No somos estatuas de sal,
tenemos sangre y carne
y músculos, tendones y uñas...
somos más cartílago que hueso duro de roer,
y más de estómago que de ganas de querer.
Hay una hora en que la casa se llena de caballos que nadie ha llamado. Sus crines recorren los pasillos como agua peinada por una madre muer...
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