
Hoy nos bendice el sol después del temporal. Sol limpio y nítido y es tan limpio y tan brillante que en cambio de tener rayos solares debe tener diminutos microcristales y que por eso duele tanto en la piel. En ésta vida hay claridades espasmódicas y ésta es una de ellas. ¡Joder! a otros se le aparece la virgen y no pasa nada con ellos, es más, encumbran a estos cuatro colgados a la categoría de seres hipersensibles en el terreno milagroso y a lo mejor los mendas estaban celebrando un puto aquelarre y simplemente fueron pillados con las manos en la masa. Y lógicamente antes de morir en la hoguera del pecado y por el puto pecado del aquelarre, lógicamente han preferido salir como putos héroes a los que se le apareció la virgen. Pues a mi la virgen nunca se me apareció, en cambio he visto el rayo verde en una puesta de sol.
Ahora bien, tengo que decir que ese día me dicen que ese rayo es rojo o es negro y seguro que también lo veía. El ciego era espectacular. Eran tiempos de hacerle la competencia a los verdaderos ciegos. Que por cierto ahora que lo pienso, quedan muy pocos. Ni siquiera los "ciegos" que venden el cupón de la once son verdaderos ciegos. Normalmente son como mi ex vecino de enfrente que también vende cupones, es decir son diabéticos incurables o hipertensos a punto de petar o depresivos crónicos que o venden cupones o sino se van a suicidar. Y claro es más productivo para la sociedad y para cualquiera, ponerlos a vender cupones.
Quién me iba a decir que acabaría por echar de menos a mi vecino de enfrente. Ese que se zampaba en un suspiro unos pedazos (pero pedazos) de bocatas todos grasientos y pringosos y con su inmensa barriga desbordante asomándole por la ventana (le encantaba sacarla a tomar el aire). La vida es así, la vida te da sorpresas y no siempre son agradables.
Había otro vendedor de ciegos en el pueblo, que también tenía su aquél de punto y su aquél de historia. Éste era goloso diabético y estaba gordo como un zollo (era inmenso de anchura y estatura) y en cuanto podía y le dejaban, tenía un pastel en su puta boca golosa. No sé, yo llegué a pensar que le quitaron del medio y porque se zampaba tantos pasteles que llegó a darle un coma diabético. Pero éstas son suposiciones de pueblo, que no suelen tener mucha base científica.
Hay un tercer vendedor, que lleva unos cuantos años haciendo la calle y que debe vender muy bien, pues lleva el control del puesto de venta de cupones de la mejor esquina del pueblo. Que sólo es una. Pues a éste no sé lo que le pasa en concreto, pero lleva una especie de peluca toda griñosa y a la mejor está contratado en la once por seborrea alopécica con escamas y perlas de grasa.
Y hubo un cuarto elemento que lo pillaron con las manos en la masa, no sé muy bien lo que hizo pero sé que hizo trampas con la pasta y hacer trampas en un pueblo donde somos cuatro gatos y un perro sarnoso, pues es fácil de suponer y saber lo que pudo pasar...Y éste tampoco era ciego de los de verdad, el tío estaba más gordo que el segundo zampabollos que antes había mencionado y ni siquiera se podía sentar en un taburete de la barra del bar. Es de suponer que padecía de diabetes golosa, de hipertensión por las nubes y de sus más de 250 kilos de grasa ganada a pulso y con el sudor de frente. No sé muy bien como acabó la cosa, pues de repente no lo volví a ver más...Supongo que todo acabaría en pies en polvorosa.
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