DIOS APRIETA PERO NO AHOGA

Como vais comprobando. yo soy más perro ladrador que otra cosa. Me encanta usar un lenguaje procaz tirando a guarro, me gusta llamar a las cosa de otra forma, ponerles el sello de puta o coño o de mierda. Y no es un desprecio, es una forma más de describir las cosas, vamos, que es mi propio lenguaje, el de cada día y buena parte de la noche, pues yo sólo me callo cuando estoy durmiendo y a veces, cuando estoy follando. Ya sé coló la palabreja mágica, ya estamos de nuevo con los folleteos estelares.

Es un ejemplo más de que soy un perro ladrador, pues si follara mucho no estaría tan monotemático. Hablaría más de la primavera, de las flores, de los equinoccios, de los días de verano, del déjame sitio en la cama que la ocupas toda, del lindo cigarrillo después de un precioso polvete y la marca de cigarrillos que va mejor en ese momento. Pero dios quiso castigarme, dios me dio atributos masculinos, pero me dijo, tío como te pases follando, se acabará ese chollo y pasarás el resto de tú vida deseándolo.

Pues nada, que aquí estoy, deseándolo. Porque en mis tiempos follé como un descosido, follé a destajo, follé todo lo que pude y lo que me dejaron. Es verdad que también pasé una época de sequía voluntaria y supongo que sería para al final que dios, no me castigara. Pero Dios no perdona, el apunta y después, te pasa las cuentas y una vez etiquetado, no hay derecho a devoluciones. De todas formas, tengo la esperanza en esa frase que dice: que dios aprieta pero no ahoga y ahí, en esa fisura, es donde tengo depositadas todas mis esperanzas, en que antes de despedirme de la vida, me pueda echar otro polvete o varios o muchos (por pedir que no quede).

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