irreprochable si, para mantenerla, tenemos que amputar todo aquello que nos hace verdaderamente vivos? Una buena dosis de locura no significa irresponsabilidad, ausencia de límites o desprecio por las consecuencias. Significa tener el valor de contradecir la versión de nosotros mismos que los demás han aprendido a reconocer. Es decir no cuando todos esperan un sí, marcharse cuando quedarse sería más cómodo, empezar sin garantías, desear sin pedir disculpas y aceptar que algunas de las experiencias más importantes de nuestra vida no caben en ningún plan. Lo más inquietante es comprender que, muchas veces, no dejamos de hacer aquello que deseamos por falta de posibilidades, sino por miedo a parecer ridículos, incoherentes o imprudentes. Preferimos ser aceptados en una vida que no nos representa antes que correr el riesgo de ser juzgados por una vida que finalmente nos pertenece. Esa es una de las formas más silenciosas de seguir existiendo sin permitirnos nunca sorprendernos a nosotros mismos. Una vida sin cierta dosis de locura puede incluso ser segura, admirable y socialmente bien aceptada. Pero si nunca nos obliga a salir del personaje que hemos construido para agradar a los demás, quizá solo estemos representando una vida que alguien eligió por nosotros. No nacimos para pasar la vida demostrando que sabemos vivir. También nacimos para descubrir hasta dónde somos capaces de atrevernos a ser nosotros mismos.

MI ISLA DEL AIRE

Al fondo está mi Isla del Aire. Se distingue por la belleza de su silueta y por el Faro encendido en medio de la tormenta. De día se puede ver que el faro está vestido con su pijama de rayas blancas y negras que a su vez, se van intercalando en un orden estricto (ahora blanco, ahora negro...). Y el rayo rasgando a su libre albedrío la cúpula celeste (que aquí, parece morada). Mi Isla del Aire, que no es mía, pero que yo me la hago mía y porque dada su belleza no me quedaba otro remedio que hacerla mía. ¡Hombre!...su nombre también tiene su parte y ¿como puede ser una Isla hecha de aire?...Pues ésta está hecha de aire y de versos escritos a la luz de su hermoso faro o como ya dije en su día...y de esas lagartijas negras como el azabache y que son autóctonas de ésta diminuta Isla que a su vez pertenece a ésta otra pequeña isla. Ellas existen a millones y al dar un paso sobre otro, hay que tener mucho cuidado y por el peligro de que pises unas cuantas. Son ágiles y rápidas. Son voraces y competitivas, pues por una miga de pan luchan agresivamente y mostrando músculo de frío acero.
Bueno... la isla, la noche, el Faro, el cielo rasgado por los rayos, el mar oscuro pero un poco iluminado por el rayo...... y yo me veo en el medio de la Isla atrapado por millones de Lagartijas negras que de cada vez me parecen más extraterrestres y más dispuestas a comerme entero y tal y como en una foto que tengo por ahí, se comen un mendrugo de pan y empezarían por los pies y para lo último dejarían mi cabeza reseso y como si por ellas no hubiera un mañana y porque dentro de su negrura veo la oscuridad de sus pensamientos e ideas y por eso sé, que me dejarían ver todo el espectáculo previo a mi muerte. Muy bien, yo firmo por su conservación y donde haga falta, pero que nadie me pida que pase una noche con ellas. Tienen dientes en sierra y sus dientes son de la textura del acero y una pierna de las mías se la comerían como mucho, en un par de horas...y sumando y sumando piernas, brazos, estómago, hígados, intestinos y demás... yo creo que en una sola noche dejarían mi esqueleto libre de piel, carne y órganos...y entonces sí y entonces yo pasaría a ser parte (mi esqueleto) de la atracción para los guiris que para nuestra desgracia, cada día nos invaden un poco más...

JOANNA MACIEJEWSKA


 

Dí, que cuando nos muramos nos seguiremos viendo.

Dí, que cuando nos muramos

nos seguiremos viendo.

Porque en ésta vida no nos vimos demasiado

unos cuantos años cuando aún te crecían las tetas

y a mí se me ponía voz grave de hombre

pero de repente todo se quebró

y porque nada era como imaginábamos que iba a ser

porque confiar en alguien ciegamente

era una burda y puta mentira

y cuando hasta aquél momento, 

había sido uno de los pilares de nuestra vida.

Y así se cayó el primer telón.

Y sin darnos cuenta

empezamos la carrera de la maldad

primero, aprendimos a mentir sonriendo,

a poquitos y de vez en cuando

segundo, adornamos la mentira con un caparazón teórico

y para justificar lo injustificable

y le añadimos fuegos artificiales para que todo esto pareciera

 un mundo feliz.

En tercero, aprendimos a reírnos

del que se iba quedando atrás

y nos insistían siempre con el mismo tema

no puede ser que te hayas quedado colgado de esa persona

y de esa manera tan bestial

y mira a tu alrededor

hay cientos como ella o mejores.

Al final de carrera

y después de haber pasado por cientos de relaciones

te daban el título honorífico de tío maduro

pero aquella persona a la que en su día realmente quisiste

ya no estaba allí y porque la habías dejado escapar.

ANTONIO MACHADO. "Ahora"


 

Fernando Portolés Reboul

Los días que tocaba gimnasia intentaba tener fiebre. O, por lo menos, que lo pareciera.
No tenía habilidades deportivas. Mi mayor logro era la voltereta. Pero el plinto me aterraba y cuando se formaba la cola para saltarlo, intentaba quedarme el último por si me libraba. En las carreras alrededor del patio siempre me rezagaba y hacer el pino era un imposible para mí.
Por eso, cuando tocaba educación física, me levantaba arrastrando los pies, con los ojos entrecerrados y forzando una tos falsa que sonaba limpia como un violín.
- Mamá, creo que tengo fiebre - balbuceaba artificialmente, entrando en la cocina y poniéndome la mano en la frente.
Pero debía ser un actor malísimo porque mi madre siempre respondía lo mismo sin mirarme siquiera.
- Ni fiebre ni fiebra. Ponte el chándal, que se hace tarde.
- Pero, mira, tócame la frente, ya verás - insistía yo.
- Que te vistas.
Y acababa en gimnasia colgándome de las espalderas o jugando al balón-tiro.
Alguna vez conseguí que mi madre me pusiera el termómetro.
- Te lo pongo y después te vistes - decía, apagando mis ilusiones - Cinco minutos. No te muevas.
Pero en cuanto ella salía de la habitación, me lo quitaba y le echaba el aliento en la punta de mercurio para que subiera la temperatura. Naturalmente, aquello no funcionaba. Otras veces lo frotaba contra la sábana. Tampoco.
- Acércalo a una lámpara - me dijo uno de clase al que llamábamos el Cuco y que se sabía todas las trampas de la vida.
Pero yo nunca me atreví a hacerlo. Siempre me acordaba de Sergio, un compañero de los primeros cursos, al que le faltaba un dedo de la mano derecha.
- Me lo quemé por tocar una bombilla - me contó una vez.
Otros días me levantaba de la cama doblado por la cintura y agarrándome la tripa.
- Es que me duele mucho el estómago, mamá - gemía yo, mientras de reojo veía suspirar a mi madre poniendo los ojos en blanco y mirando al techo.
Entonces ella me tocaba la frente. Como si ahí estuviera la respuesta a todo. Porque en mi casa lo único que te libraba de ir al colegio era tener fiebre. Ese era el criterio único e inamovible. Si no tenías más de treinta y seis y medio, ya te podía haber arrancado el pie un tractor que no te librabas de ir a clase.
Pero sucedía que, a veces, tenía fiebre de verdad. Porque me acatarraba. Entonces los ojos se me ponían brillantes y las mejillas encendidas. No hacía falta disimular ni pedir el termómetro. Sonaba una tos seca y áspera, como el hollín de una chimenea. Se me quitaban las ganas de desayunar y me invadían las náuseas.
Y todo eso acababa en lo que más odiaba del mundo: una manzanilla. Remedio para todo.
- Tómatela - me decía mi madre dejando una taza humeante de agua amarilla sobre la mesita de noche.
- Es que no me gusta, mamá - decía yo con ojos de derrota.
- ¿Estás malo, no? Pues tómatela antes de que se enfríe - respondía ella inflexible.
Creo que aquellos resfriados de la infancia están detrás de mi fobia a las infusiones.
En fin, que no hay quien engañe a una madre y acabé aceptando el mal menor y yendo a gimnasia sin protestar.
Quién me iba a decir a mí que, después de tantos años, echaría de menos aquellos nervios delante del plinto. O los consejos del Cuco, aquel tunante pecoso de pelo negro. O la visión panorámica, desde la cama, de las ventanas del edificio de enfrente. Con fiebre de verdad.
Sí, hay días que lo echo de menos todo.
Menos la manzanilla.
Feliz fin de semana.

LA LUNA...

No existe nada ni nadie más allá del espacio tiempo, no sé lo que tengo que hacer fuera de hora o fuera de sitio y además, sin control ning...