CON LA FELICIDAD ENVENENADA

 



Con la felicidad envenenada 
que guardo dentro de mis entrañas, 
hago esculturas de papel
después, 
las quemo sin piedad, 
sin remisión 
y sin pedir perdón,
y para que no quede ningún vestigio
y para que el viento esparza las cenizas de aquél amor.

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NADIE APRENDE A VOLAR (José María Zonta).

Nadie aprende a volar hasta que inventa un cielo.