LA TARDE



La tarde está pasando 

 y que pena me da.


Me da tanta pena que pase la tarde

que cuando llega la hora tonta del anochecer

me entran ganas de llorar y sin consuelo.


Que pasen otras cosas

pero no las tardes.


Las tardes debían ser sagradas

y no digo, adoradas,

porque nada se debe adorar,

en tal caso 

se debe y se puede apreciar

o querer o amar o admirar

o disfrutar.


 De disfrutar tiene mucho la tarde

tiene sus dos horas de siesta

y cuando el calor se hace insoportable,

la tarde te ofrece dos opciones:

dormir o escribir.

Y yo normalmente escojo escribir

y casi no sé salir de ahí

(soy un poco o un mucho monotemático).


Tiene otras dos horas 

donde el sol se entibia y se endulza

y empieza a jugar con los reflejos y las sombras.


Y tiene dos horas finales

donde las sombras empiezan su reinado

y la mecha del sol poco a poco se apaga

y da paso a la luna con su nueva luz de cada noche.


Y entonces y oh milagro

la tarde da paso a la noche.

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