Ayer por la noche entraban por mi ventana, grandes sonidos roncadores extraordinariamente molestos, eran como profundos ronquidos como procedentes de una gran foca, pero con episodios de apneas que sobrepasaban el territorio de lo humano. Había grandes y eternas pausas sin respiraciones y eran tan largas las condenadas, que te veías obligado a animar al Cachalote a que por favor siguiera respirando. Y resulta que el Cachalote apneico era el vecino de enfrente, que había apoyado su gran panza en la repisa de su ventana y de esa guisa, se había quedado sobado. Sí sobado de pie y al borde del precipicio y supongo que después de haber engullido uno de sus asquerosos bocatas que suele comer todos los días y justo antes de emiter sus lamentos de foca marina.
Y es que tiene huevos la cosa y el día que tenga una pesadilla el tío se puede lanzar al vacío. Pero claro, cualquiera despierta a la ballena de sus sueños idílicos, si el tío parecía feliz y contento. La vida es más triste de lo que parece y cuando veo a un tío así, pienso en que a veces los humanos resultamos ser patéticos y ese pensamiento me abraza y ya no me suelta en todo el día. ¿Y si yo acabo como éste tío?, me pregunto siempre, y acabo así: jubilado, gordo y grasiento, comiendo mierda y como única meta del día, dormirme en la ventana y para emitir mis ronquidos.
Pues así de dura es la vida y además como él, hay miles por ahí sueltos, pero menos, que no revueltos. Y yo sé, que soy el raro de la película y espero seguir siéndolo y porque sino ya sé lo que me toca, roncar en la ventana de mi casa y comerme un bocadillo de beicon, mantequilla y sebo. Pero yo sé y además lo tengo superclaro, que antes de dormirme apoyado en la ventana, me tiro directamente por ella, eso sí, antes me como el bocadillo, pues en éste momento, tengo un hambre que no veas.
Y es que tiene huevos la cosa y el día que tenga una pesadilla el tío se puede lanzar al vacío. Pero claro, cualquiera despierta a la ballena de sus sueños idílicos, si el tío parecía feliz y contento. La vida es más triste de lo que parece y cuando veo a un tío así, pienso en que a veces los humanos resultamos ser patéticos y ese pensamiento me abraza y ya no me suelta en todo el día. ¿Y si yo acabo como éste tío?, me pregunto siempre, y acabo así: jubilado, gordo y grasiento, comiendo mierda y como única meta del día, dormirme en la ventana y para emitir mis ronquidos.
Pues así de dura es la vida y además como él, hay miles por ahí sueltos, pero menos, que no revueltos. Y yo sé, que soy el raro de la película y espero seguir siéndolo y porque sino ya sé lo que me toca, roncar en la ventana de mi casa y comerme un bocadillo de beicon, mantequilla y sebo. Pero yo sé y además lo tengo superclaro, que antes de dormirme apoyado en la ventana, me tiro directamente por ella, eso sí, antes me como el bocadillo, pues en éste momento, tengo un hambre que no veas.

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