Yo no soy de guardar


Yo no soy de guardar. Bueno sí, guardo hasta que me desencanto y entonces dejo de guardar y tiro todos los objetos pasados de espacio y tiempo, aunque es de persona reconocer, que me quedo con algunos. Pocos, me quedo con muy pocos, pero ahora mismo estoy viendo a mi alrededor y no veo ningún objeto que tenga más de 20 años. La estufa de leña, puede y puede porque la compré de segunda mano y vaya usted a saber que años tiene. Mis plantas, mis preciosas plantas por ahí andan y tengo un hermoso helecho que más o menos los estará cumpliendo (en este caso, puede que sean 15 años). Todo lo demás, menos yo, claro, son menores de edad, aunque hay libros que son más viejos que el helecho. La vida te depara y te regala cosas y más cosas y a veces te regala tantas cosas, que no te queda otro remedio que reciclar. O te renuevas o mueres, que diría el otro. Aunque en el fondo nos debe dar exactamente igual, porque vas a morir, te renueves o no. De morir nadie nos salva, pero vivir mejor sí que está al alcance de nuestras manos y en ese vivir mejor y en mi caso en particular, se encuentra el apartado del reciclar.

Además, a mí me pasa que las pocas cosas que guardo, los voy metiendo en el baúl del olvido y a lo mejor un día en que por lo que sea, estoy removiendo cosas, me encuentro algunos objetos que ya se me había olvidado que los tenía. Y siempre es una sorpresa nueva y simpre me llevo una alegría de mil pares de cojones. Perdonádme por mi habla, pero es que de toda la vida he sido muy mal hablado. Y dentro del coche y conduciendo, para que contaros. Ahí, me convierto en un salvaje carente de principios y me pongo chulesco, faltón, inapropiado, deleznable, asqueroso, agresivo y mejor no tener un arma a mano, porque me cepillaría a unos cuantos que por la carretera me voy encontrando. Yo subo al coche y me transformo en un bulto de carne con ojos y con una boca que habla fatal.

En realidad yo me pongo carioco en el coche conduciendo y cuando veo y observo un abuso de cualquier tipo y ya sea policial o social o de pareja. Digamos que yo veo un abuso y tengo un resorte que salta por mí y cuando me doy cuenta estoy encaramado en la chepa del otro y mordiéndole en la yugular. No puedo y me superan y mucho, estas situaciones tan extremas. Que me falten en la cara o por la espalda también me altera un huevo. No soporto al chulo, al macarra, al perdonavidas, al machito todo bravío, al plasta que sabe que te está dando la brasa, al egocéntrico pobrecito de mí, al paria que se vende al primero que le pague, al servil con rodilleras y al pájaro pinto que alegre canta por las mañanas...(como decía aquella vieja canción que cantaba mi madre y aquello sí que era una verdadera tortura).





















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