¿Y que vas hacer cuando te jubiles?.


Yo no voy a llorarte y por la sencilla razón, que no me apetece. Y no es que haya llorado a mares, ya me gustaría a mi haber llorado océanos, pero he llorado y con la intensidad suficiente como para decir he llorado de sobra y con ese frenesí que tanto me carateriza y a escondidas y también, a pecho descubierto y como si no hubiera un mañana, con hambre de lágrimas y como sintiéndome hasta como un deshidratado. Cuando en realidad estoy bien hidratado, tengo la piel tersa y sonrosada, mis conjuntivas no se encuentran pálidas y si tuviera que donar sangre, en este mismo momento lo haría. No tengo miedo a la muerte y aunque ya sé que la cosa suena a fanfarronada. En realidad me siento un jabato que tiene su propio norte, aunque a veces y es de justicia reconocerlo, me desoriento y no sé si es porque comienza el alzheimer o la demencia senil.

Vamos a ver, yo no me siento víctima de nada. Tengo mis principios a salvo, tengo mi buen montón de dudas, tengo muchas historias que me quedan por contar y tengo otro montón de cuentos que a su tiempo, debo narrar. Llevo meses que me dicen ¿y porqué no te jubilas?...si ya te has pasado la edad de jubilación. Pues no me jubilo porque no puedo o sea es mi deber dejar las cuentas claras y sobre por mi hijo pequeño, que es discapacitado. Discapacitado, menuda palabreja. Porque cada día estoy más convencido de que el discapacitado soy yo y porqué él me da mil vueltas como persona humana. Mi maldad no es comparable a la que él tiene, su dulzura me pone del revés, su cariño es selectivo y eso me parece muy bien y porque los Down no son muñecos de peluche todos cariñosos y amorosos y que no distinguen a quién se lo tienen que dar. Mi hijo disfruta de mí y de su madre y nosotros disfrutamos de él. Yo no me siento y para nada, superior a él.

Hablamos de la diferencia, esa misma diferencia que no es capaz de comprender este tipo de sociedad. Primero, no me jubilo porque no quiero y además, tampoco tengo porqué contártelo (aunque ya lo dije). Segundo y por mis huesos y por mis carnes yo me habría jubilado hace 3 años y ya expliqué el porqué y el como no lo hice. Ahora bien que nadie me vuelva a adelantar mi posible respuesta y me acabe diciendo..."será porque no sabrás lo que tienes que hacer". Y yo les digo a mis queridos pringados, claro que sé lo que tengo que hacer y sé que en este justo momento yo me jubilaría sin más dilación, pero no os preocupéis más por mí, pues tengo millones de cosas por hacer, necesito tiempo y para poder reflexionar sobre todas mis temas pendientes y los que me quedan por descifrar y así también poder ver esos atardeceres que me brinda la vida y el amanecer que viene tras la noche más oscura y esas tardes al sol tibio del invierno y ¿yo que sé?...hay tanto de lo que se puede disfrutar que hasta me parece un insulto que se me haga esa pregunta ¿Y que vas hacer cuando te jubiles?.


















El olor de la gasolina (Juan José Millás)

 De pequeño había oído hablar muchas veces de la Sierra de Madrid. Algunos de mis compañeros la conocían, y la gente con dinero presumía de tener una casa en Cercedilla. Yo guardaba frente a estos comentarios la perplejidad muda de los niños cuando no entienden una cosa. Una sierra era una herramienta de trabajo. En casa había dos, una para la madera y otra para el hierro. Aprendí a serrar pronto, pues en aquella época hacíamos mucho bricolaje, aunque entonces no se llamaba así. No se llamaba de ningún modo. Si había que arreglar una puerta, cogías la sierra, cortabas por lo sano y punto. Un día mi padre se compró una Vespa. Yo no tardé en descubrirle el tapón del depósito de la gasolina, que se encontraba debajo del asiento. Se parecía a los tapones de las botellas de gaseosa, sólo que al abrirlo salía un olor que a mí me volvía loco. Entonces no sabía que tenía propiedades estupefacientes. Todavía no estoy seguro. En cualquier caso, conmigo operaba de ese modo.

En el verano, después de comer, cuando mis padres se echaban la siesta, yo iba al parking donde estaba aparcada la Vespa y asomaba las narices al depósito. Podía estar horas absorbiendo aquellos efluvios que ponían mi imaginación a cien. No era raro que bajo sus efectos imaginara que teníamos una casa en la Sierra en lugar de dos sierras en casa.

Por alguna razón que ahora no recuerdo, un día nos quedamos solos mi padre y yo. Debía de ser julio o agosto. Yo acababa de darme una dosis de gasolina y estaba en el sofá, con los ojos cerrados, presa de una ensoñación. Entonces vino mi padre y dijo:

-Nos vamos a la Sierra.
-¿Qué?
-Que nos vamos a la sierra tú y yo ahora mismo, a pasar la tarde.
Dicho y hecho. Nos montamos en la moto y después de una hora o así el paisaje dio un brusco cambio y se convirtió en un decorado. Mi padre me paseó por aquel escenario gigantesco, donde había una roca terrible y lejana, llamada La mujer muerta, y me invitó a una Coca-Cola, que en España acababa de ser comercializada. Luego, cuando empezó a atardecer, iniciamos el regreso. En esto, mi padre detuvo la moto en la cuneta y me pidió que me fijara en la luz.
-Fíjate en esta luz. Ahora mismo no es de día ni de noche. Éste es el momento de mayor incertidumbre del día. Puede pasar cualquier cosa.
Nos quedamos quietos, en silencio, conteniendo la respiración, pero no ocurrió nada. El sol cayó unos metros más y el atardecer se convirtió en noche pura y dura.
-Ya ha pasado el peligro -dijo mi padre-. Vamos.
Dio una patada al pedal de arranque, rugió el motor de la Vespa y cuando ya estábamos a punto de montarnos añadió:
-Dentro de muchos años, cuando tú seas una persona mayor y yo ya no esté entre vosotros, tendrás tu propio coche y pasarás por este paisaje más de una vez. Es posible que en alguna ocasión pases a esta misma hora y recuerdes este día en el que tú y yo vinimos juntos a la Sierra. Si es así, detén el automóvil un instante y permanece atento a lo que sucede en el aire: si ves pasar un pájaro negro, ese pájaro negro seré yo.
Me quedé impresionado con el suceso, que en mi memoria quedó asociado a las fantasías provocadas por el olor de la gasolina. Mi padre había dicho: 'Este es el momento de mayor incertidumbre del día'. No sé si fue la primera vez que oí esta palabra, incertidumbre, pero fue la primera vez que me estremeció. Su sabor es idéntico al de esa hora en la que la tarde no es carne ni pescado y puede sucederte cualquier cosa. Su compañera, certidumbre, no es mucho más tranquilizadora.

Olvidé la historia. Pero hace poco regresaba del norte de España en coche y pasé por la Sierra justo en el momento en el que la tarde parecía dudar entre resistir o entregarse a las fuerzas de la noche. Podía, en efecto, suceder cualquier cosa. Detuve el automóvil en el arcén y salí a la carretera con los pelos de punta. Había un silencio que debía de ser el silencio que precedió a los segundos anteriores a la Creación. Entonces, algo se movió a mi izquierda y de repente un pájaro negro atravesó la carretera y se perdió en la oscuridad, que parecía avanzar desde el horizonte. Entré en el coche y lloré como no había llorado cuando murió mi padre. Esta historia es falsa del principio al fin, pero habría sido hermoso que sucediera.


 


UNA ESQUIZOFRENIA GALOPANTE

 Lo que realmente nos pasa (entre otras cosas) es que vivimos en una esquizofrenia galopante, pues funcionamos con los dos polos de la película: la vida es un chollo o la vida es un monstruo de dos cabezas que te va a comer entero y empezará por tus pelotas. Y la vida no es ningún chollo ni es un monstruo bicéfalo asesino, la vida es lo que es y es a veces difícil y en otras, es tan suave como la ropa recién lavada con Norit. O sea, yo odio el extrapolar las cosas y odio tanto el negativismo como el positivismo. yo soy más de la filosofía del día a día y mañana ya veremos otro partido distinto al de hoy, pero bueno, siempre planificando un poquito y porque tampoco soy de la filosofía "del libre albedrío". Los excesos de optimismo y de pesimismo me producen sarpullidos y porque soy alérgico a su polen.

No soporto a los vainas que les das una hostia y se quedan tan tranquilos y porque le ven el lado positivo al asunto y que es (por ejemplo), que tú te hayas desahogado en ese preciso momento. Pues me pasa que ante un tío así, me hierve la sangre de tal manera que por mí lo forraría a hostias, es decir, lo pondría del revés o de vuelta y media. Claro que el que peca del otro lado, el amorfo insondable que todo lo ve funesto y negro, también me desquicia y ¡de qué manera!. Yo no lo mandaría a una isla desierta porque es capaz de deprimir hasta los pinos y palmeras y porque además, puede caer en la misma isla en donde yo estoy viviendo. Más bien lo mandaría a galeras a remar y para que aprendiera que vivir es muy costoso y que hay que tener una buena actitud vital.

En fin, que no todo el monte es orégano y que si por si acaso florecieran los positivistas y negativistas o sea lo que haría yo en plan preventivo, sería que  habría que disecarlos, tal y como hacen esos animales humanos que se dedican a disecar a sus congéneres animales. Yo sería de los que me pondría la cabeza de un negativista o positivista en el salón de mi casa  y presidiendo la chimenea y bajo el calor de la lumbre y a luz tintineante de las llamas. Y después contaría la historia: "a éste personaje lo cazé un día que estaba hasta los cojones de oír su discurso amargo como la hiel o dulce como la miel azucarada y sin más, le corté la cabeza y ahora ya véis...aquí la tengo colgada".




MI MUNDO Y YO

 

Tu mundo tiene algo de mi mundo,
yo formo parte de él,
como tú formas parte del mío,
pero tu mundo no es mi mundo en su totalidad,
mi mundo es más primitivo,
el tuyo es muy complicado,
demasiado barroco, pomposo y ostentoso,
el mío no,
el mío es simple y sencillo
en ese espacio estamos yo y mi pequeño mundo
los dos dando vueltas sobre el mismo eje
y en esa nave sólo cabemos dos,
sólo cabemos, mi mundo y yo.


 





















Tu mundo es algo de mi mundo,
yo formo parte de él,
como tú formas parte del mío,
pero tu mundo no es mi mundo en su totalidad,
mi mundo es más primitivo,
el tuyo es muy complicado,
demasiado barroco, pomposo y ostentoso,
el mío no,
el mío es simple y sencillo
en ese espacio estamos yo y mi pequeño mundo
los dos dando vueltas sobre el mismo eje
y en esa nave sólo cabemos dos,
sólo cabemos, mi mundo y yo.

UN PAÍS Y UNA HISTORIA...

 Al fin y al cabo pasa una cosa, me da igual un vegano que un vegetariano o un carnívoro que un extraterrestre comedor de humanos. Me da igual mientras todos seamos seres vivos y punto y pelota. Hoy voy de simple y directo. Hoy voy al grano directamente y pretendo dar en plena diana y sin tener ningún fallo. No concibo tantas vueltas, si tú eres vegano pues que te aproveche y si eres carnívoro que te aproveche dos veces y es que la verdad, me da por el culo el tema (hoy me pasa eso, otro día, no). Lo importante es que todos respiramos veneno, porque otra cosa no puede ser, veneno de Chernobil que se mantiene en suspensión latente y por los siglos de los siglos, amén. Véis, al final siempre puede la puta Iglesia, siempre salen los 10 mandamientos y la corte de los ángeles celestiales que dicen las malas lenguas, que después se acaban convirtiendo en demonios, siempre sale el tema que más mamaste en tu tierna infancia y yo mamé religión por cada uno de mis poros.

Siempre sale lo guarro (por lo de mamar), bueno siempre me sale a mí, a otra personas le salen otras cosas, por ejemplo, le salen sarpullidos cuando se habla del sexo o le salen escozores indomables que lógicamente el médico de turno le recetará unos buenos y potentes antihistamínicos y para que ne se rasque más y para que no siga dando más el coñazo con su puto tema y de paso, que se duerma de una puta vez por todas. O ¿qué pasa?, que los médicos somos tan bondadosos que sólo pensamos en el bien ajeno, pues no, muchas veces pensamos en que no nos den más el coñazo, porque somos tan humanos como los demás y un coñazo es un coñazo aquí y en Roma. Que sí, que hay que liquidar a los hipocondríacos y que le vayan a dar el coñazo a su puta madre.

Mirar, yo soy médico o eso creo, pero no soy gilipollas y no me la van a dar con queso, ni me la van a dar con pastillas alucinógenas...me la darán un día, pero no dos y eso lo aseguro jurando sobre una puta biblia. El que quiera vacilarme, primero tendrá que apuntarse a la lista del paro, segundo cobrará una pensión por tener que ponerse de baja y tercero, va a tener que volver a apuntarse a la lista del paro y porque la baja se le habrá acabado. Y un país no cambia por el poder de los votos, un país cambia si mejoras las condiciones del día a día...Vamos si les das vaselina y se la pones fina (¡qué vergüenza!...pero así es como funciona la cosa).


 



Al fin y al cabo pasa una cosa, me da igual un vegano que un vegetariano o un carnívoro que un extraterrestre comedor de humanos. Me da igual mientras todos seamos seres vivos y punto y pelota. Hoy voy de simple y directo. Hoy voy al grano directamente y pretendo dar en plena diana y sin tener ningún fallo. No concibo tantas vueltas, si tú eres vegano pues que te aproveche y si eres carnívoro que te aproveche dos veces y es que la verdad, me da por el culo el tema (hoy me pasa eso, otro día, no). Lo importante es que todos respiramos veneno, porque otra cosa no puede ser, veneno de Chernobil que se mantiene en suspensión latente y por los siglos de los siglos, amén. Véis, al final siempre puede la puta Iglesia, siempre salen los 10 mandamientos y la corte de los ángeles celestiales que dicen las malas lenguas, que después se acaban convirtiendo en demonios, siempre sale el tema que más mamaste en tu tierna infancia y yo mamé religión por cada uno de mis poros.

Siempre sale lo guarro (por lo de mamar), bueno siempre me sale a mí, a otra personas le salen otras cosas, por ejemplo, le salen sarpullidos cuando se habla del sexo o le salen escozores indomables que lógicamente el médico de turno le recetará unos buenos y potentes antihistamínicos y para que ne se rasque más y para que no siga dando más el coñazo con su puto tema y de paso, que se duerma de una puta vez por todas. O ¿qué pasa?, que los médicos somos tan bondadosos que sólo pensamos en el bien ajeno, pues no, muchas veces pensamos en que no nos den más el coñazo, porque somos tan humanos como los demás y un coñazo es un coñazo aquí y en Roma. Que sí, que hay que liquidar a los hipocondríacos y que le vayan a dar el coñazo a su puta madre.

Mirar, yo soy médico o eso creo, pero no soy gilipollas y no me la van a dar con queso, ni me la van a dar con pastillas alucinógenas...me la darán un día, pero no dos y eso lo aseguro jurando sobre una puta biblia. El que quiera vacilarme, primero tendrá que apuntarse a la lista del paro, segundo cobrará una pensión por tener que ponerse de baja y tercero, va a tener que volver a apuntarse a la lista del paro y porque la baja se le habrá acabado. Y un país no cambia por el poder de los votos, un país cambia si mejoras las condiciones del día a día...Vamos si les das vaselina y se la pones fina (¡qué vergüenza!...pero así es como funciona la cosa).

"Ante tí tienes la vida y ahora a correr"

 

Yo me acuerdo cuando me decían: "ante tí tienes la vida y ahora a correr". Pero sin embargo para nada hacía faltaponerse a correr y el correr como lema está muy bien para los que se pasan la vida corriendo detrás de lo que sea que buscan y que solo ven ellos, pero los demás, los que somos personas de a pie y que no tenemos ninguna prisa o así debía de ser, lo de correr está muy bien como ejercicio y para hacerlo de cuando en vez, aunque yo ni llego a ese escalón y me quedo quieto, sentado y como mucho y de vez en cuando ando o hago bici o voy al gimnasio. Yo no nací corriendo, así que no me apliquen ese mismo cuento de que correr en necesario y porque corriendo se vive diferente. Yo soy más de la filosofía dell que quiera correr que corra, pero que lo haga en un terreno acotado, pues somos  demasiados los humanos que vivimos en este mundo y no podemos estar invadiendo el terreno del otro y porqwue lo mío es mejor que lo tuyo. Yo cuando paseo, no quiero piernas corriendo y levantando densa polvareda, ni bicis de 10.000 euros dando por el culo y jodiento todos los senderos por los que pasan y entonces, yo solo pido poder admirar el paisaje que me brinda la vida y disfrutar de ellos.

Pero no, algunos se creen que han inventado algo y como son mentes cuadradas piensan que todos nos tenemos que poner a correr. La libertad, amigo, me diría alguno de ellos. Pues yo le digo, la libertad hermano y bien entendida, es respetar al prójimo y eso debe ser lo primero. Queréis senderos para correr y andar en bicicleta, pues que os acoten unos cuantos senderos y venga todos a correr. O campos abiertos o cerrados, pero dejar de dar por culo a los que nos gusta disfrutar de las buenas listas. Y estábamos antes que vosotros y además, para correr, primero hay saber andar y toneladas de argumentos. Ahora os montan carreras cada tres días o cada fin de semana y no os basta con eso, que tenéis que invadir terrenos que en principio no eran vuestros y eran de todos. Y un día te pasa por estrecho sendero que bordea el mar, un corredor todoterreno. Al mes siguiente, te adelantan 20 que además van todos sudorosos. Al año, hay una legión de corredores y tú eres el menda que está en la más absoluta de las minorías. Y faltan las bicis que se reproducen como conejos.

Igual pasa con las autocaravanas de marras. Que en principio a mi me gusta viajar en autocaravana pero de tantas que hay y porque una moda es una moda,te obligan a estacionarte en determinados lugares y sitios. Primero porque si no invadirían los lugares más bonitos de la tierra y sin medios higiénicos y sin lugarers donde echar la basura y la mierda. Sí, son modas, pero son modas que joden al que no las comparta. Por desgracia somos seres humanos y tenemos lo bueno y tenemos lo malo y lo malo es invadir a los demás porque lo mío es mejor que lo tuyo, quitarles terreno, destrozar senderos preciosos, arruinar los mejores paisajes e inundar al aire puro de sudores.























INSTINTO

 


Tiempos aquellos en que andabas joven y lozano y más vivo que muerto y donde la vida era un secreto que pensabas que algún día sabrías de que iba. Y me he equivocado y 50 años más tarde, la vida persiste en su secretismo y creo que me moriré pensando que como no me den otra vida, en la que me han concedido y de la que me queda un cuarto de hora o 20 años o quién sabe, me llevaré a mi tumba ese secreto tan bien guardado. Si no sabemos lo que puede pasar mañana, ¿como vamos a saber de que coño va la vida?. Unos y supongo por el miedo que les produce la muerte, hablan de reencarnación y estos sí que tienen el chollo montado, pues hagan lo que hagan ellos piensan que se reencarnarán en un pescado o en un águila o en un mapache. Otros hablan de que después de la muerte no hay nada de nada, ni cielo, ni infierno ni nada que llevarse a la boca. Después hay los que piensan que la muerte es muerte pero que de vez en cuando te permiten las autoridades pertinentes  hacerte un vuelo sideral y volver al planeta tierra  y así podrás visitar de vez en cuando a tus seres más queridos. Ésta última teoría me gusta a mí, porque tú tendrás el poder de programar tus visitas o de hacerlas cuando te salga de los huevos, aunque en realidad huevos ya no tendremos, pero tampoco tendremos hambre, ni sed, ni amor, ni ganas de tener sexo y entonces ¿qué será de nostros?, si todo lo que hasta ahora nos gustaba entrará en un estado perpétuo de hibernación. Ni árboles, ni flores, ni ríos, ni mares, ni montañas y el todo será la nada y la nada no tendrá sabor ni olor ni tacto.

Hay quién piensa que al enterrarnos bajo tierra nos comerán los gusanos, eso seguro, pero aparte de eso, ellos piensan que nos convertiremos en polvo y al polvo se lo llevará el viento y hacia lugares desconocidos. Por tanto, esparcirás todas tus pequeñas y minúsculas partes por campos, bosques y ciudades. Pero esto ya se hace ahora y se tiran tus cenizas al mar, al viento o al campo o al río y cosa que se ha puesto tan de moda, que le pasa como a todas las cosas cuando se masifican y porque en este caso contaminan tantas moléculas muertas esparcidas sobre un medio natural y les pasa, que están acotadas o que están prohibidas en determinados sitios. El muerto debe ir al hoyo y dentro del hoyo se pudrirá y eso sirve como abono y para que crezcan más y mejor todas aquellas pequeñas cosas.

Del polvo nacemos y en polvo nos convertiremos. Y nunca mejor dicho, de un buen o mal polvo nacemos y en mi caso y estoy convencido de ello y sin querer victimizarme, yo salí de uno de los peores polvos que tuvieron mis padres. Porque salí a destiempo, ellos no contaban conmigo y yo en parte, les jodí su vida. Durante un tiempo ya muy lejano, yo sufrí el síndrome del malnacido y sentía hasta la médula, el rechazo de ambos. Claro que no contaban con que yo les fuera a salir atravesado y en ese ambiente tan de rechazo, llegué a sentirme como pez dentro del agua. "Instinto de superviviencia", creo que le llaman, pero yo para el caso tengo un nombre mucho mejor, "instinto de querer comerse la vida".



















Te he querido, tu bien lo sabes.(Elsa López)

 

Te he querido y te quiero
a pesar de ese hilo de luto que me hilvana
al filo de la tarde.
Y tengo miedo.
De la lluvia, del pájaro de nubes,
del silencio que llevo conmigo a todas partes.
Tengo miedo a la noche,
a quedarme encerrada entre alambres del sueño,
a la palabra olvido
y a tus brazos en forma de barrotes dorados.
Miedo a recorrer la casa y saberla vacía,
o a quererte, de nuevo, mucho mejor que antes.
No me abandones en esta larga ausencia.
Recuerda lo que he sido para ti otros inviernos:
el tiempo de querernos indefinidamente,
el mar,
los barcos que llegaban sin muertos a la orilla,
el ruido de las olas al fondo de la casa.
Y el viento,
recuerda el viento, amor, doblando las esquinas.























DE VEZ EN CUANDO LA VIDA (Joan Manuel Serrat)


De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.
De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.





















LA PASIÓN (Cristina Peri Rossi)


Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
Y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.


















El espino ( Louise Glück)


Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?.

















JULIA UCEDA


 

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ


 

MANÍAS Y GAFAS

Yo tengo una manía por encima pero muy por encima de las demás manías y esa es que nadie puede tocarme las gafas. Y el que me haga la puta b...