Lina Zerón | Un gran país


"Vivo en un país tan grande

que todo queda lejos

la educación,

la comida,

la vivienda.

Tan extenso es mi país

que la justicia no alcanza para todos".


MANUEL JABOIS


 

Carmen Laforet


 "Algunas cosas pueden parecer nada y lo son todo. Hay que saber ver, aprender a apreciar lo menudo y a despreciar lo que sólo hace bulto. Nada que parece grande ni que reluce en exceso tiene gran validez. Lo bueno es aquello que sin grandes destellos lo llena todo".

Anne Sexton

Sólo una vez supe para que servía la vida.
En Boston, de repente, lo entendí;
caminé junto al río Charles,
observé las luces mimetizándose,
todas de neón, luces estroboscópicas, abriendo
sus bocas como cantantes de ópera;
conté las estrellas, mis pequeñas defensoras,
mis cicatrices de margarita, y comprendí que paseaba mi amor
por la orilla verde noche y lloré
vaciando mi corazón hacia los coches del este y lloré
vaciando mi corazón hacia los coches del oeste y llevé
mi verdad sobre un pequeño puente encorvado
y apresuré mi verdad, su encanto, hacia casa
y atesoré estas constantes hasta el amanecer
sólo para descubrir que se habían ido.

¿MI NIVEL DE ROMANTICISMO?

 Creo que todo esto que ha pasado

por ejemplo, hablo del eclipse de sol

pues eso que ha pasado, 

ha durado minuto y medio

y en donde se hizo por completo la noche

y poco a poco ha vuelto la luz.

Y yo y no es por quitarle historia al tema

no he visto ni he sentido nada más

y debo quedarme con el simple placer

de haber visto un eclipse solar

pero lo que quiero decir

es que yo no me fuí con alguien que fuera especial para mí.

Primero porque al final

decidí quedarme en casa

y ver al eclipse en todas sus fases por la televisión.

Y yo ante esto me pregunto

¿adonde se me fue todo mi romanticismo?

y porque años atrás estaría en el mejor sitio del mundo

para ver éste eclipse

y aún más años atrás, estaría acampando en ese mismo lugar

y más en una noche tan espectacular como ésta

y porque hoy por la noche hay la lluvia de estrellas de agosto

o las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo

y habiendo todo esto en el espacio sideral

igualmente he decidido quedarme en casa.

Pues es fácil concluir

que todo mi romanticismo se ha ido a la misma mierda.

Hombre, para acampar si que no estoy

son 70 años que pesan mucho

y está claro que mi cuerpo no está para esos trotes

aparte que hay otra cosa que me molesta mucho

y es ir a cagar donde cagan todos los demás

y sin saber quienes son esos todos

y si mantienen un cierto nivel sanitario

y como no lo sé y como tampoco lo voy a saber

prefiero hacerlo tranquilamente en mi casa.

Y así no me mosqueo con nadie.

Y ya éste último pensamiento

deja mi nivel de romanticismo a menos cero.

Haruki Murakami

"La nostalgia es la manera en que el alma se aferra a los días que nunca debieron irse".

 

Stella Díaz Varín


 

POR NO HACER RUÍDO

 Por no hacer ruído

se descalzan los días

y al final, se meten en mi cama

y a las 3 de la mañana abro los ojos

y conmigo está la noche.

LETICIA GONZÁLEZ DÍAZ. "Dos moros ensuciando la playa..."

Esta mañana, en vez de salir corriendo desde casa, decidí pedalear hasta San Lorenzo para iniciar —rumbo al Acuario— el entreno desde allí. Estas son las intrascendencias de la vida burguesa: trabajos cero físicos que exigen un desgaste artificial del remanente energético. Ruedas de hámster para adultas que se pasan las horas ante un Mac. Qué lejos quedó aquella versión veinteañera de mí misma, descargando camiones de productos químicos para caer desplomada sobre la cama tras una jornada interminable de trabajo, mejor o peor remunerado.
No obstante, el verdadero contraste me esperaba a pie de arena. Parapetados contra el paseo, acurrucados bajo unas mantas que poco o nada resguardan del frío y húmedo Cantábrico, dormían dos veinteañeros magrebíes. Junto a ellos, como un faro ineludible de precariedad contemporánea, una mochila de Glovo. Dos inmigrantes sin techo, sin familia, sin recursos; repartidores que sostienen el confort ajeno al refugio inmediato de la intemperie. Al mirarlos, la mente me devolvió de golpe la imagen de mi propio hijo, de su misma edad, durmiendo a esa misma hora a salvo de todo en su cama. Su única preocupación para este día, decidir si quedarse a ver el eclipse en Gijón —asumiendo el riesgo de una bruma obstinada en reventarlo— o subir a Peña Ubiña.
Pensé en su futuro encarrilado, en su billete para Brno —República Checa— y en la residencia donde pasará el próximo año cursando tercero de Física. Pensé en su coche, en su dentadura perfecta modelada a golpe de ortodoncia —y de talón, todo sea dicho—. Pensé en la insultante ligereza de tenerlo todo.
Entonces la escena se volvió amarga; se me indigestó la vista al recordar el ruido social que nos atrona y trata de hacernos monstruos insensibles. Cuesta encajar la mezquindad de quienes miran esa misma estampa y solo ven una infracción que denunciar a la policía. Se escudan en el civismo y en la cosmética para esconder su falta de humanidad: que si la playa no es lugar para pernoctar, que si ensucian el paisaje con su presencia, que si van en patinete sin casco —como si la seguridad de estos chavales les importara un cojón—, que si carecen de papeles. Una burocracia moral que camufla la aversión al pobre mientras se espera, cómodamente desde el sofá, a que uno de esos «moros» o «panchitos» saque nuestra cena de una de esas ortopédicas mochilas para servírnosla, todavía caliente, en casa.
La única verdad en la materia es que la meritocracia es un mito y la geografía, un par de coordenadas al azar, una puta lotería. Yo tuve la inmensa fortuna de ser parida en Canarias, un rincón privilegiado de Europa donde, con todas sus fisuras, la educación y la sanidad no dependen del apellido. De haber nacido a apenas 100 kilómetros al este, seguramente hubiera sido, yo misma en su día y mi hijo hoy, uno de esos dos cuerpos exhaustos tirados en Poniente. Trabajando de sol a sol y todavía con los bolsillos y el estómago vacíos, durmiendo al raso al lado de una mochila de reparto. Con la ilusión propia de la edad todavía intacta; ignorando que, más pronto que tarde, sabrán que incluso en el acceso a determinados sueños hay clases sociales, colores de piel y acentos.
Qué tristeza tan grande pensar, ya no en ellos, aún jóvenes, sanos, fuertes, sino en sus madres pobres, en sus pobres madres…

FORMAS DE VER EL ECLIPSE

 

Cada vez que hubo un eclipse de sol o de luna o un fenómeno sideral poco frecuente, siempre se acompañó dicho fenómeno raro y extraño por cantidad de literatura apocalíptica y la más frecuente es que se acompañara dicho fenómeno como si empezara el fin del mundo. Señores el fin del mundo se acerca y éste eclipse de sol es sólo el prmer aviso. Después vendrán tempestades nunca registradas, habrá inmensos tsunamis y maremotos y el mundo que conocemos todos sería engullido por una inmensa boca gigante. A lo mejor por otros sitios en los cuales yo no visito, pues han salido millones de mensajes apocalípticos, pero yo os puedo jurar que en todo lo que circula a mi alrededor, no he leído ni oído muchas predicciones catastróficas que avisen que con el eclipse de sol se acerca el fin del mundo. Está todo como demasiado calmadito y hasta puedo decir, que éste eclipse de sol es de los más aburridos. Todo tiene su hora, su lugar y sitio y si se va a ver entero o solo parcialmente y hasta nos dicen cuales son los mejores puntos de observación y hasta han vendido millones de gafas para que podamos disfrutar del eclipse. Sólo les ha faltado montar chiringuitos con barra de bar en los puntos previamente designados como lugares de observación. Llamarle al chiringuito "eclipse de sol" y venga a vender botellas de cava bien frías y para hacer brindis al eclipse de sol. Claro que después ¿como vas a retener a toda la peña que se desplazó para ver el eclipse?... pues como siempre se ha hecho, con buena música y mejor bebida y a eso de las 3 o 4 de la mañana, hacer unos ricos y sabrosos bocatas. Pero claro hacer todo esto a un precio asequible, es el mayor de los problemas. Todo el mundo quiere hacer su agosto y mejor si se lo puede hacer en un sólo día del mes de agosto.

Como diría el otro, que ahora ya están todos los billetes vendidos, yo voy a ser de los que se quedan en su santa casa. Estoy hasta los huevos de que te metan el puto eclipse hasta en la sopa. Si total, te lo van a televisar y desde los mejores sitios y lugares y harán el típico recuento hacia atrás y desde 10 hasta el 0 y tal y como hacen cuando un cohete de la Nasa va a salir al espacio. Total de lo que yo más me quejo es que ante semejante pedazo de evento le han arrancado todo el misterio y toda la magia que ese acto lleva dentro y quitado eso, ¿que importa verlo al borde de un acantilado rodeado de miles de personas con sus respectivas gafas que verlo tranquilamente sentado en el sofá de tu casa y si te apetece hasta le haces un brindis al eclipse de sol?. Descorchas tranquilamente tu botella y ya está y así haces un brindis en condiciones y no rodeado de miles de extraterrestres que llevan esas gafas horribles y horteras que serán para proteger su vista, pero que a tí no te protegen la tuya cuando los tienes que ver con esas putas gafas y que a su vez, emiten alaridos a cada movimiento que se produce en el eclipse y como si estuvieras viendo un partido de fútbol desde las gradas. Mi elección es clara, pero es clara pero no es obligatoria. Hay un escritor español que se hizo muy famoso últimamente, pero porque es muy bueno como escritor, que decía que él iba a ver el eclipse de espaldas al sol y porque prefería ver la reacción humana al eclipse y observar la euforia inicial que dicho fenómenos produce, al estupor que vendría a continuación y como por unos segundos, el mundo se quedaría parado y quieto. Por tanto hay muchas formas de ver el eclipse y no hay ninguna mejor que la otra y porque al fin y al cabo, todas son igual de válidas y cada una de ellas va a aportar sus propios datos.

Àlex López sobre el Doctor Segarra

Si este hombre debe ser el faro del conocimiento, la esperanza y la espiritualidad, la decadencia de Occidente es imparable.
La caradura y la soberbia humana es algo que se distribuye de una forma extraordinariamente homogénea. Y el Doctor Segarra es una demostración excelente de ello.
Ser un Doctor cirujano jubilado de prestigio no te exime de acabar convertido en un predicador vendehumos, eso sí, a cambio de pasar por caja a precio de Rock Star en sus convenciones.
Desde luego lo que vende es un producto ganador: hay vida más allá de la muerte y te lo digo yo que he visto palmar más gente que Rambo en Vietnam.
¿Que cómo lo demuestro?
Pues como se demuestra todo hoy en día, utilizando terminología de la física de partículas y la mecánica cuántica (como el entrelazamiento cuántico o citas tergiversadas de físicos como Michio Kaku) para intentar demostrar científicamente la existencia de la vida después de la muerte o de Dios.
Que yo soy Cirujano pero que si me tengo que hacer pasar por físico de partículas cuñado, todo por la pasta oiga.
Da igual si científicos y divulgadores, como el doctor en física de partículas Javier Santaolalla, hayan criticado duramente sus teorías porque las leyes cuánticas que rigen el mundo subatómico no son aplicables a la conciencia humana ni a la escala macroscópica de nuestro cerebro.
Eso es lo de menos. A ninguna religión le exigieron prueba científica alguna y los clientes deseosos de que alguien les diga que serán eternos son legión, no nos vamos a poner ahora exquisitos con las demostraciones.
Es más viejo que ir a pie el creer que una vida profesional exitosa (en este caso como jefe de cirugía en un hospital) te otorga un “argumento de autoridad” ante un público deseoso en comprar la vida eterna.
La comunidad científica critica que sus conclusiones no se basan en el método científico. Es algo así de básico. Los críticos señalan lo que para la mayoría es obvio, que sus afirmaciones sobre una “conciencia no local” eterna entran directamente en el terreno de las creencias espirituales o metafísicas.
Intentar vender estas ideas místicas bajo el sello de la ciencia rigurosa es considerado por biólogos y físicos como una forma de pseudociencia, o una tomadura de pelo como yo digo de forma llana.
Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ver túneles, luces o sentir paz) están ampliamente documentadas por la neurociencia. No hay nada místico en ellas.
La ciencia médica las atribuye a fallos neuroquímicos, falta de oxígeno (anoxia) o la liberación masiva de endorfinas en un cerebro que está sufriendo un estrés extremo o una isquemia cerebral.
Pero claro Segarra, si hiciéramos caso a las causas naturales demostradas, el chiringuito no es tan rentable y tus salas de conferencias estarían más vacías que tus principios.
Mi abuela era una firme creyente de mil supercherías, y me enseñó algunas. Recuerdo jugar de pequeño con ella a leer cartas del Tarot, tradición y conocimiento traspasado entre generaciones en mi familia.
Pero confundir un divertimento, algo recreativo y en lo que no estoy en contra, con ciencia, es algo que no debemos permitir, te apellides Segarra o López.

 

Lina Zerón | Un gran país

"Vivo en un país tan grande que todo queda lejos la educación, la comida, la vivienda. Tan extenso es mi país que la justicia no alcanz...