Está demostrado que el mundo da vueltas sobre su eje y alrededor del sol, pero creo que yo estoy dando más vueltas que el mundo, que voy más rápido en velocidad y tiempo. Porque soy capaz de ver las cosas en el pasado, presente y futuro y ayer se confunde con el hoy y con el mañana. Podía ejercer de adivino, de druída que todolosabe, de brujo, de hechicero, de Buda, de obispo, de cura, de satánico con o sin rabo y hasta de gitano que lee las manos. Y podía poner un chiringuito con un cartel muy grande que pusiera: soy adivino y soy chamán y me llamo BRUNO.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que pensaba que tenía la capacidad de poder leer los ojos de los demás e interpretar sus gestos y ademanes. Hubo un tiempo en que por una sonrisa podía adivinar las intenciones verdaderas de esa persona o eso me creía o por un beso o por la forma de comer o beber y de expresarse. Sí, observar la forma expresiva de las personas me encantaba y me encanta, pero a día de hoy, tampoco saco las conclusiones categóricas que antes sacaba. Hoy voy más comedido y mido más mis posibles interpretaciones.
Hoy, sigo observando igual que antes y además, disfruto con ello, pero viendo lo lejos que me llevaron mis anteriores conclusiones, intento poner más las cosas en su sitio. Hubo cosas en que acertaba, pero hubo otras, en que metí la pata hasta el fondo y éstas últimas, me trajeron un buen montón de problemas. Bueno, a los problemas estoy acostumbrado, nací rodeado de problemas y sólo me dediqué en ésta vida, a seguir su estela, pero tampoco es cuestión de añadir problemas porque sí, porque me guíe por mi primera intuición, porque no me guste un pestalleo o que alguien frunja las cejas o que hable forzando los gestos. He aprendido, que hay que saber esperar, que el tiempo te lo va a decir todo de esa persona y que a veces, al principio alguien te cae fatal y si rascas un poco en su piel, resulta que tienes delante a una gran persona.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que pensaba que tenía la capacidad de poder leer los ojos de los demás e interpretar sus gestos y ademanes. Hubo un tiempo en que por una sonrisa podía adivinar las intenciones verdaderas de esa persona o eso me creía o por un beso o por la forma de comer o beber y de expresarse. Sí, observar la forma expresiva de las personas me encantaba y me encanta, pero a día de hoy, tampoco saco las conclusiones categóricas que antes sacaba. Hoy voy más comedido y mido más mis posibles interpretaciones.
Hoy, sigo observando igual que antes y además, disfruto con ello, pero viendo lo lejos que me llevaron mis anteriores conclusiones, intento poner más las cosas en su sitio. Hubo cosas en que acertaba, pero hubo otras, en que metí la pata hasta el fondo y éstas últimas, me trajeron un buen montón de problemas. Bueno, a los problemas estoy acostumbrado, nací rodeado de problemas y sólo me dediqué en ésta vida, a seguir su estela, pero tampoco es cuestión de añadir problemas porque sí, porque me guíe por mi primera intuición, porque no me guste un pestalleo o que alguien frunja las cejas o que hable forzando los gestos. He aprendido, que hay que saber esperar, que el tiempo te lo va a decir todo de esa persona y que a veces, al principio alguien te cae fatal y si rascas un poco en su piel, resulta que tienes delante a una gran persona.
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