Pero ese primer pensamiento es un mecanismo de defensa transmitido de generación en generación. No conoces a esa persona y por tanto desconfías y desconfías por ese instinto. Porque la desconfianza la llevamos marcada en los genes y en el ADN. Y desconfía y acertarás, desconfía y nadie te sorprenderá y mil dichos más que hay sobre el tema del desconfiar. Yo no quiero hacer apología de la desconfianza, pero quiero dejar claro cual es el punto de partida y ese es, que en esencia somos profundamente desconfiados.
Después y con la educación y el crecimiento de nuestras cuatro neuronas, vamos adquiriendo otros conocimientos y otros hábitos, que nos dan más seguridad para andar por la vida y por tanto vas bajando el dintel de la desconfianza y ya no vas tanto de perro rabioso, pero tampoco vas de ovejita tontita y bobalicona, pues en primera instancia sigues siendo desconfiado, solo pasa que ahora estás más domado y en fin, te concedes un tiempo extra para tomar una decisión. Y entonces dejas pasar ese tiempo y te dices, éste tío es un gilipollas de mierda, pero dejaremos pasar ese tiempo de tregua y para comprobar que realmente el tío, es un gilipollas de mierda. No siempre es así, pues a veces metes la pata, pero son pocas veces las que metes la pata si las comparas con las acertadas. El instinto primitivo pocas veces falla y yo soy un tío que vivo dentro de mis instintos y por tanto soy un perro instintivo pero nunca seré un perro obediente que se dedica a lamer culos y como decía antes, tampoco soy un perro rabioso.

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