Y entonces y a lo mejor
salta la liebre
y la suerte se vendría conmigo
digo yo, que se vendría conmigo.
Aunque lo dudo mucho
la suerte nunca fue mi mejor aliada
y yo la única suerte que conozco
es la que me ha concedido el sudor de mi frente
y la sal de mis lágrimas
y a base de trabajo duro
y de mucha cabezonería.
Siempre fuí muy terco
mi idea era mi idea
y por supuesto, era la reina de mis ideas
y ella era todo mi equipaje
y en cada momento en que dudaba,
era mi razón de ser.
Sin mi idea
era carne de cañón
era débil, desganado
de andares inseguros
de mirada huraña y vencida
encogido de hombros
curvado hacia el suelo
sin fuego en los ojos
sin fuerza en las manos
y siempre a la espera
de que alguien me quisiera.
Por eso siempre volví a mi primera idea
esa idea que me hizo ser valiente
que me devolvió el don de gentes
que me hizo sentir que yo era alguien
que me devolvió el orgullo y las ganas de querer
que me hizo ser persona
y persona amable y solidaria
y que me dotó de dignidad humana
y esa misma idea, sigue en mí
es igual de grande y de alucinante
y aunque mi cuerpo no es el mismo de antes
ella forma parte de mi propio cuerpo.