Yo no soy experto en nada. Yo he vivido y el vivir me ha dado experiencia para rellenar mi curiculum vitae y poco más. ¿Cuantas veces me he oído decir, que esto nunca más lo haré? y al día siguiente, hacer lo que precisamente nunca más volvería hacer. Yo no soy un tipo especialmente bueno ni malo, soy a veces, bueno y otras veces, soy el más malo de la tribu y si hay que pedir perdón a alguien, yo se lo pido y no por eso se me van a caer los anillos ni los principios al suelo. Mis principios son claros pero son flexibles y se adaptan al medio (o eso pretendo). Mis finales, ya no. Mis finales dependen de como empezó todo, de como se desarrolló la película y de los avatares que fueron surgiendo por el camino. No me considero ningún cobarde, pero tampoco soy el salvador de la humanidad y al final combino cobardía con decencia y todo bien aderezado con una pizca de valentía y de todo esto y un poquito más de no sé qué...sale el Bruno que soy ahora.
Y digo, que soy ahora, porque he sido muchos Brunos y todos muy distintos y diferentes. Antes de ser Bruno era Javier y aún hay quién me sigue llamando Javier y yo le contesto igualmente pues al fin y al cabo, me importa una mierda llamarme Javier o Bruno y ¿porqué no,?, Bruno y Javier y dependiendo del momento y de las circunstancias que me rodean, puedo llamarme de una forma o de la otra. Hay a alguna gente que le parece mal que yo juegue con dos nombres, no sé, le molesta y porque no les parece que la cosa sea normal. Se sienten los guardianes de lo normal y su deber es mantener esa puta normalidad dentro de los parámetros que previamente tienen establecidos como algo normal dentro de su estrecha mente. El otro día explicaba a una compañera de trabajo, el porqué de mis dos nombres y porque un día me sentía Javier y los 30 restantes del mes, me sentía Bruno y claro siempre llega un momento en que tienes que decir me llamarán como yo quiero que me llamen. Ni más ni menos. Y si no quieres llamarme por uno de mis nombres, llámame por el apellido, que es Lamoso y con ese apellido no quedan muchos.
Y si aún así y todo, te sigue molestando el tema, pues no me llames por ningún nombre ni apellido y no sé, llámame soltando un mugido o aúlla a la luz de la luna o yo que sé...ignórame y pasa de mí. Porque vamos a ver, si a tí te molesta que yo tenga dos nombres, es porque tu mente es demasiado estrecha y tu alma es una puta patraña que has tratado de venderme como buena y cuando en realidad rezuma maldad por sus cuatro costados. Que tú no entiendas determinadas cosas, no significa que la razón esté de tu parte. Desde luego conmigo vas de lado.

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