Y desde que lucho no me escondo. Ahora lucho y lucho mucho. Ahora me enfrento y doy la cara. Ahora ya no tengo esa necesidad tan primaria, la de ir al cuello del enemigo. Ahora estoy más sopesado o ponderado. Ahora ya no voy perdonando vidas, ahora selecciono más a quién disparo. Podía decirse que rozo el equilibrio, pero eso no es cierto, cojeo y cojeo mucho y creo que cojearé siempre. Pero ahí está mi punto fuerte, cojeo pero no me caigo.Hubo tiempos anteriores donde estuve más tiempo en el suelo que de pie. Como se dice, tiempos oscuros y siniestros y donde ejercía de baboso. Siempre babeante, siempre distante. Siempre arrastrado, siempre desconfiado. Tiempos difíciles y de sin salir del pozo, pues la sola claridad del primer rayo de sol me hacían envolverme en mis sábanas. Tiempos de temor y miedo y tiempos de bruma continua. Oscurantismo negro, pues todo se teñía de luto. Los pensamientos, los sentimientos, las ideas y hasta los deseos, todos se cubrían de óxido herrumboso.
Hace casi dos años de repente hubo una explosión en mis neuronas y todo se llenó de luz, de luz viva. Y todo se tiñó de colorido y los sentimientos, pensamientos e ideas se dieron la vuelta y se pusieron hacer el pino. Fue un viaje alucinante, los acontecimientos iban por delante y no tenía manos, ni oídos, ni ojos para acaparar tanto. Fue una explosión de los sentidos y un salto cualitativo en mi vida. ¿Exagero?, puede, pero si alguien me viera subido en aquél caballo alucinaría conmigo, yo al galope y con el caballo desbocado. Claro que esa explosión era como dice la misma palabra, explosiva y todo estallaba al mismo ritmo que se abrían mis neuronas. Pero como explosión careció de control y por tanto trajo sus consecuencias consigo. Fui cortando cabezas a diestro y siniestro y sin mesura y sin medida.¡Joder! y he tardado casi dos años en compensarme. Ahora también siego piernas y corto cabezas, pero selecciono mejor mis objetivos y sobre todo he aprendido a callarme y a saber esperar. Ahora simplemente espero agazapado para buscar el momento idóneo y después saltar encima del enemigo. Hago un kit-kat o cuento hasta diez y antes de abrir la boca. Esto lo digo ahora y ya veremos lo que digo dentro de un año, seguramente diré que hace un año no estaba del todo compensado y me faltaba esto y lo otro. Pero así es la vida, una persecución sobre ti mismo o sobre la sombra que vas dejando y no creo que esté a nuestro alcance, porque si lo estuviera y a partir de ese momento, todo y todo carecería de sentido. Ya se sabe que sin lucha no hay vida o no hay nada, sin lucha solo se abraza a la muerte.
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