EL SÁNDALO Y EL PACHULÍ

Hoy perfumo la sala de estar con esas barritas tipo sándalo, pero de sándalo propiamente dicho no, que ese olor no lo soporto, es demasiado concentrado y con un exceso de perfume endulzado, pringoso y denso, vamos que me marea y punto. Es como el pachulí, menudo perfume más empalagoso y supongo que los que lo inventaron, allí en la India, lo usaron en sus tiempo para ocultar el olor corporal, pues es el único sentido que le encuentro a esa fortaleza olorífica.

Bueno ya me ido por los cerros de Úbeda y voy a recoger el sedal. Pues iba que la barrita mía es de olor a hierba luisa, que tampoco huele mucha a esa hierba, pero desde luego es más suave que el pachulí verdadero. Yo la hierba luisa la llevo grabada en mi pituitaria y cuando siento su olor me traslado a mi infancia, pues eran mis tías paternas las que todas las tardes se preparaban una infusión con ella. Los olores son la hositia, un olor te lleva a la infancia y te encanta y en cambio otro que no te gusta, te produce rechazo.

Estaba pensando en el pachulí, que por suerte ahora ya no se usa tanto. Que ese olor y ya puede llevarlo la Angelina Jolie u otra tía que esté así de buena, que yo con ese olor no puedo y me produce rechazo de la persona que lo lleva. De aquellas épocas en que se usaba mucho, alguna vez me había pasado, que me sentí atraído por una tía y ella por mí y todo iba viento en popa y a toda vela, pero al acercarnos y al llegar a mis fosas nasales ese olor a castigo divino, se jodía todo el invento y yo ya sólo escapaba de la tía. Es superior a mis fuerzas, es como si me agredieran el cerebro o como si me torturaban las neuronas.

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