OJOS AÑEJOS (Poema)


Ni una lágrima,
ni media gota,
 ¡nada!,
aire, aire, aire,
¡que corra el aire!,
y que se derrame como un cáliz,
o sangre, prefiero sangre,
sangre y aire,
y una gota de sangre que se esparce.

Lágrima de aire comprimido,
eres la rosa de los vientos,
y aunque la brisa acaricie mi cara,
de estos ojos ya no brota nada,
son dos pozos secos,
o dos estalactitas ya marchitas,
y si y ya sé,
que aún tienen el verde de la hierba,
o el verde de los pinos,
pero es verde por fuera
y amarillo por dentro,
o amarillo color ceniza,
y es que ya no queda nada,
nada maleable y que se adapte,
lo que queda es de estructura rígida,
y es fría, dura y fría,
y es simplemente el reflejo que da la vida.

Endurece,
todo endurece,
endurece el paso de los años,
igual que se endurecen los reflejos,
y la mirada se vuelve fija,
estática y fija,
penetrante e intensa,
mirada que taladra sin maquinaria,
pero que ve más que ninguna,
ve desde dentro del espejo,
en ese mismo
 en que te miras en el día a día,
y ve el yo descarnado,
y el yo sin complementos,
o sea ve
 al único yo verdadero.

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