CON LOS CABLES CRUZADOS

Tengo que reconocer, que hay días en que me levanto con ganas de polémica y zarandeo todos mis argumentos buscando batalla o buscando pequeñas escaramuzas y hasta que no encuentro algo, no descanso. Digamos que son días especiales y en que mi vena agresiva late con más fuerza. Hay días, como el de hoy, en que iría partiendo caras y rostros por las calles de éste pueblo, pues yo envidio los descansos después de las batallas y tal como disfruto la calma después de la tempestad. Adoro esa suelta de adrenalina, el poner las ideas afiladas, el dispararlas sin miedo y sin temores y claro, dejar al enemigo hecho papilla. Hay días que no conozco lo que es la misericordia humana, ni los perdones y que significado tiene el "lo siento". Porque en esos días no soporto las verdades a medias, ni las falsas apariencias y creo que sólo respecto el olor de los muertos en el campo de batalla.

Y no sé si es malo o si es bueno, pero es lo que yo siento. Como también se dice, me levanto con los cables cruzados y es muy difícil peinar los cables cruzados. Y además me resulta muy fácil el estimularme, sólo tengo que ver y escuchar a unos cuantos gilipollas y ya estoy sobrado de dosis. No son días de ternura y de cuanto te quiero, son lo contrario, son de ahora gruño y después, muerdo y si puedo te arranco la Yugular. Y ya sé que no debía ser así, así de agresivo, pero yo nací agresivo y crecí en medio agresivo y hostil.

Yo crecí entre hostias y entre buenas y agresivas faltas de respecto, por tanto, yo sólo hice todo lo posible por adaptarme al medio y para no salir lleno de hostias. Claro que habrá quién dirá, pero tío ¿la educación te curaría?, pues no señor, la educación sólo me dió una mano de pintura y porque en mi mundo y fuera de las aulas, todo se defendía a base de hostias y cuantas más hostias dieras, pues eras un mejor tío. De adulto si aprendí algo, aprendía diferenciar las hostias físicas de las dialécticas y enseguida me matriculé en la escuela de las hostias dialécticas. Y por eso ahora mismo, estoy ejerciendo mis enseñanzas y además, ¿que sería de vosotros sino hubiera descerebrados como yo?, que seguro que os aburririáis un huevo. Pues eso, que hoy corran ríos de sangre y que las vísceras se cuelguen de las farolas.

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