Mi querido desastre
siempre te tengo y te he tenido presente
sé que ahí estás,
que estás escondido,
como sé que desapareces durante un tiempo,
pero yo te conozco mi querido desastre,
siempre vuelves a mí
y a veces lo haces por la puerta grande
y lo que empezaba a ser un desorden medio controlado
se convierte en el puto caos del mayor puto desorden.
Mi querido desastre
tú a veces hueles a naftalina,
te escondes en los viejos cajones de mi casa,
allí entre sábanas olvidadas y envejecidas,
en aquél cajón que casi nunca se abrió
o mismo lo haces
apareciendo un día
en cualquier esquina de la mesilla...
En realidad, haces nido
y crías polluelos de naftalina...
lo tuyo es el olor a humedades profundas
mezclado con el rancio sabor de la naftalina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario