Nadie como yo, para decir las mayores tonterías del mundo. Siempre pensé que yo era muy tonto, demasiado tonto y también, demasiado payaso. Claro que esto que digo, también demuestra que no se me caen los anillos al suelo y si tengo que decir que hago muchas tonterías, lo digo.
No soy un tío fácil. Pues soy complicado y terco y a veces muy duro conmigo y por supuesto, con todo lo que me rodea.
Me gusta perderme entre la niebla de las mañanas y me encanta la lluvia con todas sus posibles melodías.
Odio el calor húmedo y soporífero del verano inhumano. Me parece una tortura china.
Me quiero. Me gusta quererme y sentirme y no me doy por el culo, porque simplemente, no llego. Pero si no, sería el primer ser humano hermafrodita.
Mis peores miedos van de serpientes venenosas y por su posible veneno y por su su tacto lascivo, sibiloso y grimoso.
Mis sueños son de otros mundos. Sueño con días de otoño en medio de un bosque y al calor de una chimenea que nunca jamás se apagará.
Mis quimeras siempre me sobrepasan. De primeras, siento su aliento en mi nuca y de segundas, se convierten en estrellas fugaces que siempre van por delante de mis sueños.
Me encantan las tardes. Antes me encantaban más las noches. Pero ahora, adoro las tardes y de cada vez más las dulces y melodiosas mañanas.
Me gusta sentir el suave tacto de las palabras. La poesía me entusiasma. Y por eso y entre otras cosas, yo sigo al pie del cañón. Han pasado 12 años y sigo escribiendo.

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