PLAYA DE CASTRO DE BAROÑA


 Ésta preciosa y puede que también brava playa y porque el mar solía batir muy fuerte (como se ve en la foto), se llama playa de Baroña y durante mis épocas de acampada libre estuvo en segundo lugar entre mis sitios preferidos para hacer mis acampadas. La primera era la Playa de Barra situada en una esquina de mi querida ría de Vigo y la segunda era ésta y situada en la ría de Muros Noia y que estaba más cerca de la ciudad donde estudiaba, que era Santiago de Compostela. Por detrás tenía un precioso y gran pinar y que era el sitio más apropiado
Castro de Baroña
 para realizar nuestras acampadas. Y a unos cien metros de ésta playa, había un Castro celta "el Castro de Baroña" que estaba muy bien conservado y que por una pequeña península se adentraba en el mar. Se llegaba al Castro a través de una estrecha lengua de arena y que en la pleamar el mar te llegaba hasta la cintura y en la bajamar podías ir andando sobre la arena mojada. Era una de las visitas obligadas y cada día paseaba hasta él y por él y por eso conocía ese Castro como la palma de mi mano. También había otro recorrido casi obligatorio y cuando llegaba la noche, nos íbamos andando a una pequeña aldea cercana, estaba como a unos 4 km. y allí y en único bar de la aldea, si teníamos algo de pasta, picábamos de la tapa más barata y muy regada por un vino de la zona. Y si andábamos casi a dos velas (que era lo más frecuente), pues la tapa más barata se eliminaba del menú y nos lanzabámos a tomar vinos. Desde luego un rico pedo estaba asegurado. Unas dos horas después, volvíamos medio colocados al lugar de acampada. Y al llegar y por supuesto, encendíamos una hoguera con la leña que antes habíamos recogido por la tarde. Y allí disfrutábamos del calor del fuego, de las conversaciones sólo interrumpidas por las risas y por el paso de alguna estrella fugaz. La mañana y gran parte de la tarde, estaban dedicadas a tomar el sol, a bañarse y a dar el consabido paseo hasta el Castro de Baroña. Y como me pasó con la playa de Barra y hasta que fue invadida por una inmensa manada de gentuza sin escrúpulos que dejaba la basura colgada de las ramas de los pinos y hasta que convirtieron aquél hermoso pinar en un vertedero y estercolero, a ésta playa del Castro de Baroña no le pasó exactamente lo mismo, pero empezó a salir en prensa y a raíz de unos pequeños enfrentamientos de cuatro paisanos que vivían por allí cerca contra los que disfrutábamos en pelotas de aquella hermosa playa, éramos nudistas y eso no lo aceptaban todos. Y a raíz de esto, se fue haciendo más famosa y de cada vez acudía más gente y ya no se respiraba la misma paz que antes.



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