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| Pensaba poner una foto de un Polígono, pero me disteis pena. |
Ahora resulta que han mejorado la llegada a ésta isla, desde el
aeropuerto, digo. O sea que te bajas del avión y alucinas por todas las
esquinas, hasta la hierba salvaje o silvestre está cortada al ras y todo
está en su sitio, las piedras, los árboles, los pajaritos y hasta las
tortugas. Y claro, en la primera rotonda que te atopas, ya te encuentras
con un carril bici, que si uno se fija un poco, llega hasta ahí, hasta
esa rotonda y el que viene en bici desde el pueblo, de repente es
vomitado de nuevo a la carretera. Lo malo de su postalita, de la
postalita que te ponen, es que los guiris tienen que pasar si o sí, por
el medio de un polígono, el que está a la entrada de Mahón y esa vista
tan vistosa crea todo tipo de situaciones traumáticas. Los polígonos
tienen su aquél, sus características propias y su urbanización tan linda
y prodigiosa. El arquitecto que hizo el primer polígono, debió quedarse
calvo de tanto pensar, menudo estropicio urbanístico, que jardines más
bonitos, que estructura de las naves, que fachadas y que bien pintadas y
eso si que es arquitectura de verdad, lo demás son puros cuentos.
Los polígonos están diseñados todos igual, dá igual un polígono de
Cádiz, que uno de Madrid o que uno de Sevilla, salvo por el tamaño, en
el resto son puras fotocopias. Están hechos con cartabón y un
tiralíneas, pues en los polígonos no hay curvas, todo es recto y lineal,
más o menos como la cabeza de su creador celestial. La idea está clara,
nada de florituras superfluas y llega con un cartel luminoso y después
directo y al grano, lo que se vende está allí y en la misma planta, está
a granel o a montones. pues se trata de eso de vender mercancía y que
esta te entre por los ojos, porque por lo demás, por lo adornadas que
están las naves y lo frescas que son y lo aireadas y por tanto desbordan
comodidad, pues sencillamente no entraría nadie. Pero bueno, más
directos imposible, tú vas a comprar algo y eso algo está y está
delante de tús narices y si no lo ves, es que vas ciego y eso es lo que
importa.
Y los bares de los polígonos, todos ellos
hechos con ese aire tan cutre y pragmático. Suelen ser de comedores
amplios y puestos en plan comedero o abrevadero, que viene a ser lo
mismo, o sea con sillas y con mesas y manteles de plástico de cuadros de
colores y de vez en cuando de sus paredes cuelga, algún almanaque con
tías en pelotas. Los anuncios del menú del día están por todas partes y a
precio muy barato. La comida suele ser de cuchareo, de la que llena y
rellena y acompañada de una buena jarra de vino tinto y en compañía de
una gaseosa. Al final de la comida sales como una pelota hinchada, a
causa de los gases que produce el cuchareo. Y si pides un bocata, éste
será bocata de polígono, grasa a espuertas y chorreante y todo metido en
un pan más grande que tú zapato.
Así es
la vida en los Polígonos industriales, bueno por lo menos lo era antes
de la crisis, ahora el sueldo no nos dá ni para poder comer de cuchareo.
¿qué sería de nuestra existencia sin los Polígonos?, prefiero ni
pensarlo, pues si lo pienso, creo que me sucidaría