UN MAL EJEMPLO (Karmelo C. Iribarren)






Nunca quise llegar a ningún sitio
ni tampoco me interesó
especialmente el paisaje.

Un pequeño bar de barrio
con una mesa
desde la que ver el mundo apagarse
y encenderse
—bajo la lluvia—
las farolas en las aceras,
me ha bastado para ser casi feliz.

Exiliado en mi interior,
nunca en venta
ni besando la mano de nadie,
arrastro mi minúscula épica
—por unas calles
que ni siquiera son ya mis calles—
y me voy alejando.

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