Mea culpa, mea culpa
y me culpabilizo por algo que yo no quería que acabara así de
mal.
De hecho han pasado sobre diez años
y no sé nada más de ella
ni he sabido, ni sabré
ni creo que me vaya a saludar cuando nos veamos por el
infierno.
Yo asumo la parte de culpa que me corresponde
aunque a veces llego a dudar
si realmente yo he tenido esa parte de culpa
si ella ha tenido otra parte
o si no hay culpa por parte de ninguno
y simplemente ocurrió lo que tenía que ocurrir
y lo que yo sé
es que el final no lo escribimos ni el uno ni el otro
pero al autor le gustó que tuviera un final fatal.
Aunque también es verdad
que a veces el final se puede intuír
y porque no decirlo claramente
ese final se venía venir
se notaba como se cargaba de electricidad el medio ambiente
los pocos encuentros que teníamos
de cada vez eran más tristes y penosos
se sentía como el dolor iba ganando la batalla al amor
y pronto nos fuímos quedando sin alternativas
o era volver cada uno a su anterior vida
o era lanzarse al vacío contigo.
Y cuando te encuentras entre la espada y la pared
a veces decides lo que nunca se tendría que decidir
tan incómodo y tan presionado
pero la vida y sus circunstancias te exigen que tomes esa
decisión
y en tu caso, tú sabrás porque la tomaste
y en el mío sé que decidí
no lanzarme al vacío con nadie.
Escogí la opción de seguir sólo
y sentarme a leer en donde me apeteciera
y a escribir en el rincón que más me gustara
y no tener que dar una explicación de si prefería esto o lo otro.
Yo me quiero libre
y necesito sentirme libre en cada acto que hago
en cada palabra que escribo
y en cada verso que pienso.

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