Hace unos 10 años aproximadamente hablando, alguien y no sé quién coño me dijo (y eso me da una rabia que te cagas): "que le gustaban y mucho mis poemas (por supuesto, no todos) pero que le parecían demasiado largos y que para leer todo aquello, había que tener demasiada paciencia". Y yo me la quedé mirando (aunque ya digo, que no sé quién es) y me conteste a mi mismo y para mis adentros y me dije, si tú supieras lo que me cuesta cortar un poema y porque mí y por mis ganas, haría poemas más largos que un día sin pan. Haría poemas de 20 páginas y porque sólo pararía cuando mis dedos se rebelaran y me dijeran que no, que ya no pueden más, que están completamente agotados y que están sufriendo calambres, rampas y que están más tiesos que una mojama. Claro que un poema así, no vende y es más ni se compra ni se vende o por lo menos, no triunfará mientras sea yo el pringado que lo escribe. Si fuera alguien con renombre y un famoso autor de poemas o un afamado escritor que ahora mismo le dió por escribir poemas, seguro que pasaría todo lo contrario y porque sería tachado como un gran poeta y con el valor añadido, de ser un poeta muy original y porque esa gran originalidad suele ser atada a la mano de un famoso. La fama crea más fama o sino se la inventan y ahí entra la originalidad. Y cuando no la encuentran y porque ese poeta está en pozo seco y porque en éste mundo todo se agota, pues la buscan entre esos que escriben, como yo y la copian con todo su descaro y simplemente le añaden su firma.
Claro que no sólo es por eso, pero eso que ahora estoy diciendo yo, ya depende de la calidad con la que uno escribe, de su semántica rica o pobre, de las palabras que usa y del momento en que las usa, de los verbos, de los adverbios y de como todo esto lo mezcla y como de ahí nace un bello poema. Pero es curioso eso que estoy diciendo y porque en realidad a mí me importa una mierda la corta o larga extensión de un poema, pero desde que me dijeron eso, me hago dos o tres pausas cuando lo estoy escribiendo. Y entodas esa pequeñas pausas calculo la extensión del poema y como si lo midiera y a la vez voy calculando la extensión de lo que me falta por escribir. Y os juro que no hago esas pausas queriendo, pero debe ser el subconsciente el que me manda y ordena que haga esas pausas. Y puede que cuando estoy en el acto del escribir y sólo digo que puede, que esté pidiendo a gritos cualquier aportación y que por esa rendija se cuele ese subconsciente. Y que parece que no manda nada y ¡joder si manda!. Si hasta hay veces en que pienso que manda más que mi lado consciente y que en teoría éste debe ser el último que manda las órdenes.
Y ¿porqué me dice eso el subconsciente?. Pues no tengo ni puta idea. A lo mejor es porque tiene una idea más comercial en éste asunto o tiene una táctica y una estrategia muy diferente a la mía y en ella está incluído el estar calladito el máximo tiempo posible y cuando intuye una fisura que se está produciendo en mi espacio vital o en mi coraza de andar por la vida, se cuela con todo su armamento ligero y pesado y me hace tomar decisiones que nunca jamás, tomaría. Esto que estoy diciendo, debe ser parecido al amor. El amor también pasa de cálculos y cuando el amor te engancha, sólo quiere ir al grano de la cuestión ¿Y cuando quedamos? y ¿cuando nos vemos? y ¿ésta tarde podemos quedar?. Las prisas suelen malas compañeras de viaje, pero en cuestiones amorosas no son tan malas y hasta pueden ser las mejores. Y porque en el amor las cosas funcionan de otra manera y las reglas que usamos para otros asuntos más terrenales no son ni de lejos las mismas que usamos para el amor.

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