LOS VIGILANTES


 Y como decía aquella frase

que en mis viejos tiempos tanto se decía...

¡que dios nos coja confesados!

y de aquellas era todo un enano malévolo

y al decir de algunos, 

también un poco maleducado. 

Pero esos algunos

eran como vigilantes del orden y de las buenas costumbres

y eran épocas en que proliferaban como setas

y había vigilantes de éste tipo

por todos lados. 

Y a lo mejor era tu tío

o tu primo

o un amigo de tus padres

o el cura de la parroquia

y todos ellos te observan con devoción cristiana

y de arriba abajo y desde los pies hasta la cabeza

eran minuciosos y bastante asquerosos

y es que a veces no sabías muy bien

si estaban haciéndote un traje a la medida

y se habían quedado parados mirando tu lindo culito

y un posterior carraspeo o un ataque de tos improsivado

les hacía salir de su encantamiento

y entonces te miraban furia furibunda 

y con demasiadas ganas y sed de venganza

y claro y dado su papel de vigilantes

el tema les resultaba muy fácil

y que uñas más largas tienes

decía ese ser lascivo y repugnante

y tú pensabas

son para arañarte mejor

pedazo de cabrón

pero enseguida se oía la voz de mi madre

vete a cortarte las uñas ahora mismo

y cuando se fuera el vigilante

te estaba esperando una buena bronca

y bien aderezada con un castigo.












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