Se me mezcla el deseo de tenerte,
con la música que suena al fondo de nuestra vida
y bajo los efluvios de la luna
me emborracho con la suma delicadeza de tus labios.
Se mezclan pensamientos y deseos,
y todo al final, se enturbia
y se altera como un monstruo de dos cabezas
y me acaba subiendo tanto la temperatura,
que me salen ampollas, vesiculas y fístulas,
y por fin,
me quedo suspendido entre mis telarañas,
y doy vueltas y me enredo más con ellas,
y cuando estoy a punto de gritar, socorro,
acude en mi ayuda,
el despertador de la mesilla.

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