Pedro Ojeda Escudero


 

NO SOY PROFETA EN MI TIERRA

 

Desde luego que no soy profeta en mi tierra

porque si lo fuera

menudos coñazos tendría que soportar,

me reconocerían nada más pisar la calle

me pedirían que firmase su libro de autor

y el autor sería yo 

el mismo que ahora os está firmando

y que vergüenza ma da sólo pensarlo

otros me pedirían un consejo

sobre algo que le ha pasado 

y yo por dentro pensando

pues suicidarse es una opción y una alternativa

y por fuera diciendo

pues coge la opción que más te convenga

que es como decir nada es igual a cero

y cero al cuadrado vuelve a ser cero

¿y yo que sé? y ¿de que coño me hablas?

¿y porqué me cuentas tu vida?

si ya tengo suficiente con la mía

y más gente pidiéndome mi firma

sobre objetos personales, 

sobre libros escritos por mí

y sobre la pesadilla que estoy teniendo ahora mismo.










LA VIDA ES COMO EL VIENTO


La vida es como el viento

si sopla fuerte y viene agitado

te despeina y te zarandea en cortas sacudidas

y si lo hace de manera constante

y permanenciendo agitado durante un largo tiempo

entonces, te desquicia 

y poco a poco irá horadando tu raciocinio

y al final, la locura entrará en tí

y por donde menos te lo esperabas.

Si el viento es calmo y pausado

tú seguirás sus pasos con suma cautela

y te sosegarás poquito a poco

con tranquilidad, con calma, con sosiego

y entrarás en el mundo de la calma

y donde la pausa que te da la calma

tendrá más valor que en ningún sitio.

La calma te dirán, es nuestra filosofía de vida.

También hay vientos que mueven temores y

 miedos

y que los traen de cualquier sitio

y donde aún domine el imperio del miedo

pasan por las celdas, por las camas de hospitales,

por los comedores de los muertos de hambre

por las calles donde ayer corrió la sangre

por las palabras que fueron calladas y a fuerza de balas

recorren todo el miedo que se condensa en sudor y lágrimas

siguen por toda esa frustración

de todo eso que sabemos hacer

pero que no nos dejan hacerlo y porque está prohibido...

Y todos sabemos que el viento del Norte

nos trae nieve y frío

y que el del Sur, nos arrastra lluvia húmeda

y que allá arriba el uno se pelea con el otro

pero hace millones de años que llegaron a un acuerdo

y ésta semana me toca a mí

y a la siguiente semana, 

te tocará a tí.

Pero también tienen su parte de niños

y por eso y de vez cuando 

se vuelven a pelear entre ellos

y entonces se produce

una auténtica pelea de gallos.

Y hasta que llega un señor mayor, como yo

y los manda ir a sus respectivos sitios.














LOS MOCOS DE LA FURIA. LILIANA BODOC

"La furia, como moneda que es, tiene dos caras: puede ser látigo sobre la avaricia de los mercaderes, pueden ser patadas contra las costillas del caído.
La furia, como máscara que es, tiene dos muecas; la del oprobio y la de Dios. Habrá que decir que nada se opone tanto y para siempre como las dos caras de una misma cosa, tal vez porque la diferencia es lo único que les da identidad. Soy cruz porque no soy cara. Soy Dios porque no golpeo a un niño.
Aunque de lejos sus ademanes se parezcan, hay diferencias constitutivas entre la una y la otra. A mí me gusta pensar en los motivos.
Los motivos de la furia que llamaré, provisoriamente, divina deben ser entendidos como metáforas. Furia que no tiene un destinatario específico, que no intenta someter a un individuo sino impugnar un mundo. Furia, en cierto modo, como una acción performática y estética que procura desbaratar la conciencia hegemónica, la idiotez hegemónica.
Y bien, aquella furia de mis 9 años quiso ser divina.
Y fue tan decisiva que aun perdura, y soy capaz de revivirla como si no hubiesen pasado 50 años desde la noche en que el flamante director de la cementera, llegó a cenar a mi casa.
Fue un acto de gentileza por parte de mi padre, jefe del laboratorio, que por entonces lidiaba con su reciente viudez y sus viejas deudas, severamente agravadas.
Mi abuela salió al rescate. La vi lavar acelga, picar bien finita la cebolla, la vi acumular una pila de panqueques, y cocinar la salsa con su estofado durante un tiempo considerable. La vi poner en agua jabonosa las flores de plástico para que lucieran como recién cortadas de un jardín imaginario. Y por último, la vi hacer malabares para llegar al postre.
¿Se acuerdan? Esa crema de vainilla, leche, azúcar, huevos, con canela a veces, o con cascarita de limón. Después de una cena silenciosa y tensa, llegó el postre y con él mi primer y peor día de furia.
El ingeniero director encendió un cigarrillo, asunto que en ese tiempo era plenamente admisible.
Tal vez por mi estatura, quien sabe. La cosa es que yo advertí el desprecio incipiente en el modo en que apartó de si la compotera de vidrio azul, generosa de crema de vainilla. Entonces apoyé la barbilla en la mesa, y me quedé observando, vigilando, segura de que se avecinaba un mal momento. Y, en efecto, llegó.
Fue exactamente cuando el ingeniero director, en un gesto ostentoso, apagó el final de su cigarrillo en la crema de vainilla que no había tocado, justo en el centro.
Mi abuela, agachó la cabeza. Mi mundo humillado. Así como recordaron la crema recordarán esas lágrimas que antes de resbalar, queman. Esa fue mi primera acción. Y de inmediato se desató una performance desquiciada.
Me paré y di un grito que debió ser incomprensible para los presentes. Grité, chillé. El grito tomaba aire y continuaba. Empecé a golpear el piso con los pies, y a manotear el aire. Me recuerdo como un animal, coceando y alzando el cogote. Indomable aun para mi padre que intentaba sostenerme.
"Hace poco que se murió la mamá", dijo mi abuela a modo de justificación. Del invitado no sé decir nada porque no lo veía.
Estuve sola en las cuatro esquinas de la asfixia, atragantada de palabras desconocidas, sacudida por el hipo, modelo de Edvard Munch, hija de Aguirre. Así, hasta que la chorreadura de mocos me detuvo en seco.
Mi abuela se disculpó por mi y me llevó al dormitorio. 50 años después no quiero realizar el movimiento de culpar a mi orfandad de aquella primera furia, no quiero quitarle a ese hombre ni un gramo de responsabilidad. Al revés, reivindico esa furia como un bautismo. Me aferro a ese látigo, sigo escribiendo con la barbilla sobre la mesa, y escucho el crujido de la brasa contra la ofrenda."

HACE 10 AÑOS...


 Hace unos 10 años aproximadamente hablando, alguien y no sé quién coño me dijo (y eso me da una rabia que te cagas): "que le gustaban y mucho mis poemas (por supuesto, no todos) pero que le parecían demasiado largos y que para leer todo aquello, había que tener demasiada paciencia". Y yo me la quedé mirando (aunque ya digo, que no sé quién es) y me conteste a mi mismo y para mis adentros y me dije, si tú supieras lo que me cuesta cortar un poema y porque mí y por mis ganas, haría poemas más largos que un día sin pan. Haría poemas de 20 páginas y porque sólo pararía cuando mis dedos se rebelaran y me dijeran que no, que ya no pueden más, que están completamente agotados y que están sufriendo calambres, rampas y que están más tiesos que una mojama. Claro que un poema así, no vende y es más ni se compra ni se vende o por lo menos, no triunfará mientras sea yo el pringado que lo escribe. Si fuera alguien con renombre y un famoso autor de poemas o un afamado escritor que ahora mismo le dió por escribir poemas, seguro que pasaría todo lo contrario y porque sería tachado como un gran poeta y con el valor añadido, de ser un poeta muy original y porque esa gran originalidad suele ser atada a la mano de un famoso. La fama crea más fama o sino se la inventan y ahí entra la originalidad. Y cuando no la encuentran y porque ese poeta está en pozo seco y porque en éste mundo todo se agota, pues la buscan entre esos que escriben, como yo y la copian con todo su descaro y simplemente le añaden su firma. 

Claro que no sólo es por eso, pero eso que ahora estoy diciendo yo, ya depende de la calidad con la que uno escribe, de su semántica rica o pobre, de las palabras que usa y del momento en que las usa, de los verbos, de los adverbios y de como todo esto lo mezcla y como de ahí nace un bello poema. Pero es curioso eso que estoy diciendo y porque en realidad a mí me importa una mierda la corta o larga extensión de un poema, pero desde que me dijeron eso, me hago dos o tres pausas cuando lo estoy escribiendo. Y entodas esa pequeñas pausas calculo la extensión del poema y como si lo midiera y a la vez voy calculando la extensión de lo que me falta por escribir. Y os juro que no hago esas pausas queriendo, pero debe ser el subconsciente el que me manda y ordena que haga esas pausas. Y puede que cuando estoy en el acto del escribir y sólo digo que puede, que esté pidiendo a gritos cualquier aportación y que por esa rendija se cuele ese subconsciente. Y que parece que no manda nada y ¡joder si manda!. Si hasta hay veces en que pienso que manda más que mi lado consciente y que en teoría éste debe ser el último que manda las órdenes.

Y ¿porqué me dice eso el subconsciente?. Pues no tengo ni puta idea. A lo mejor es porque  tiene una idea más comercial en éste asunto o tiene una táctica y una estrategia muy diferente a la mía y en ella está incluído el estar calladito el máximo tiempo posible y cuando intuye una fisura que se está produciendo en mi espacio vital o en mi coraza de andar por la vida, se cuela con todo su armamento ligero y pesado y me hace tomar decisiones que nunca jamás, tomaría. Esto que estoy diciendo, debe ser parecido al amor. El amor también pasa de cálculos y cuando el amor te engancha, sólo quiere ir al grano de la cuestión ¿Y cuando quedamos? y ¿cuando nos vemos? y ¿ésta tarde podemos quedar?. Las prisas suelen malas compañeras de viaje, pero en cuestiones amorosas no son tan malas y hasta pueden ser las mejores. Y porque en el amor las cosas funcionan de otra manera y las reglas que usamos para otros asuntos más terrenales no son ni de lejos las mismas que usamos para el amor.












MI VITALIDAD

 

Mi vitalidad no se mide en amperios

ni en grados farenhgeit

mi vitalidad no tiene posible medida

o por lo menos no la tiene en éste mundo

y aclaremos un poco todo esto

y lo digo porque por tema de edad, ha bajado

pero por otro lado, ha subido de escalón y  de categoría

y porque no todo es el plano físico

y hay que tener en cuenta y mucho

el poder de tus pensamientos

saber su intensidad

calcular su potencia

y definir su estrategia

y saber hasta donde pueden llegar tus sentimentos

y en estos dos aspectos me siento pletórico

y enormemente rico y casi millonario.

Yo hasta ahora era uno

y ahora lo sigo siendo

pero me he añadido tantas cosas nuevas,

buenas y a la vez, mejores

que ahora ya no sé muy bien quién soy.

A veces la parte añadida supera a la otra

y por eso muy pocas personas me reconocen

y porque al no ser el mismo que antes

y cuando de verdad se enteran que soy yo

en el plano físico

me miran con toda la desconfianza de el que no sabe de que

 vas

y al mismo tiempo que me preguntan

Y si eres tú ¿qué te pasó?

y yo les contesto con la mejor de mis sonrisas

y porque no tengo palabras para describir lo que me pasó

y puede ser que fuera aquél día 

y en donde me bañé por última vez

en aquella maravillosa playa del Sur

y en donde había unas olas que eran para cagarte allí mismo

y vino una que ahora me parece inmensa

y me estampó la cabeza contra la arena

y desde esa tarde

vivo en éste estado confusional en el que ahora me encuentro

y hay días 

en que me invaden ideas delirantes

y hay otros, 

en que me hago largos viajes siderales por el Universo

y ambos tipos de días, son alucinantes.












Rosa Rodríguez, ganadora de 2,7 millones de euros en 'Pasapalabra'.


 «No me da rabia compartir el bote con Hacienda, me parece justo. Soy una creyente de que las personas que más ingresos tienen deberían contribuir más para poder vivir en la sociedad tal y como la conocemos. Gracias al sistema de impuestos, tenemos un gran sistema de servicios públicos.

Así que no me da ninguna rabia. Al contrario, considero que he podido llegar hasta aquí gracias a mis esfuerzos, pero también a las circunstancias que se han dado en mi vida. Y parte de esas circunstancias han sido el producto de la formación que he tenido gracias a la escuela pública, a becas públicas, a la sanidad pública. Si puedo contribuir un poquito a que el resto siga disfrutando de esto, yo encantada»

UN MÍNIMO RESUMEN VITAL (Para mí, demasiado resumido)


Naces y donde te haya tocado nacer

y si vienes con una barra de pan bajo el brazo

bienvenido seas a éste mundo tan desigual y tan imperfecto

y al que has caído con buen pie

y si has venido sin pan y sin nada para llevarse a la boca

se cagarán en tí nada más nacer

y ésta sólo será la primera vez

y porque se irán cagando en tí

en innumerables veces.

Después creces

y en teoría irás absorviendo conocimientos

y al mismo tiempo

te nacerán las primeras dudas

que te confundirán un huevo

y esa especie de nube confusa

ya te acompañará para el resto de tus días.

Y aquí te paras y piensas

que dudar está muy mal

 y porque a esa edad

sólo quieres certezas y tener las mejores sensaciones.

A esa edad somos pequeños nazis.

Más tarde

uno se va definiendo en lo que quiere hacer

y en mi caso me definí por la medicina

aunque como dije otras veces

pude ser biólogo

pero en la moneda que lancé al aire

salió medicina

y por esa simple razón me hice médico

y nada de esas patrañas que dicen

que uno se hace médico por vocación 

y ¿qué es la vocación?

y viene a ser como si al nacer

ya sabías que ibas a ser médico.

Hay dos casos en que se usa la vocación

y como argumento de porque estudiaste esto y no lo otro

y hablamos de los curas

y hablamos de los médicos

y yo desde luego de cura no tengo nada

y he dejado de ser médico

desde que me jubilé

y ahora vivo del cuento

y de todo lo que fuí pagando mientras trabajaba.

 Pero volvamos a recoger el hilo que tenía entre mis dedos y

entonces, prosigamos...

Más tarde acabé medicina

y en teoría entré en mi etapa de adulto

y ya todo lo que ocurrió después se podía resumir en cuatro

frases y media

curré y curré como un loco y como un descosido

me casé, tuve tres hermosos hijos

me reconcilié con la vida

pero no con mi mujer

y en consecuencia, vino el divorcio.

Ahora seguimos divorciados

mis hijos se hicieron mayores

y yo sigo penando con mi propio castigo

y es que me han condenado

a un largo arresto domiciliario

y ahora vivo entre éstas cuatro paredes

y con mi estufa de leña 

y con mi máquina de aire acondicionado

y con todo lo que voy escribiendo

y de vez en cuando,

cago, meo, como, ceno frugalmente,

me hago una paja de cuando en vez

y todo el tiempo en que puedo y además si me dejan

sigo escribiendo y como si la vida me fuera en ello.














ESCALERAS QUE LLEGUEN AL CIELO

Cambio mis viejas historias por tus hermosos cuentos o mis viejos cuentos por tus pequeñas historias, no importa el orden, ni la suma... ni ...