Carmen Martín Gaite

 “A veces pienso que se miente por incapacidad de pedir a gritos que los demás te acepten como eres. Cuando te resistes a confesar el desamparo de tu vida, ya te estás disfrazando de otra cosa, le coges el tranquillo al invento y de ahí en adelante es el puro extravío, no paras de dar tumbos con la careta puesta, alejándote del camino que podría llevar a saber quién eres”.

UNA PEQUEÑA HISTORIA MÁS


En 1930, unos hombres desembarcaron en una isla casi siempre rodeada de hielo, al este de Svalbard y encontraron los restos de una expedición desparecida 33 años antes.

Entre los objetos había cámaras y rollos fotográficos.
Cuando lograron revelar aquel material, comenzaron a aparecer imágenes tomadas por hombres de los que nadie había vuelto a saber desde 1897.
La historia había comenzado el 11 de julio de ese año.
El ingeniero sueco Salomon August Andrée quería alcanzar el Polo Norte de una manera que entonces parecía tan audaz como incierta: volando sobre el Ártico en un enorme globo de hidrógeno llamado Örnen, “El Águila”.
Lo acompañaban Knut Frænkel y Nils Strindberg, un joven físico y fotógrafo encargado de documentar la expedición.
Partieron desde Danskøya, en el archipiélago de Svalbard.
Los problemas comenzaron casi inmediatamente.
Durante el despegue perdieron gran parte de las largas cuerdas que debían arrastrarse sobre el hielo para ayudar a controlar el rumbo y la altura del globo. Después llegaron la niebla y la humedad. El hielo comenzó a acumularse sobre la envoltura y el Örnen fue perdiendo capacidad para mantenerse en el aire.
Los hombres arrojaron lastre y parte del equipo.
Sirvió durante un tiempo.
Después de 65 horas y 33 minutos, el 14 de julio, el globo terminó sobre la banquisa, a unos 480 kilómetros del lugar desde donde había partido.
El intento de alcanzar el Polo Norte en el aire había terminado.
La lucha por regresar acababa de comenzar.
Andrée, Strindberg y Frænkel organizaron trineos, provisiones y una pequeña embarcación. Pasaron aproximadamente una semana junto al globo preparando la marcha y después comenzaron a arrastrar cientos de kilos de equipo sobre el hielo.
El problema era que el suelo bajo sus pies también se movía.
Mientras avanzaban en una dirección, la deriva de la banquisa podía empujarlos en otra.
Durante semanas caminaron, arrastraron los trineos, cazaron focas y osos polares y buscaron una ruta hacia algún depósito de suministros o tierra segura.
Y Strindberg siguió tomando fotografías.
Fotografió el Örnen derrumbado sobre el hielo.
Fotografió los campamentos.
Fotografió a sus compañeros tirando de los trineos sobre una superficie que parecía no terminar nunca.
Aquellas imágenes no estaban destinadas a convertirse en las últimas fotografías de tres hombres.
A comienzos de octubre consiguieron alcanzar Kvitøya, la Isla Blanca.
Allí termina la historia que pudieron contar ellos mismos.
Las últimas anotaciones conservadas pertenecen a ese mes. Poco después murieron los tres.
Nadie supo cómo.
Durante 33 años circularon teorías sobre el destino de la expedición. Se organizaron búsquedas y aparecieron supuestos avistamientos en distintos lugares del Ártico, pero no había una respuesta.
Hasta agosto de 1930.
La expedición noruega del barco Bratvaag llegó por casualidad a Kvitøya. El hielo había permitido desembarcar en un lugar normalmente difícil de alcanzar.
El 6 de agosto encontraron restos de un campamento.
Después aparecieron objetos personales, diarios y restos humanos. Nuevas búsquedas en la isla recuperaron más material de la expedición.
Entre aquello que había permanecido allí durante tres décadas estaban los rollos fotográficos de Nils Strindberg.
El material estaba deteriorado.
John Hertzberg, especialista en fotografía del Real Instituto de Tecnología de Estocolmo, recibió la tarea de intentar salvarlo.
De unas 240 exposiciones realizadas por Strindberg, consiguió recuperar imágenes de 93.
Entonces, en 1930, personas que habían nacido después de la desaparición de la expedición pudieron mirar por primera vez lo que aquellos hombres habían visto en 1897.
El globo sobre el hielo.
Los trineos.
Los campamentos.
Los rostros de quienes todavía intentaban regresar.
Los diarios permitieron reconstruir sus movimientos.
Las fotografías hicieron algo diferente.
Durante 33 años, Andrée, Strindberg y Frænkel habían sido tres hombres que desaparecieron en el Ártico.
Cuando sus rollos fueron revelados, el mundo pudo acompañarlos durante una parte del camino.

Vicente Zito Lema, El cuerpo de la pobreza (frag.)


"Hemos vivido y ahora podemos preguntar:
¿Quién habla del amor desde el desamor...?
¿Quién exige lo justo al que fue obligado a sobrevivir en la perpetuidad de lo injusto?
¿Quién trasciende la agonía cuando la soledad llama a la soledad?
¿Cómo pedir palabras al sufriente en su lengua cortada, decisión crítica al que fue saqueado hasta en su conciencia y obligado a bajar la cabeza hasta que sus ojos se confunden con el suelo y allí quedan?
¿Gestos de piedad a quien fue llevado a las rastras al matadero, como si allí lo esperara la pira de la bendición?
¿Qué fue de la dicha? ¿Cómo se perdió la inocencia prometida? ¿Acaso nuestra alma no daba para más…?
Las nubes… Las nubes… Esas nubes que mueven los cielos sin glorias…".

"Contra nadie". ROBE INIESTA.


No estoy contra ti.
No estoy contra ellos.
No estoy contra nadie.
Estoy contra la mano
que señala
y dice:
esto debes pensar,
esto debes odiar,
esto debes amar,
esto debes ser.
No quiero otro mundo.
Quiero poder mirar este
sin que nadie venga
a explicarme
por qué debería querer otro.
El mundo no me debe justicia.
La piedra no sabe de culpas.
El árbol no sabe de progreso.
La muerte no firma manifiestos.
Todo eso lo ponemos nosotros
sobre las cosas,
como quien escribe una ley
en el cuerpo de la lluvia.
Y después llamamos libertad
a elegir quién sostiene el lápiz.
Desconfío del poder
cuando viene con uniforme.
Pero también
cuando viene con una sonrisa,
una causa justa,
una palabra hermosa
y la promesa
de salvarme de mí mismo.
Porque he visto demasiadas veces
al libertador
convertirse en carcelero
cuando descubre
que su salvación
necesita obedientes.
No quiero un amo bueno.
No quiero un amo nuevo.
No quiero un amo
que me explique
que su cadena
es necesaria para mi libertad.
Contra nadie,
Hoy me he levantado contra nadie.
Ni siquiera contra el mundo.
Porque el mundo no necesita
ser absuelto,
ni corregido,
ni redimido.
Está ahí.
Brutal.
Hermoso.
Indiferente.
Y quizá mi única revolución
consista en esto:
que nadie pueda decirme
qué debo pensar
para pertenecer.
Que nadie me prometa
el paraíso
a cambio de mi obediencia.
Que nadie convierta
su idea del bien
en mi obligación.
No estoy contra nadie.
Estoy a favor
de que cada hombre
pueda estar solo ante el mundo
sin tener que pedir permiso
para verlo con sus propios ojos.
(Cada vez que alguien te prometa un paraíso, mira sus manos para ver si ya están empuñando las llaves de tu celda.)

(en la boca de la noche). YOLANDA PANTIN

 

El médico mira
dentro de mis ojos
me hace abrir la boca
Le cuento sueños
cruzaba una piscina con un niño al cuello
A veces me asalta
un hambre de miedo
devoro todo lo que encuentro a mi lado
El médico escucha
latir mi corazón
Asiente
con mucha seriedad
consulta un libro
encima de su escritorio
Estoy perdida
-Ya había mirado dentro de mis ojos-
Entonces
le cuento otro sueño
No todo mi corazón te ama
sólo la parte que está enferma.

UN ESTORNUDO Y EL AMOR

 En mi actual estado mental 

es de persona reconocer que soy demasiado poca cosa

y si hablamos de lo que soy dentro del universo

no soy ni una cagada de mosca alienígena. 

Soy tan simple como un estornudo

aunque es verdad que después de estornudar

me gusta que me digan ¡salud!

y sigo sin saber porqué

pero siendo honesto

tengo que reconocer que me gusta que me lo digan.

No todas las cosas que hacemos

o que deseamos hacer

las hemos sopesado antes

y por eso a veces

no sabemos muy bien el porqué las queremos.

Y después de un estornudo

y que me digan ¡salud!

es algo inexplicable.

Pero también lo es el amor

y nadie se lleva las manos a la cabeza

y cuando escucha un ¡te quiero!

y es más, primero uno lo escucha

y en segundo lugar, uno intenta devolver el cumplido

con otro, ¡yo también te quiero!.

Es de suponer que cuando uno dice ¡te quiero!

lo está diciendo sinceramente

y con el corazón en la mano

y que de alguna manera 

está esperando una respuesta por parte de la otra persona

y hasta que no escuchas

¡yo también te quiero!

no te quedas nada tranquilo.

Aunque todo esto es un caso hipotético

y donde de nuevo el amor ha triunfado.

Que no es mi caso, ahora

pero lo fue hace muy pocos años

 y ahora vivo de todos aquellos amores

de los antiguos y de los modernos

de los que acabaron fatal y de los que acabaron más o menos

 bien (los menos)

y porque bien del todo no acabó ninguno

y porque una rotura amorosa siempre hace más daño a uno

 que al otro.

No es tan simple como decir

te he dejado de querer y todo arreglado

y porque a lo mejor la otra persona

no siente lo mismo que tú

y ya sea porque te sigue queriendo

o le quedan restos de ese querer.

Claro que siempre será mejor decir la verdad a lo crudo

que quedarse a medias y acudir a un estado confusional

 difuso

y necesito un tiempo para pensarlo un poco más

y eso a sabiendas que por tu parte,  

esa historia ya estaba finiquitada desde hace tiempo.

Y porque si no lo estuviera

nunca dirías a la otra persona

te he dejado de querer.

MI VENTANA

 Usted junto a otros

entre los que yo me incluyo

procedemos de otros mundos

y yo particularmente tenía dos mundos

en otoño e invierno, era un niño de barrio

que iba a un colegio de curas

y si acababa pronto los deberes

tenía un par de horas para salir a la calle

y para juntarme con aquella pandi de impresentables

que más o menos tenían la misma edad que yo.

y en verano me transformaba en un niño que veraneaba

cerca de una playa preciosa de la que estuve muy enamorado

A unos 800 metros del mar o a menos de 5 minutos

tal y como les gustaba decir a mis padres

y para así indicar que estábamos a tiro de piedra de la playa

y la aldea que teníamos por detrás y a unos 300 metros

al parecer no nos incluía a nosotros

y aunque estuviéramos dentro de sus límites o lindes

la cosa consistía en demostrar que éramos veraneantes

que veníamos a disfrutar del sol, del mar y de la playa

y que todo lo demás no nos preocupaba demasiado

y porque al fin y al cabo, eran temas banales,

superfluos y que ya resolverían sus aldeanos.

Y lo mejor que tenía aquella casa de veraneo

era que estaba hecha de piedra de granito

y que desde la ventana de la habitación donde dormía

podía escuchar al mar como rugía

y casi todas las noches abría mi ventana

y oía su maravillosa melodía.

En fin, tuve esa suerte

y aún ahora y cuando escucho al mar de noche

me sigo acordando de mi ventana

y de todo aquél placer que me producía su hilo musical.

Era como un sedante para un gigante

me calmaba, me tranquilizaba, me enternecía

y a veces, hasta medio me dormía apoyado en la ventana

pero daba dos pasos y ya estaba tumbado en mi cama.

Su ventana

era todo el encanto que tenía aquella habitación

y porque por lo demás, era simple, austera y espartana

y había un pequeño armario, una mesilla de noche y la cama

y por supuesto, aquella hermosa ventana 

y desde la cual yo podía escuchar al mar en todos sus tonos.

Creo que fue la primera vez

que yo me enamoré de algo

y al principio lo llevé muy bien,

pero después, me hice adicto a aquella ventana

y si antes de irme a la cama

no había escuchado al mar

no podía dormir.

Y de ahí, vinieron mis primeras noches 

de insomnios y desvelos

y como a lo mejor me dormía una hora antes de tener que

 despertarme

me levantaba tarde y arrastrado

y entonces, tocaba la bronca con mi madre

y ¿como puedes estar tan dormido?

y que flojo eres y espabila de una puta vez.

 Pero la bronca mañanera con mi madre

estaba dentro de nuestro protocolo

y daba igual la causa o el motivo

y porque la iba a ver igualmente

y en eso, mi madre era infalible

y por la mañana aún lo era más.

A VECES ME ENTRAN GANAS DE...

 A veces me entran ganas

de destrozarlo todo

borrar mi pasado

aniquilar mi presente

anular mi futuro

y valorarme después.

Y si aún así ha quedado algo de mí

me demostraré a mi mismo

que estoy preparado para luchar bajo cualquier

 circunstancia.

Y si no ha quedado nada de mí

te daré las buenas noches

y apagaré la lámpara de mi mesilla de noche

y en ese silencio tan buscado, intentaré dormirme

aunque antes me daré un ánimo

con esa frase tan manoseada que viene a decir

"que mañana será otro día"

o hay otra que en estos casos también utilizo

"después del temporal siempre viene la calma".

La cuestión es no hundirse en la mierda

y que te sobrepase y que acabes ahogándote dentro de ella.

La cuestión es dejar a salvo algo de ánimo

y porque el estado de tu ánimo no solo depende de si está bajo

 o alto

porque si has dormido a gusto

si tus sueños han sido placenteros

y la mañana siguiente se presenta con un escenario precioso,

puede que con todo esto

tu ánimo haya mejorado

por lo menos un poco

y esperemos que sea lo suficiente

para que de nuevo puedas reír

o como mínimo, sonreír ante tanta negrura depresiva

sonreír ante tanto pájaro de mal agüero que te ha echado el

 mal de ojo

y si has alcanzado ese nivel de pensamiento vuelves a sonreír

y porque en ese mismo momento

te estarás dando cuenta

que los que no te quieren juntan sus fuerzas

para hundirte en la miseria y para que desaparezcas del

 mapa.

Siempre hay enemigos silenciosos

que tú no ves ni oyes

pero que ahí siempre están

y como aves de rapiña que son

esperan que les llegue el olor de tu cuerpo putrefacto.

Pues yo

y lo digo en plenas facultades mentales

no les daré ese gusto

y si me he quedado sin ánimos

me los sacaré de las muelas

o de la médula ósea

y porque jamás me dejaré vencer 

por ésta clase de Hienas.

MALTRATO ANIMAL

 


Éste es mi nuevo compañero de viaje: un gato negro, tuerto (le falta el ojo izquierdo), que en principio era muy arisco conmigo. Es de mi hijo mayor, que ahora vive en la planta de arriba y se trajo consigo éste hermoso ejemplar de gato. Al principio de todo, ni puto caso me hacía y yo tampoco, se lo hacía a él y porque yo no era muy de gatos y la verdad era que nunca había convivido con un gato y en esa ignorancia mutua estuvimos durante un mes. Pero poco a poco y día a día, el gato se fue acercando a mí y todos los días me pedía mimos, pero me los pedía tal y como hacen todos los gatos o sea cuando él quería pedírmelos y yo entonces valoraba si estaba en el momento de dárselos y porque a lo mejor tenía mis manos ocupadas en otra cosa o porque simplemente tampoco me apetecía dar mimos en ese momento. En eso soy tan gato como él. Él elige el momento de pedir mimos y yo elijo el mío para dárselos o no. Además si yo lo llamo en otro momento, el gato ni me mira, ni siquiera me hace el amago de que me esté prestando atención. Él simplemente sigue a su bola y entonces yo sigo a la mía. Pero claro, tantas horas juntos, tantas caricias que le he dado, tantas noches durmiendo a los pies de mi cama, al final crean vínculos especiales y ahora y de cada vez lo hace más, nada más que me siente en el sofá, él se acerca sigilosamente y se pone a dormir en mi regazo o justo a mi lado y para que lo llene de caricias y carantoñas. Al final, aquél gato arisco y huidizo se ha convertido en mi mejor amigo.

Las cosas que tiene la vida. Y yo era de los que pensaba que a mis 70 años muy pocas cosas me podrían sorprender y va un gato que ni es mío y me sorprende con esa forma de querer tan de ellos, extraña, rara, suspicaz, un tanto desconfiada e independiente...pero que sigue siendo una forma más de querer. A veces me acuerdo de mi infancia y de lo que eran para nosotros los gatos. Primero, abundaban tanto que había gatos a cada paso que dabas. Segundo, eran animales de calle y porque nadie los quería tener en su casa. Tercero, como éramos chicos de barrio había que maltratarlos y los cosíamos a base de pedradas y cuando no de balines con los que practicábamos nuestra puntería. Y nadie nos decía nada cuando les disparábamos o cuando les atábamos a sus rabos unas cuántas latas que en su tiempo, llevaban conservas. El gato estaba considerado como un animal de última fila y entre eso y otras cosas, así se les maltrataba. Pero de aquellas malas épocas a casi todos los animales se les maltrataba y por salvar a alguno, salvo a los perros o mejor dicho, salvo a algunos perros que cumplían con la función de animales de compañía y porque los perros de campo, los perros de caza y los perros sin pedigrí de alto abolengo, también se les obsequiaba con un maltrato en condiciones. Y salvo la excepción que expuse, todo el resto de animales sufrían maltrato: los Burros, las Cabras, las Gallinas, los Pájaros, los Cerdos y algún Caballo que otro que andaba suelto por ahí, eran objetos del maltrato más inhumano. Y todo esto se hacía porque sí y porque éramos unas bestias que carecíamos de Corazón y de sentimientos.

OLVIDAR, NO

 

Olvidar, no,
olvidar es luchar contra tu propia memoria
y con esa filosofía tan triste que más o menos dice
que lo que fue, fue...
y ahí está y ahí se debe quedar.
Y además, olvidar ¿qué?
que fuí olvidado con un esfuerzo desmesurado
o que me olvidé de que te había olvidado
y que no me acordé hasta el día de hoy
y para decir eso sería mejor no decir nada
salvo que no te importe la otra persona
o que de aquellas ya le tuvieras ganas
y mira por donde,
hoy me estoy dando un baño de venganza.
Olvidar, es quedarse vacío
es renunciar lo aprendido
y es renegar de todo lo vivido.

Amalia Bautista

 A veces es muy fuerte la tentación, las ganas de abandonarlo todo, de dejarse, que ya no son edades, ya no es tiempo, que ya está todo hecho, muy mal hecho. Es fácil la pereza y es difícil embarcarse de nuevo en la tarea de rescatar las ilusiones. Pero tu corazón, sigue latiendo mientras te deje el mundo. Hoy es el día, hoy es el primer día, y ya nunca seremos más jóvenes que ahora.

Carmen Martín Gaite

  “A veces pienso que se miente por incapacidad de pedir a gritos que los demás te acepten como eres. Cuando te resistes a confesar el desam...