Al final va a tener la razón aquella tipa...

 

Al final va a tener la razón aquella tipa, que se daba el título de psicóloga y que a la primera de cambio y nada más verme, me dijo: tu verdadero problema está situado en tu infancia y a partir de ahí, eres como eres y eres un ser patológico y eres un enfermo mental que nunca fuíste catalogado como tal y ahora, se te cayó todo tu tinglado y por eso ahora, eres más carne de cañón que otra cosa. La tipa psicóloga a mí me caía muy bien y había una cierta empatía entre nosotros dos. Pero me sorprendió y mucho, que nada más verme que ella apuntara directamente a mi infancia y como si fuera el mal de todos mis males y como si fuera la masa madre de todos mis problemas mentales. Después ya más tarde entendí el porqué de su insistencia con mi infancia y porque había una corriente de terapeutas y psicólogos que achacaban que todos tus problemas mentales eran debidos a que habías pasado por una mierda de infancia. Yo, de todas formas me defendí con uñas y dientes y le dije, que yo en mi infancia había sido un niño muy feliz, pero lo dije con la boca pequeña y como tuviera que hacer una defensa numantina de mi a veces sufridora, infancia. Después, me hizo escribir y escribir sobre mi puta infancia y ella cada vez que leía mis diatribas sobre mi infancia, iba moviendo su cabeza y como si estuviera asintiendo con un sí a cada frase que yo había escrito con todo mi cariño y paciencia. Al final de leer todo el puto tocho que había escrito, le daba la vuelta a la última hoja y en  señal de que había terminado, hacía un ligero carraspeo y hacía una pausa respiratoria y al final de todo, alzaba la vista y apuntaba directamente a mis ojos verdes y con esa mirada fija y clavada en mis pupilas, me decía de una forma tranquila y suave, que estaba comprobando que mi verdadero problema estaba instalado en mi infancia. Y yo la miraba y la volvía a mirar tímidamente y asentía con la cabeza y como si fuera uno de esos perros que se ponen en los coches y que solo mueven su cabeza con el movimiento del coche. Pasado un tiempo ya me arremangué las mangas de mi jersey hasta los codos y me puse las pilas y al final me atreví a decirle algo. Y le dije que bastante bien había salido y dados mis antecendentes familiares, uno podía haber salido asesino en serie y en cambio estaba ahí, enfrente de mi psicóloga y sin haber matado una mosca (esto último es un decir). Ésta psicóloga fue la culpable de que yo me pusiera a escribir como un poseído y en honor a ella, escribo lo que ahora mismo estoy escribiendo.

Yo sé que mi infancia fue una mierda pero también sé que tuve etapas que fueron espléndidas y maravillosas y ese terreno lo tengo perfectamente acotado y lo bueno que he tenido o que he hecho en mi niñez, lo tengo dentro de una preciosa parcela que tiene vistas al mar y a aquella playa que presidió mi infancia. Y por otro lado, tengo otra parcela que está llena de mierda y basura y que solo tiene vistas a una montaña de más mierda. Y ahora muchas veces me digo a mi mismo, que todo esto consiste en saber como eres y como has sido y si ese aspecto lo tienes muy claro, la vida y en teoría, no te dará demasiados problemas. Tienes que saber que tienes dos manos y con una conduces y con la otra manejas el cambio de marcha. La velocidad debe ser a veces de crucero, en otras debes ponerte a la velocidad del vértigo y por fin hay algunas veces que lo más aconsejable será la prudencia y ir a la misma velocidad que una tortuga. Desde luego para ingresarme en un loquero no estoy y ya sé que lo estuve, pero también sé que he estado en una cárcel y que eso y para mí y para mis huesos, no es ningún antecedente que vaya a servir como un argumento para que me encarcelen o para que me ingresen de nuevo. Son etapas, son momentos, son instantes de mi vida que todos merecen ser recordados y para que nunca se te olvide que los puede haber peores.

De esa psicóloga no he sabido más y porque hacía su terapia en un centro médico que solamente estaba destinado para los sanitarios. Y ahí entran médicos, enfermeros y porque todos teníamos fácil acceso a los medicamentos que te quitaban el dolor del cuerpo, pero que también te servían para ponerte ciego. y en ese mundo de enganchados a ese tipo de drogas legales, pero drogas al fin y al cabo, me ingresaron dos veces y en cada ingreso pasé un puto mes entre rejas y salí limpio como una patena. Quizá las dificultades que he tenido con las drogas, también pueden que sean por culpa de mi puñetera niñez.















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