“A veces pienso que se miente por incapacidad de pedir a gritos que los demás te acepten como eres. Cuando te resistes a confesar el desamparo de tu vida, ya te estás disfrazando de otra cosa, le coges el tranquillo al invento y de ahí en adelante es el puro extravío, no paras de dar tumbos con la careta puesta, alejándote del camino que podría llevar a saber quién eres”.
DESTELLOS
UNA PEQUEÑA HISTORIA MÁS
Vicente Zito Lema, El cuerpo de la pobreza (frag.)
"Contra nadie". ROBE INIESTA.
(en la boca de la noche). YOLANDA PANTIN
UN ESTORNUDO Y EL AMOR
En mi actual estado mental
es de persona reconocer que soy demasiado poca cosa
y si hablamos de lo que soy dentro del universo
no soy ni una cagada de mosca alienígena.
Soy tan simple como un estornudo
aunque es verdad que después de estornudar
me gusta que me digan ¡salud!
y sigo sin saber porqué
pero siendo honesto
tengo que reconocer que me gusta que me lo digan.
No todas las cosas que hacemos
o que deseamos hacer
las hemos sopesado antes
y por eso a veces
no sabemos muy bien el porqué las queremos.
Y después de un estornudo
y que me digan ¡salud!
es algo inexplicable.
Pero también lo es el amor
y nadie se lleva las manos a la cabeza
y cuando escucha un ¡te quiero!
y es más, primero uno lo escucha
y en segundo lugar, uno intenta devolver el cumplido
con otro, ¡yo también te quiero!.
Es de suponer que cuando uno dice ¡te quiero!
lo está diciendo sinceramente
y con el corazón en la mano
y que de alguna manera
está esperando una respuesta por parte de la otra persona
y hasta que no escuchas
¡yo también te quiero!
no te quedas nada tranquilo.
Aunque todo esto es un caso hipotético
y donde de nuevo el amor ha triunfado.
Que no es mi caso, ahora
pero lo fue hace muy pocos años
y ahora vivo de todos aquellos amores
de los antiguos y de los modernos
de los que acabaron fatal y de los que acabaron más o menos
bien (los menos)
y porque bien del todo no acabó ninguno
y porque una rotura amorosa siempre hace más daño a uno
que al otro.
No es tan simple como decir
te he dejado de querer y todo arreglado
y porque a lo mejor la otra persona
no siente lo mismo que tú
y ya sea porque te sigue queriendo
o le quedan restos de ese querer.
Claro que siempre será mejor decir la verdad a lo crudo
que quedarse a medias y acudir a un estado confusional
difuso
y necesito un tiempo para pensarlo un poco más
y eso a sabiendas que por tu parte,
esa historia ya estaba finiquitada desde hace tiempo.
Y porque si no lo estuviera
nunca dirías a la otra persona
te he dejado de querer.
MI VENTANA
Usted junto a otros
entre los que yo me incluyo
procedemos de otros mundos
y yo particularmente tenía dos mundos
en otoño e invierno, era un niño de barrio
que iba a un colegio de curas
y si acababa pronto los deberes
tenía un par de horas para salir a la calle
y para juntarme con aquella pandi de impresentables
que más o menos tenían la misma edad que yo.
y en verano me transformaba en un niño que veraneaba
cerca de una playa preciosa de la que estuve muy enamorado
A unos 800 metros del mar o a menos de 5 minutos
tal y como les gustaba decir a mis padres
y para así indicar que estábamos a tiro de piedra de la playa
y la aldea que teníamos por detrás y a unos 300 metros
al parecer no nos incluía a nosotros
y aunque estuviéramos dentro de sus límites o lindes
la cosa consistía en demostrar que éramos veraneantes
que veníamos a disfrutar del sol, del mar y de la playa
y que todo lo demás no nos preocupaba demasiado
y porque al fin y al cabo, eran temas banales,
superfluos y que ya resolverían sus aldeanos.
Y lo mejor que tenía aquella casa de veraneo
era que estaba hecha de piedra de granito
y que desde la ventana de la habitación donde dormía
podía escuchar al mar como rugía
y casi todas las noches abría mi ventana
y oía su maravillosa melodía.
En fin, tuve esa suerte
y aún ahora y cuando escucho al mar de noche
me sigo acordando de mi ventana
y de todo aquél placer que me producía su hilo musical.
Era como un sedante para un gigante
me calmaba, me tranquilizaba, me enternecía
y a veces, hasta medio me dormía apoyado en la ventana
pero daba dos pasos y ya estaba tumbado en mi cama.
Su ventana
era todo el encanto que tenía aquella habitación
y porque por lo demás, era simple, austera y espartana
y había un pequeño armario, una mesilla de noche y la cama
y por supuesto, aquella hermosa ventana
y desde la cual yo podía escuchar al mar en todos sus tonos.
Creo que fue la primera vez
que yo me enamoré de algo
y al principio lo llevé muy bien,
pero después, me hice adicto a aquella ventana
y si antes de irme a la cama
no había escuchado al mar
no podía dormir.
Y de ahí, vinieron mis primeras noches
de insomnios y desvelos
y como a lo mejor me dormía una hora antes de tener que
despertarme
me levantaba tarde y arrastrado
y entonces, tocaba la bronca con mi madre
y ¿como puedes estar tan dormido?
y que flojo eres y espabila de una puta vez.
Pero la bronca mañanera con mi madre
estaba dentro de nuestro protocolo
y daba igual la causa o el motivo
y porque la iba a ver igualmente
y en eso, mi madre era infalible
y por la mañana aún lo era más.
A VECES ME ENTRAN GANAS DE...
A veces me entran ganas
de destrozarlo todo
borrar mi pasado
aniquilar mi presente
anular mi futuro
y valorarme después.
Y si aún así ha quedado algo de mí
me demostraré a mi mismo
que estoy preparado para luchar bajo cualquier
circunstancia.
Y si no ha quedado nada de mí
te daré las buenas noches
y apagaré la lámpara de mi mesilla de noche
y en ese silencio tan buscado, intentaré dormirme
aunque antes me daré un ánimo
con esa frase tan manoseada que viene a decir
"que mañana será otro día"
o hay otra que en estos casos también utilizo
"después del temporal siempre viene la calma".
La cuestión es no hundirse en la mierda
y que te sobrepase y que acabes ahogándote dentro de ella.
La cuestión es dejar a salvo algo de ánimo
y porque el estado de tu ánimo no solo depende de si está bajo
o alto
porque si has dormido a gusto
si tus sueños han sido placenteros
y la mañana siguiente se presenta con un escenario precioso,
puede que con todo esto
tu ánimo haya mejorado
por lo menos un poco
y esperemos que sea lo suficiente
para que de nuevo puedas reír
o como mínimo, sonreír ante tanta negrura depresiva
sonreír ante tanto pájaro de mal agüero que te ha echado el
mal de ojo
y si has alcanzado ese nivel de pensamiento vuelves a sonreír
y porque en ese mismo momento
te estarás dando cuenta
que los que no te quieren juntan sus fuerzas
para hundirte en la miseria y para que desaparezcas del
mapa.
Siempre hay enemigos silenciosos
que tú no ves ni oyes
pero que ahí siempre están
y como aves de rapiña que son
esperan que les llegue el olor de tu cuerpo putrefacto.
Pues yo
y lo digo en plenas facultades mentales
no les daré ese gusto
y si me he quedado sin ánimos
me los sacaré de las muelas
o de la médula ósea
y porque jamás me dejaré vencer
por ésta clase de Hienas.
MALTRATO ANIMAL
Éste es mi nuevo compañero de viaje: un gato negro, tuerto (le falta el ojo izquierdo), que en principio era muy arisco conmigo. Es de mi hijo mayor, que ahora vive en la planta de arriba y se trajo consigo éste hermoso ejemplar de gato. Al principio de todo, ni puto caso me hacía y yo tampoco, se lo hacía a él y porque yo no era muy de gatos y la verdad era que nunca había convivido con un gato y en esa ignorancia mutua estuvimos durante un mes. Pero poco a poco y día a día, el gato se fue acercando a mí y todos los días me pedía mimos, pero me los pedía tal y como hacen todos los gatos o sea cuando él quería pedírmelos y yo entonces valoraba si estaba en el momento de dárselos y porque a lo mejor tenía mis manos ocupadas en otra cosa o porque simplemente tampoco me apetecía dar mimos en ese momento. En eso soy tan gato como él. Él elige el momento de pedir mimos y yo elijo el mío para dárselos o no. Además si yo lo llamo en otro momento, el gato ni me mira, ni siquiera me hace el amago de que me esté prestando atención. Él simplemente sigue a su bola y entonces yo sigo a la mía. Pero claro, tantas horas juntos, tantas caricias que le he dado, tantas noches durmiendo a los pies de mi cama, al final crean vínculos especiales y ahora y de cada vez lo hace más, nada más que me siente en el sofá, él se acerca sigilosamente y se pone a dormir en mi regazo o justo a mi lado y para que lo llene de caricias y carantoñas. Al final, aquél gato arisco y huidizo se ha convertido en mi mejor amigo.
Las cosas que tiene la vida. Y yo era de los que pensaba que a mis 70 años muy pocas cosas me podrían sorprender y va un gato que ni es mío y me sorprende con esa forma de querer tan de ellos, extraña, rara, suspicaz, un tanto desconfiada e independiente...pero que sigue siendo una forma más de querer. A veces me acuerdo de mi infancia y de lo que eran para nosotros los gatos. Primero, abundaban tanto que había gatos a cada paso que dabas. Segundo, eran animales de calle y porque nadie los quería tener en su casa. Tercero, como éramos chicos de barrio había que maltratarlos y los cosíamos a base de pedradas y cuando no de balines con los que practicábamos nuestra puntería. Y nadie nos decía nada cuando les disparábamos o cuando les atábamos a sus rabos unas cuántas latas que en su tiempo, llevaban conservas. El gato estaba considerado como un animal de última fila y entre eso y otras cosas, así se les maltrataba. Pero de aquellas malas épocas a casi todos los animales se les maltrataba y por salvar a alguno, salvo a los perros o mejor dicho, salvo a algunos perros que cumplían con la función de animales de compañía y porque los perros de campo, los perros de caza y los perros sin pedigrí de alto abolengo, también se les obsequiaba con un maltrato en condiciones. Y salvo la excepción que expuse, todo el resto de animales sufrían maltrato: los Burros, las Cabras, las Gallinas, los Pájaros, los Cerdos y algún Caballo que otro que andaba suelto por ahí, eran objetos del maltrato más inhumano. Y todo esto se hacía porque sí y porque éramos unas bestias que carecíamos de Corazón y de sentimientos.
OLVIDAR, NO
Amalia Bautista
A veces es muy fuerte la tentación, las ganas de abandonarlo todo, de dejarse, que ya no son edades, ya no es tiempo, que ya está todo hecho, muy mal hecho. Es fácil la pereza y es difícil embarcarse de nuevo en la tarea de rescatar las ilusiones. Pero tu corazón, sigue latiendo mientras te deje el mundo. Hoy es el día, hoy es el primer día, y ya nunca seremos más jóvenes que ahora.
Carmen Martín Gaite
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