LAS MUERTES SUCESIVAS
Cuando murió mi hermana, lloré mucho
y me consolé deprisa. Tenía un vestido nuevo
y unos matorrales en el patio donde yo iba a existir.
Cuando murió mi madre, me consolé más despacio.
Tenía una inquietud recién encontrada:
mis senos formaban dos montículos
y yo me sentí muy desnuda.
Cruzando los brazos sobre ellos, es como lloraba.
Cuando murió mi padre, nunca más pude consolarme.
Busqué fotos antiguas, busqué conocidos,
parientes, para que me recordasen cómo hablaba,
su forma de apretar los labios y estar seguro.
Imité su cuerpo encogido
en su último sueño y repetí las palabras
que dijo cuando toqué sus pies:
‘Deja, está bien así’.
¿Quién me consolará de este recuerdo?
Mis senos se cumplieron
y los matorrales donde existo
son pura zarza ardiente de memoria.
Adélia Prado
LAS MUERTES SUCESIVAS (Adélia Prado)
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