Y si yo muriera de amor, ¿qué me pasaría?. Que mis malvas serían distintas, que mis malvas se convertirían en preciosas y olorosas rosas y que la tierra que quedaría encima de mi, sería un bonito jardín exótico y en donde anidarían las golondrinas y las asquerosas Gaviotas y para que se fueran comiendo los gusanos que a su vez nacieran de mi propio cuerpo. Y si me diera un Ictus de amor y me quedara medio paralizado de amor y una pierna para un sitio y la otra pierna, para el otro y bueno, necesitaría una profunda rehabilitación, pero yo creo que una más que profunda rehabilitación emocional y porque dicen, que el amor es muy bueno y tiene muchas vitaminas, pero que su mono es de los peores que hay.
Primero había que enamorarse y eso no se consigue cada día, eso se consigue de vez en cuando y si suena la flauta y si los astros se alinean de uno en uno y en fila india. Porque vamos a ver una cosa, ¿qué sentido tendría el amor si fuera el pan nuestro de cada día?, pues sería como desayunar o comer todos los días o como hacer una merendilla con nocilla. Y es que todos sabemos que el hábito hace al monje y si todos los días te inundas de amor y hasta las trancas, el amor se desvirtúa y se convierte en una necesidad simplista y perentoria y tal y como hacemos, cuando vamos a cagar o a mear. Desde luego joderíamos la mística del amor o por lo menos su aureola mágica quedaría bastante tocada.
Hay que creer en lo místico o en lo mágico y porque eso es lo que realmente nos mantiene en pie y con los sentidos agudizados. Pero también hay que decir, que sino se cree tampoco pasa nada, seguirás viviendo en plan corcho, anodino, insaboro e insípido, pero eso sí, seguirás vivito y coleando. Y nuestro disco duro carece por si mismo de ese espacio, de ese espacio que hay que dejar para el amor y si quieres currarte ese espacio, tendrás que ir tirando muebles e ideas y porque vendrá un nuevo orden desordenado, vendrán las fijaciones por las mayores estupideces, vendrán los grandes sentimientos y llenos de verborrea grandilocuente, vendrán los temporales neuronales y vendrán las inmensas descargas emocionales y en forma de truenos y rayos dentro de tu cabeza. Y morir de amor, es una opción, es una opción más y si piensas que sobre ti o sobre tu cuerpo puede nacer todo un lindo jardín exótico, la idea de morir de amor no se hace tan difícil y además, porque de algo hay que morir.

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