APRENDER A SOBREVIVIR

 Si yo fuera un verdadero ser humano, ahora mismo estaría diciendo: ¡yo me rindo, no puedo más!. Pero como tengo esa parte de alienígena tirando a zumbado, esta parte me hace ver el mundo desde otra perspectiva o dimensión, me contengo en mis ganas humanas de rendición. Que no significa que me reprima, porque yo de reprimirme entiendo muy poco, a mí me pasa al revés, primero suelto y después ya veremos los daños que he ocasionado. Le llaman daños colaterales y que indican que si quieres conseguir algo, tienes o puedes producir un cierto daño.

Claro, que lo difícil es determinar el grado de daño y si merece la pena causar ese daño para el fin que quieres conseguir. Y esto es muy difícil de dilucidar, pues no siempre tienes claro cual es el fin en sí mismo, a veces pasa que el fin se te aparece de repente por el camino pero después de haber actuado y por tanto, el daño colateral ya lo has realizado previamente. Si hubiera un método infalible, seguro que todos seríamos perfectos, pero somos seres humanos que aprendemos de nuestros errores, pero es verdad que muchas veces la repetición de los mismos errores no es motivo suficiente para no volver a meter la pata y lo peor de todo, de la misma forma.

Algo vamos aprendiendo, algo y sobre todo aprendemos a no hacer lo que no nos hace daño. Pero tampoco pensemos que somos unos águilas y que nos hacemos inmunes al daño, porque si uno repasa su vida se dará cuenta que a lo largo de su vida hay más de 100 veces que se han repetido las mismas  cosas y se han cometido los mismos o parecidos errores. Yo creo que aprendemos a sobrevivir y en lo más elemental de la palabra: que aprendemos a no meter los dedos en un enchufe, que te puedes caer y matarte si andas por los bordes de un precipicio, que no te tiras de un avión sin paracaídas y con paracaídas, tampoco. Que el fuego te quema, que la lluvia nos enternece, que la vida es bella si tú quieres que así sea...y pese a quién le pese.



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Julia Uceda