MARGUERITE YOURCENAR


 

Y SI QUIERES TAMBIÉN...


 

JOSÉ MARI AZNAR


José Mari Aznar en Ceuta, arengando a las masas patrióticas de la ultraderecha y de paso para seguir buscando sus famosas armas de destrucción masiva...
 

UNO...


 

BUSCAMOS. Idea Vilariño

Buscamos
cada noche
con esfuerzo
entre tierras pesadas y asfixiantes
ese liviano pájaro de luz
que arde y se nos escapa
en un gemido.

HUNTER S. THOMPSON. "Supercordura"


 

Patricia Ratto. HIJOS DEL PODER (esto no es un poema)


Yo no veo
vos no ves
él y ella tampoco,
pero, en Tandil,
los hijos del poder
hacen fiestas
y se toman sus licencias
para cosas que
nosotros, los comunes,
no podemos
ni queremos.
En Tandil, los hijos del poder
hacen estallar, en sus fiestas,
por fuera de las normas,
fuegos de artificio.
Impunemente, hacen estallar
-porque se les da la gana
a los hijos del poder-
hasta que sangran
los oídos
de los terneros
(no es una metáfora
lo que estoy diciendo:
es, literalmente, sangre
saliendo de las orejas
de las pobres bestias).
Las otras bestias,
las que de ninguna manera son pobres,
ríen, ante el espectáculo,
con sus risas torcidas
de poderosos.
Estruendos, luminarias, sangre
que nosotros no vimos
pero alguien vio.
Y después contó:
En Tandil, los hijos del poder
castigan perros
en sus fiestas oscuras,
aprietan con sus manos
los brazos de las muchachas
que dicen que no
e intentan conducirlas
a la fuerza
a donde las muchachas,
de nuevo diciendo no,
gritando no,
no quieren ir.
En Tandil, los hijos del poder
cuentan con avidez
el dinero ganado
con la gran venta de entradas
de sus fiestas torcidas.
Tamaño espectáculo
los complace hasta el éxtasis
y les estampa en el rostro
ese rictus de risa.
Insultan, descaradamente,
a los oficiales de justicia
que levantan las actas
de lo que, a todas luces,
se ve turbio y no está bien.
“No se molesten que
acá no va a pasar nada”,
gritan, entre risotadas,
los hijos del poder.
Mientras tanto, en Tandil,
la maldita costumbre
de mirar hacia otro lado
se apoltrona, con parsimonia,
en sillones confortables:
¿Viste qué pintadito
está el castillo Morisco?
¿Viste qué lindos
los dinosaurios de chapa,
las flores de chapa,
que pusieron?
¿Y la piedra de cartón que casi
casi parece real?
¿Por qué no recordar
-también, de paso-
que hemos logrado
el inefable récord
de tener el salame
más largo del mundo?
Los hijos del poder ya van
a pagar las multas,
tan malos muchachos no son
después de todo,
locura de juventud…
Y algo habrán hecho,
por su parte,
esas chicas,
esos terneros,
esos perros,
esos inspectores.
En Tandil, hay miedo
y silencio
y gorriones al pie de los eucaliptos
como papelitos oscuros abollados.
¿No habrá llegado el momento
-me pregunto,
casi con desesperación-
de abrir los ojos?
Yo los abrí
y veo:
los moretones en el brazo
de la muchacha
que cuenta y llora,
el lomo llagado del perro,
la sangre, ahora seca,
en el pelaje tibio
de las orejas de los terneros.
Yo veo, con miedo,
no lo voy a negar,
¡si sólo tengo,
para enfrentar todo esto,
un puñado de palabras!
Pero, así y todo, veo.
¿Y vos? ¿Vos ves?
Mientras escribo
alguien, presurosamente,
barre los pájaros muertos
y los mete en una bolsa
negra de consorcio.
Como dije al comienzo
esto no es un poema
y, ahora, sin temor
a equivocarme, agrego:
ESTO ES UN DOLOR.

Fernando Vallejo, De "El desbarrancadero"

"Yo por mi parte la quería a ella más
que a nadie, con un amor ilimitado. Si ella
no me correspondía en la misma medida,
qué importa, qué carajos, el amor es
así: desbalanceado, desajustado,
desequilibrado, cojo".

Carlos Luna Escudero. "NOS ESTAMOS VOLVIENDO MÁS TONTOS"

Mira alrededor. La gente ya no se banca un texto largo. Ni un silencio. Ni una idea que dure más de treinta segundos. Las personas del 65 todavía leían un libro entero. Las del 85 todavía pensaban sin pantalla. Los del 2005 todavía dudaban.
Los del 2015 ya pedían el resumen. Las gentes del 26 alcanzan con el título y un emoji. El cerebro se va achicando y casi nadie lo registra como pérdida. ¡Una locura!
Durante casi todo el siglo XX el coeficiente intelectual subió generación tras generación. Se llamó efecto Flynn. James Flynn lo midió con datos. Pero desde los años noventa la curva se dio vuelta. Estudios en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Reino Unido y Estados Unidos muestran lo mismo, el CI promedio baja. Un trabajo noruego de 2018 con más de 730 mil jóvenes detectó una caída de casi siete puntos por generación desde los nacidos en 1975. Y no es genética. Es ambiente. Y el ambiente digital es el principal sospechoso.
Nicholas Carr lo dijo en Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (2011). Internet no solo nos da información. Nos cambia el cerebro. La lectura profunda, la concentración y el pensamiento lineal se debilitan. El cerebro se entrena para saltar de estímulo a estímulo.
Lo que se usa se fortalece. Lo que se deja de usar se atrofia.
Michel Desmurget, neurocientífico francés, fue todavía más claro. En La fábrica de cretinos digitales (2019) afirmó que los chicos de hoy son la primera generación con un cociente intelectual más bajo que el de sus padres. No por los genes. Por las horas diarias frente a pantallas. Siete horas en promedio en muchos adolescentes. Eso no es ocio. Es entrenamiento para no soportar el silencio ni una idea que dure más de media minuto.
La estupidez avanzada no duele. Ese es el problema. Si doliera, la gente huiría. Pero se siente bien. Se siente práctica. Se siente incluso como inteligencia. El que ya no puede leer un texto de siete minutos no piensa “perdí capacidad de concentración”. Piensa “esto es demasiado largo, ¿por qué no lo resumen?”. La pérdida se disfraza de exigencia legítima.
Pino Aprile, en su libro Nuevo elogio del imbécil, va más lejos. Dice que la inteligencia está dejando de ser necesaria. Construimos un mundo que funciona a prueba de tontos. Cuanto más fácil se hace todo, menos se necesita pensar. Y cuando menos se necesita pensar, menos se piensa. Y la inteligencia, como cualquier característica que deja de dar ventaja, empieza a extinguirse.
Nietzsche habló del último hombre hace más de cien años. Esa criatura que ya no quiere sufrir por ninguna idea, que convierte su propia limitación en virtud y que parpadea satisfecho. Hoy ese último hombre tiene teléfono, redes y la certeza de que está informado. Revisa la pantalla 150 veces al día y cree que piensa. En realidad entrena al cerebro para no tolerar nada que exija esfuerzo.
El rebaño no premia al que sabe más. Premia al que se parece más a los demás. La opinión más repetida se siente como la más cierta. Estar de acuerdo se siente seguro. Estar en desacuerdo se siente peligroso. El resentimiento completa el círculo, el que no puede profundizar declara que la profundidad es arrogancia. El que no lee declara que leer es pérdida de tiempo. La incapacidad se disfraza de superioridad moral.
Hay una diferencia brutal entre dos personas que desde afuera parecen iguales. Una sabe que no sabe. La otra cree que sabe. La primera tiene abierto el camino del aprendizaje. La segunda lo tiene cerrado. Cualquier dato que la contradiga no lo recibe como información. Lo recibe como ataque.
El cerebro del 65 todavía se bancaba la complejidad. El del 26 prefiere no pensar. Y cada uno está convencido de que el suyo es el más lúcido.
La degradación no es una maldición abstracta. Es una dirección. Y se acelera cada vez que elegimos el resumen, del algoritmo y de la reacción rápida por sobre el esfuerzo de entender. El espejo está ahí. La pregunta es si alguien todavía se anima a mirarlo.

Mario Benedetti, La culpa es de uno

"Hasta aquí había hecho y rehecho mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera, una manera tierna
y a la vez implacable de desahuciar mi amor.
Con un sólo pronóstico lo quitaste de los suburbios de tu vida posible, lo envolviste en nostalgias lo cargaste por cuadras y cuadras y despacito sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí nomas lo dejaste a solas con su suerte, que no es mucha.
Creo que tenes razón, la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos ni del tiempo".

Clarice Lispector, Es allí a donde voy


 "Estoy hablando de nada. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien me dirá con amor mi nombre. Es hacia mi pobre nombre adonde voy. Y de allá vuelvo para llamar al nombre del ser amado y de los hijos. Ellos me responderán. Al fin tendré una respuesta. ¿Qué respuesta? La del amor. Amor: yo os amo tanto".


MARGUERITE YOURCENAR