Lo real no es lo mío, no es mi fuerte ni es mi debilidad preferida. Yo prefiero lo mágico, lo irreal, lo bello y aunque realmente y para la mayoría no sea bello, prefiero lo que suena a cuento y al final un cuento. La realidad me suena a panfleto soviético donde la lucha de clases está por encima del todo y lo proletario será lo que en teoría nos debe dirigir y viva Lenin pero a la vez hay que decir... ¡que viva Stalin¡. Y lo de Lenin aún tiene un pase, pero lo de Stalin por ahí no paso. Y repito y por ahí no paso, como no paso por esa izquierda que se camufla de izquierda y que dice que habla en nombre del pueblo y que en realidad habla en nombre de su propio ombligo. Primero y valga como premisa, seamos honrados y sinceros, que si el corazón nos palpita es por algo, es porque así lo sientes y no necesitas disfrazarlo de amor bucólico que final y así está comprobado, dura lo que dura un sentimiento intenso. Lo real me da por culo y con el amor eterno me pasa lo mismo, Suena bonito amar a alguien para siempre, pero si uno se cansa hasta de uno mismo ¿como no sé va a cansar de otra persona?. Aunque a veces había que preguntarse si uno no se cansa antes de sí mismo y ser tan banal y presible. Pero como yo no tengo respuestas para todo y porque como mi vida (como la de todos) ha tenido límites y fronteras, pues no es mi función principal que explicar nuestro mundo y el porqué de su funcionamiento. Ahora bien, la curiosidad que poseo me sirve de motor para tirar hacia delante. Yo no me siento incapacitado para hablar de cualquier tema, porque a pesar que en un tema en concreto casi no tenga puta idea, eso no me limita para dar mi opinión, aunque siempre intente explicar y antes de expresarme, que no tengo casi ni idea de ese tema en concreto.
La sinceridad vale millones y la sinceridad es más bien un producto que indica estudio previo y paciencia y respeto hacia los demás. Vamos, que si fueras un pringado canta mañanas que va así por la vida, caerías en lo contrario y todo para disimular que en realidad eres un bulto de carne con ojos. Se parte de que para ser sincero tienes que ser previamente humilde y buena persona y ese valor y ese valer no se mide en dinero, ni en oro de 100 quilates y en cambio se mide en respeto hacia los demás. Hay respeto cuando se escucha y se sabe escuchar, y éste último punto es muy importante y porque hay algunos (que en realidad son muchos) que te engañan y parecen que escuchan a los demás y la verdadera realidad es que sólo se escuchan así mismos y por eso sólo oyen como rebotan sus palabras por las paredes de su propio ombligo. Hay quién tiene su ombligo en el mismo centro de su cerebro, pero al final se les caza igualmente y porque tarde o más temprano empiezan con el discurso del "yo". Yo hice esto, yo sé lo otro, yo soy el ser más sincero que hay en el mundo...y mejor persona y el tío más humilde que hay en el mundo y hasta hay algunos que se atreven a decir, en el firmamento. Al final caen en su propia trampa y porque no hace falta rascar mucho en su piel de cocodrilo y porque al final siempre se cuelan en su propio agujero negro. Yo crearía otro mundo pàra personajes como estos, pero ya véis lo que está pasando, que el Trump se considera el amo del mundo y el Elo Musk el bufón de la corte. Pero en todos sitios crecen habas y está el presidente húngaro, el austríaco, la Meloni, el Milei y el Bukele entre otros que forman todo un gran equipo de fachas redomados. Aunque es de lógica reconocer, si eres claro y sincero, que hay también otros que van de izquierdas y huelen demasiado a podrido.

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