Y bueno, aquí sigo. He visto durante un pequeño rato un trozo de un partido de fútbol y ahora he vuelto a mi puesto de trabajo. Ahora curro de escritor, aunque lo tengo que decir con la boca pequeña y porque como ya dije algunas veces, ser un escritor supone haber publicado un libro de tinta, papel y con una portada en condiciones. Un maravilloso dibujo o una preciosa foto, me podían servir para la portada y con un título impresionante con letras hechas por mi mano. Pero vayamos poco a poco y a pequeños pasos y porque salvo que me muera en uno de estos días, no tengo demasiada prisa por publicar un libro. Por tanto sigo siendo un escritor en ciernes y que sigue practicando como puede escribir mejor. Aunque reconozco que la paciencia no es de mis mejores cualidades y es que soy más bien impaciente y a veces me puede el ansia y por pensar que el tiempo se me escapa como arena entre los dedos. En realidad en esto de la paciencia, soy un viejo loco que está obsesionado con que no se puede perder el tiempo y ahora es porque siento que nos va quedando menos tiempo, pero aclaro, que antes me pasaba lo mismo que ahora y ahí no entraba el argumento de que iba quedando menos tiempo. Por tanto concluyo, que al nacer ya no estaba dotado de paciencia. Y desde luego de paciencia infinita nunca estuve dotado. La poca paciencia que tengo ahora es limitada en el espacio tiempo y tengo un límite demasiado fino entre la paciencia y la impaciencia. Y yo recuerdo que de niño, los juegos que implicaban jugar con tener mucha paciencia, en mis manos estaban condenados al fracaso más estrepitoso. Y es una pena todo esto que digo y me hubiera encantado saber cuando se debe hacer una pausa y un ciclo de respiraciones y con exquisita paciencia, volver a empezar de nuevo. Y cuantas cosas hubiera ganado en las manos de la santa paciencia. Y creo que ahora ya es tarde y porque ahora se suma el factor de que me va quedando menos tiempo y por eso ahora tengo más prisa que antes y la velocidad que más me gusta es la velocidad del vértigo que es similar a la velocidad del sonido pero con vértigo añadido.
Y eso que no soy un devoto del vértigo y porque las pocas veces que lo he sufrido en mis carnes, no lo tengo anotado como una sensación placentera. Más bien todo lo contrario y porque después de haber notado y sentido la mano del vértigo, siempre me quedó un sabor bastante desagradable. Un mal y desagradable sabor de boca y un ligero mareo a modo de resaca. Tampoco fuí de esos valientes que se ponían al borde de cualquier precipicio que se les ponía por delante y para demostrar su puta hombría de hombre macho alfa. Y esos valientes se escarallaban de risa con los más cobardes, como yo. Y esa gran hazaña que era para ellos, sería contada como unas mil veces a lo largo de la semana y en cada una de las veces, le iban añadiendo un nuevo matiz y mira como le cambio el color de la cara y del blando pálido pasó al amarilloso verdoso y ja, ja, já. No hay cosa mejor como ser los putos amos de la película y porque en sus manos tenían el poder de cambiar el guión a su conveniencia. Y que ellos se consideraran unos héroes aún tenía un pase, pero que se hicieran los héroes pero además hundiendo y humillando a los más débiles, eso no tiene ningún pase y debería ser condenado. Siempre hubo abusadores, pero que siempre los hubiera eso no significa que apoyes que los siga habiendo. Yo los condeno y antes y ahora y siempre.










