Amalia Bautista


 

CARTA DE DESPEDIDA DE MI JUBILACIÓN


 No quiero morir en este acto u homenaje y porque no quiero morir con las botas del trabajo puestas. Que por cierto tengo el extraño y raro mérito, de no haberlas llevado nunca puestas y cuando digo, nunca es que es nunca y punto y pelota. Y por ese hecho nadie me ha concedido una medalla al mérito de vivir camuflado. Yo no sé como despedirme de vosotros, no sé si debo despedirme así a la bravo o simplemente deciros, que os quiero, pero y pero...también os podría mandar a donde ya sabéis y espero no volver a veros hasta que estemos todos juntos en el puto infierno. Muchas veces pensé en que podía decir en el día de mi despedida y una cosa siempre me quedó muy clara, ser personas dignas y por encima de todo. Ser honestos con vosotros mismos. Ser solidarios en un mundo profundamente insolidario. Ser buenos médicos, enfermeros y técnicos y no ser tan gilipollas como lo habéis sido hasta ahora. Sed dignos, hasta la extenuación. Y ser utópicos hasta la médula y pensar que somos seres humanos y que por encima de todo lo somos. Sé que pensáis que os queda mucho para llegar a donde yo estoy y la verdad os la voy a decir a la cara, no queda nada. Un día te despiertas y te das cuenta de que eres un médico atontado y virgen de todo y al otro día, te llaman de usted y usted perdone señor doctor.

Nadie nació sin pecado y porque al parecer el pecado vive con nosotros. Y todas esas inmensas preocupaciones que muchas noches nos atormentan, visto desde arriba y desde el espacio sideral, son migas de pan dentro de nuestro universo. O sea, hay que aprender a relativizar todo lo que aprendimos, todo lo que pensamos y todo lo que piensan los demás sobre nosotros. Habéis sido buenos compañeros, no todos claro, si no no estaríamos en el planeta tierra y estaríamos hablando de esto mismo, en el  cielo. Yo siempre anduve a mi nivel, a veces más bajo que el vuestro y en otras, mucho más alto y más alto no por nada, sino que era como yo lo sentía y por eso es bueno saber que te has equivocado muchas veces, que te has pasado tres pueblos, que no has frenado a tiempo, que has confundido ciruelas con peras y que del amor no solamente vivimos. También vivimos del aire que respiramos y del que nos da la santa paciencia. Esa es otra, tener paciencia con todo lo que os lleváis entre manos.  Y del amor ¿qué os puedo contar?. Del amor es muy difícil hablar y menos ponerse a dar consejos y gratis y por la cara.

Hemos ejercido de todo, hemos sido psicólogos de poca monta, arquitectos de obras sanitarias, bomberos cuando ellos no llegaban y cuando no era recomendable meterse en terreno ajeno pero ahí estábamos, también hemos sido falsos policías, bueno, algunos más que otros. Yo, poco lo he sido y porque nunca me he fiado de los uniformes con pistolas y tener cuidado pues de cada vez váis más uniformados y después, vienen órdenes disfrazadas de consejos de buenas prácticas y protocolos que vienen directamente de Marte y porque allí eran como el SAMU de Madrid o el SEM de Catalunya o el 061 de Sevilla y donde además, comían unos muy buenos chicharrones. Y no joderme con preguntas sobre el futuro y que haré a partir de ahora, primero porque no os lo voy a contar y segundo porque mi vida es mía y sobre eso no puedo dar consejos, ni pautas, ni protocolos, ni mensajes subliminales sobre lo que será mi posible futuro.

Entendéis el lenguaje de signos, no lo entendéis, pues yo tampoco. Y por eso no pasa nada, no nos entendemos hablando, ni soñando, ni riendo pero puede que nos entendamos por esa maravillosa sonrisa que nos hace ser más humanos. Sonríamos (pero no siempre y porque nos haremos bobalicones y gilipollas) y pensar que vuestro trabajo es maravilloso (esto es para animar al personal). Siempre hemos sido pocos, siempre hemos chupado calle con todos sus marrones y ante ello, hay que ser valientes, decididos y sobre todo ser, mejor personas.

Mi último consejo, ser auténticos y verdaderos. No mentir a los compañeros y en tal caso y si hace falta, poneros de perfil, pero no chivaros de los fallos de los demás, salvo si se lo tienen merecido por ser malas personas y peores médicos o enfermeros o técnicos. Existe el karma y el karma cuando viene es muy jodido de asimilar y si el karma se ha vestido de mala praxis, es mejor abandonarse y retirarse a una secta que tiene como lema el olvido. Hay una en las Alpujarras en que te tienes que vestir de budista y creer que un chaval de la zona, se reencarnó en un monje budista de alto rango y condición, después lo endosiaron tanto que al final, acabó cerrando todas las discotecas de Ibiza.

Así que no pensar que hoy es mañana y que mañana seréis mejores por vuestra cara bonita. No aplazar las cosas, no aplazar las decisiones. Ser o no ser, esa es la cuestión. Y la vida es tan corta que a veces no nos da tiempo, a ser. Tenerlo en cuenta y mañana ser lo que queréis ser y no esperar a pasado y porque pasado puede ser demasiado tarde. Menudo coñazo os he metido...pero así es la vida y este cuento por fin se ha acabado.

















 

¿SOMOS NÚMEROS?

                                                Y que pasa si un día te despiertas y te das cuenta que todas tus fortalezas se han convertid...